¿Cómo enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones? Por: Eleba Sanz

Los adolescentes tienen todo el tiempo por delante, pero a la hora de tomar decisiones se pueden sentir apremiados. Enseñarles a decidir es ayudarlos a controlar la ansiedad y a evaluar con calma los pro y contras.

¿Cómo enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones?

Enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones es una tarea que requiere paciencia y tacto. Desde su perspectiva, la vida parece más compleja. Y aunque la experiencia de los padres esté a su completa disposición, él se sentirá tentado a desafiar los consejos de la autoridad.

Además, en su habitación puede estar dos veces encerrado; con respecto a su familia, pero también ensimismado en sus pensamientos. Ayudarlo a salir y a romper el silencio, evaluar juntos escenarios y alternativas, hacer que sienta que no está solo, es fundamental.

¿Por qué la adolescencia es una etapa tan determinante en la vida?

La adolescencia es una etapa en la que todo cambia drásticamente. Se transforman el cuerpo, las relaciones y los sentimientos. Los adolescentes replantean su personalidad y su ser social explorando el mundo más allá del medio familiar, buscando afirmación y sentido de la vida.

En esta etapa se toman decisiones trascendentales y por su idea o concepción del tiempo es probable que no se advierta su peso. Se llega a elegir el desarrollo profesional, la carrera deportiva, continuar o no con un instrumento musical o una expresión artística, como el teatro o la danza.

En estos casos, el cuerpo adolescente que crece y se desarrolla establece una relación rotunda y exigente entre la actividad musical o deportiva y el cuerpo que la ejecuta. Acompañar y estimular al adolescente en este momento es crucial para su futuro.

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Decisiones más importantes que se deben tomar en la adolescencia

Es propio de los adolescentes la impulsividad, lo que torna un poco temerario el hecho de tomar una decisión. Por eso, a la hora de enseñar a un hijo adolescente a decidir es estratégico brindarle nociones sobre manejo consciente del tiempo, de la planificación y del establecimiento de hojas de ruta.

Adolescente juega un deporte.
El deporte puede ser determinante en la adolescencia, tanto por sus beneficios físicos como por el desarrollo de habilidades.

En el desarrollo profesional

Son muchos los casos de personas que encuentran su espacio de desarrollo personal en plena madurez. No obstante, en la adolescencia y con un seguimiento apropiado, la dirección que tome el adolescente acaso resulte decisiva.

Desde niño seguro presentó inclinaciones y será en la adolescencia cuando amerite fomento, especialización, control experto, práctica y ejercicio profesional. La música, el atletismo y la gimnasia, por solo mencionar tres talentos, exigen del adolescente una dedicación especial y de los padres un apoyo categórico.

En el círculo o la elección de los amigos

Es sabido que los amigos son de una importancia capital para los adolescentes. Son espejos, vitrinas, cómplices y confidentes. Los padres no penetran la intimidad de las conversaciones que se tejen en esos círculos en los que se define la personalidad.

De ahí la importancia de generar espacios de encuentro y familiaridad para conocer y explorar con confianza y cercanía a los amigos de los hijos. Es lo que puede aportar elementos para ayudar a configurar o influir en el complejo campo de dichas relaciones, a veces tóxicas o enfermizas.

En definitiva, son estos amigos con quienes pasan mucho tiempo, los que en momentos cruciales pueden brindar información valiosa o soporte emocional.

En el noviazgo y las experiencias sexuales

Comunicación y cercanía son complementarios para acompañar la toma de decisiones de los hijos adolescentes en el campo de la experiencia sexual o el enamoramiento. Entre su círculo de amigos se encontrarán las pautas para estos encuentros y desencuentros tan comunes e influyentes en la educación sentimental.

Por otro lado, sin comunicación aumentan los riesgos de enfermedades de transmisión sexual o embarazo precoz. Es la personalidad la que se está modelando y la sociedad del espectáculo ofrece iconos y valores en los que predomina la vida fácil y desaprensiva.

En la construcción de la autoestima

Los amigos lo ayudan a tener una imagen de sí con la que se acepta si lo aceptan. Se trata de una relación dialéctica que se debe atender para que no se desvíe o tome caminos indeseables, que incluso lleguen a afectar seriamente su salud. La bulimia o la anorexia tienen un componente social en la moda y los estereotipos.

En familia se han de cuidar los hábitos alimenticios y lo que en general se consume, sea material o inmaterial. Las cosas están cargadas de los signos de la época, lo que se refleja en la ropa, los colores de las paredes, la música y otros gustos. En tal sentido, la familia es un todo y cada miembro debe sentirse parte. 

Consejos para enseñarle a un hijo adolescente a tomar decisiones

Es común que los problemas en la adolescencia se vean muchas veces más grandes de lo que son y que se perciban como definitivos. Como si no hubiera salida y el horizonte se cerrara.

Para enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones es importante que te eleves y le muestres que la vida sigue apenas un poco más allá. Ayúdalo a empinarse.

Aumentar la comunicación

Para enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones, la comunicación en el seno familiar es irreemplazable. Hay que cultivarla en todo momento y los niños deben crecer bajo su ambiente e influjo benefactor. Ello es importante para que comunicar sea un hábito familiar.

La comunicación no está llena solo de palabras, sino de silencios comprensivos. Los padres deben abonar la intuición y la confianza.

El hijo adolescente necesita a los padres como una presencia sutil y envolvente en la que pueden llegar a sostenerse de ser necesario. Necesita respirar y hacerlo a sus anchas.

Dejarlo avanzar

Aconsejarlo, pero no apremiarlo. El adolescente precisa andar y errar. De todos modos, no estén tan seguros los padres de que saben todo lo mejor o lo que más le conviene. En los tiempos actuales los adolescentes están en contacto con realidades que los mayores no sospechaban a su edad.

Resulta un poco paradójico que sea el hijo quien vaya adquiriendo poco a poco las competencias para hacer frente a este mundo acelerado. Avanzan y de alguna manera van con él abriendo nuevos senderos. Estar dispuestos a aprender es una clave que ha de ser compartida.

Falta de comunicación adolescente.
La falta de comunicación en la familia con adolescentes promueve las malas decisiones, ya que no hay espacio para debatir y discutir.

No interponer la experiencia de los mayores

Basta ver la cantidad de oficios que hoy se ofrecen en el teletrabajo para advertir que hace solo una década atrás nada de eso existía. Las universidades mismas deben replantear su papel en la sociedad y los adolescentes participan de alguna manera en ese rediseño.

De modo que la experiencia paterna es importante, pero más recomendable es ponerla en diálogo y en interacción con los datos de la realidad. Hace poco, el pasado determinaba el correr de los días. Hoy el peso se encuentra en los cambios y las corrientes tecnológicas de un futuro que se actualiza a diario.

El hijo adolescente está conectado a esas corrientes y navega a una velocidad distinta a la de los padres. Pero no importa qué tan rápido vaya si siempre que mire atrás encuentra sus manos, abrazos u hombros.

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Comprensión y cercanía para enseñarle a un hijo adolescente a tomar buenas decisiones

El hijo adolescente necesita sentir confianza y su natural impulsividad lo llevará en ciertas coyunturas a elegir. Desde la distancia y según el conocimiento que los padres hayan adquirido de las relaciones humanas, creerán que lo mejor según el caso sea esto o aquello. Probablemente los lastime no coincidir, pero con toda seguridad habrá aprendizaje mutuo.

De cualquier manera, los padres no han de perderlo de vista, sino mantenerse a su lado, atentos a su llamado, siempre amorosamente vigilantes. Si falla o yerra, estar ahí para ayudarlo a levantarse, recomponerse y seguir adelante. La vida apenas comienza.

RECUPERADO DE: https://mejorconsalud.as.com/ensenarle-hijo-adolescente-buenas-decisiones/

¿Sabes cómo funciona la comunicación perversa?. Por: MARÍA VÉLEZ

¿Has conocido a alguien que todo el tiempo intentaba ridiculizar o infravalorar lo que decías? ¿Suspiraba al escucharte hablar o te ignoraba claramente? Pues bien, estabas ante un comunicador perverso. ¡Sigue leyendo para saber más!

¿Sabes cómo funciona la comunicación perversa?

Para desestabilizar a una persona no hace falta crear un conflicto directo o ejercer la violencia física. El uso de ironías, burlas o insinuaciones forman parte de un tipo de comunicación entre iguales en la que un individuo sale perjudicado. Hablamos de la comunicación perversa y puede darse en la pareja, en las relaciones de amistad y en el ámbito laboral.

La comunicación perversa hace referencia a una tortura psicológica hacia un semejante, la cual no hace ruido, pero desestabiliza y confunde a aquel a quien va dirigida. Todo ello puede empezar con una simple falta de respeto sin que, por supuesto, se produzca ningún sentimiento de culpapor parte de quien la emite.

Para ejercer este tipo de comunicación basta con que un individuo se burle de los gustos personales de su compañero, de sus logros o expectativas, tanto en privado como en público. También es común que le prive de la oportunidad de expresarse o hacer insinuaciones sobre el otro sin llegar a esclarecerlas.

Otras veces es tan sencillo como dejar de dirigirle la palabra, a pesar de los constantes intentos de comprobación que hace la “víctima” por conocer si verdaderamente su compañero le está ignorando sin razón aparente. Estas acciones normalmente van a acompañadas de comunicación no verbal a través de miradas altaneras o suspiros desmesurados.

Una palabra a tiempo puede matar o humillar sin que uno se manche las manos

-Pierre Desproges-

La ironía y la burla: dos formas de comunicación perversa

La ironía y la burla son dos armas que manejan estos individuos y que van a determinar su círculo de relacionesA priori, esta actitud puede dar la impresión de un individuo fuerte ya que, de cara a la galería, le coloca en la posición “del que supuestamente sabe”.

La persistencia de esta actitud desemboca en la creencia colectiva de que esa persona “es así”. En el fondo lo que consigue es crear climas desagradables y atmósferas poco recomendables en todas aquellas áreas o facetas de su vida a las que extiende su actitud. Una actitud que al mismo tiempo que contribuye a que nunca pueda crear espacios de comunicación completamente sinceros e íntimos.

De ese modo, el interlocutor termina por consentir los sarcasmos, la indiferencia y los desprecios de su pareja, amigo o compañero de trabajo, como si fueran el precio que hay que pagar por mantener una relación con ese compañero atractivo, pero sumamente complicado.

Los sarcasmos y los leves desprecios se usan como pequeñas pinceladas que incomodan y molestan al otro, y que con frecuencia se dan en presencia de otras personas. Además, suelen contar con el refuerzo de un cómplice que forma parte del grupo. De esta manera, la agresión es tan insidiosa que el receptor llega a dudar si la cosa va en serio o es una broma que debería aceptar.

La comunicación perversa en la vida diaria

El círculo vicioso de estas relaciones

Estas acciones son tan cotidianas que parecen lo más normal del mundo. Empiezan con una simple falta de respeto, pero desemboca en ataques continuos que tendrán consecuencias importantes para la salud psicológica del que los sufre.

Se trata de algo tan sibilino y que forma parte de la vida diaria, que las víctimas acaban optando por asumirlo y aceptarlo: terminan encumbrando a esas personas con la clara certeza de que es mejor estar con ellos que contra ellos. Esto desemboca en una auténtica distorsión de la relación entre ambas partes.

Marie-France Irigoyen nos habla de este tipo de violencia, esa que se instala de manera muy sigilosa y muy gradual, y que la persona que la sufre no reacciona para contraatacar, sino que manifiesta la actitud que más alimenta las agresiones encubiertas del otro: una excesiva amabilidad. Creen que si consiguen agradar un poco más, en algún momento su compañero difícil se volverá cortés.

No olvidemos que si en algún momento el perjudicado decide rebelarse y sacar un poco los pies del tiesto, el comunicador perverso se encargará de frenarle, anulando toda capacidad de pensamiento crítico y haciéndole perder la noción de su identidad.

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¿Quién es la víctima?

Aquellas personas que sienten cierta inseguridad de sí mismas son susceptibles de ser captadas por aquellos que manipulan. Este tipo de personas anteponen las opiniones de los demás a las suyas, pues creen que siempre van a saber más sobre cualquier tema. No obstante, todo parece apuntar a que la persona verdaderamente insegura es aquella que recurre a la manipulación para sentirse más fuerte.

Este tipo de personas, y de relaciones, remarca la importancia de educardesde edades tempranas en el respeto hacia los demás. Debemos comprender que cada individuo es único e irrepetible y que no debe ser una figura de amenaza para sus iguales, así como que cada persona es igual de valiosa. Así que sal pisando fuerte allá donde vayas, pues tu físico, tus opiniones, tus aspiraciones y tus metas son dignos de ser apreciados.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/la-comunicacion-perversa-en-la-vida-diaria/

El castigo de la indiferencia. Por: GEMA SÁNCHEZ CUEVAS

La indiferencia es uno de los peores tratos que podemos recibir, dadas sus consecuencias devastadoras. Veamos en qué consiste y cómo afrontarla.

El castigo de la indiferencia

La indiferencia es una forma de agresión psicológica. Es convertir a alguien en invisible, es anularlo emocionalmente y vetar su necesidad de conexión social para llevarlo a un limbo de auténtico vacío y sufrimiento. Dicha práctica, como ya sabemos, abunda en exceso en muchos de nuestros contextos: la vemos en escuelas, en relaciones de pareja, familia e incluso entre grupos de amigos.

Falta de comunicación, evitación, hacer el vacío de forma expresa, frialdad de trato… Podríamos dar mil ejemplos sobre cómo se lleva a cabo la práctica de la indiferencia, y sin embargo, el efecto siempre es el mismo: dolor y sufrimiento. El dolor de ese niño que sentado en un rincón del patio, ve como es ignorado por el resto de sus compañeros. Y el sufrimiento también de esa pareja que de un día para otro, percibe cómo su ser amado deja de mostrar la correspondencia emocional de antes.

“Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. A su vez, lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.

-Elie Wiesel-

Nadie está preparado para habitar en ese vacío social donde los demás pasan a través nuestro como si fuéramos una entidad sin forma. Nuestras emociones, nuestras necesidades y la propia presencia están ahí y demandan atención, ansían afecto, respeto… ser visibles para el resto del mundo¿Cómo afrontar estas situaciones?

La indiferencia, la invisibilidad social y el dolor emocional

La definición de la indiferencia es a simple vista bastante sencilla: denota falta de interés, de preocupación e incluso falta de sentimiento. Ahora bien, más allá de las definiciones de diccionario están las implicaciones psicológicas. Están, por así decirlo, esos universos personales donde hay ciertas palabras con más relevancia que otras. El término “indiferencia”, por ejemplo, es sin duda uno de los más traumáticos.

Así, hay quien no duda en decir que lo opuesto a la vida no es la muerte sino la falta de preocupación, y ese vacío absoluto de sentimientos que dan forma cómo no, a la indiferencia. No podemos olvidar que nuestros cerebros son el resultado de una evolución, ahí donde la conexión social y la pertenencia a un grupo nos han hecho sobrevivir y avanzar como especie.

Interaccionar, comunicar, ser aceptado, valorado y apreciado nos sitúa en el mundo. Esos procesos tan básicos desde un punto de vista relacional nos hace visibles no solo para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos. Es así como conformamos nuestra autoestima, así como damos forma también a nuestra identidad. Que nos falten esos nutrientes genera serias secuelas, implicaciones que es necesario conocer.Veámoslos.

Mujer en el suelo triste por sufrir indiferencia

La indiferencia genera una fuerte tensión mental

Las personas necesitamos “leer” en los demás aquello que significamos para ellos. Necesitamos certezas y no dudas. Ansiamos refuerzos, gestos de aprecio, miradas que acogen, sonrisas que comparten complicidades y emociones positivas… Todo ello da forma a esa comunicación no verbal donde quedan incrustadas esas emociones que nos gusta percibir en los nuestros a diario. El no verlas, el percibir solo una actitud fría, provoca ansiedad, estrés y tensión mental.

Confusión

La indiferencia genera a su vez otro tipo de dinámica desgastante, a saber, se rompe un mecanismo básico en la conciencia humana: el mecanismo de acción y reacción. Cada vez que actuamos de una cierta manera, esperamos que la otra persona reaccione en consecuencia.

Si bien a veces esta reacción no es la que esperábamos, resulta muy difícil de comprender la ausencia total de ella. La comunicación se vuelve imposible y el intento por interactuar se hace forzado y desgasta. Todo ello nos confunde y nos sume en un estado de preocupación y sufrimiento.

Da origen a una autoestima baja

Al no obtener ningún tipo de respuesta, de refuerzo por parte de las otras personas, se corta cualquier retroalimentación que podamos tener. En las etapas de formación de la personalidad, esto puede repercutir gravemente en la autoimagen. Es probable que aquella persona que ha recibido indiferencia en estas etapas, llegue a creer que no vale la pena interactuar con ella, dando lugar a una fuerte inseguridad.

¿Cómo reaccionar frente a alguien que me trata con indiferencia?

Las personas, como seres sociales que somos y dotados a su vez de unas necesidades emocionales, aspiramos a establecer una relación de constante interacción con nuestros seres queridos: familia, amigos, pareja… Si en un momento dado empezamos a percibir silencios, vacíos, frialdad y despreocupación, nuestro cerebro (y en concreto nuestra amígdala) entrará en pánico. Nos avisará de una amenaza, de un miedo profundo y evidente: el de percibir que ya no somos amados, apreciados.

Lo más razonable en estas situaciones es entender qué sucede. Esa desconexión emocional siempre tiene un origen y como tal debe ser aclarado para que poder actuar en consecuencia. Si hay un problema lo afrontaremos, si hay un malentendido lo solucionaremos, si hay desamor lo asumiremos e intentaremos avanzar. Porque si hay algo que queda claro es que nadie merece vivir en la indiferencia, ninguna persona debe sentirse invisible en ningún escenario social, ya sea en su propio hogar, en su trabajo, etc.

Pareja enfadada mostrando indiferencia

Asimismo, hay un aspecto que es necesario considerar. La indiferencia largamente proyectada sobre alguien en concreto o sobre un colectivo es una forma de maltrato. Aún más, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de California se demostró que este tipo de dinámica basada en la exclusión y en la despreocupación, genera dolor y angustia. Es un sufrimiento que trasciende nuestras emociones para llegar también a nuestro cuerpo.

“Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen”.

-Oscar Wilde-

El último recurso: alejarse

Si luchar por esa relación, si invertir más tiempo y esfuerzo en esa o esas personas nos trae el mismo resultado, lo más sano será alejarnos. Si percibes que esas consecuencias perjudiciales (agotamiento, baja autoestima…) ya se están “instalando” en ti, es urgente que renuncies a tener una relación cercana con esas personas y busques proximidad con otros, para quienes sí seas importante.

Intégrate en grupos donde seas escuchado y se valore tu forma de ser. Romper con una relación de indiferencia te dará una nueva perspectiva del mundo y potenciará tu desarrollo.

El castigo de la indiferencia

La indiferencia es una forma de agresión psicológica. Es convertir a alguien en invisible, es anularlo emocionalmente y vetar su necesidad de conexión social para llevarlo a un limbo de auténtico vacío y sufrimiento. Dicha práctica, como ya sabemos, abunda en exceso en muchos de nuestros contextos: la vemos en escuelas, en relaciones de pareja, familia e incluso entre grupos de amigos.

Falta de comunicación, evitación, hacer el vacío de forma expresa, frialdad de trato… Podríamos dar mil ejemplos sobre cómo se lleva a cabo la práctica de la indiferencia, y sin embargo, el efecto siempre es el mismo: dolor y sufrimiento. El dolor de ese niño que sentado en un rincón del patio, ve como es ignorado por el resto de sus compañeros. Y el sufrimiento también de esa pareja que de un día para otro, percibe cómo su ser amado deja de mostrar la correspondencia emocional de antes.

“Lo contrario del amor no es el odio, es la indiferencia. Lo contrario de la belleza no es la fealdad, es la indiferencia. A su vez, lo contrario de la fe no es herejía, es la indiferencia. Y lo contrario de la vida no es la muerte, sino la indiferencia entre la vida y la muerte”.

-Elie Wiesel-

Nadie está preparado para habitar en ese vacío social donde los demás pasan a través nuestro como si fuéramos una entidad sin forma. Nuestras emociones, nuestras necesidades y la propia presencia están ahí y demandan atención, ansían afecto, respeto… ser visibles para el resto del mundo¿Cómo afrontar estas situaciones?

La indiferencia, la invisibilidad social y el dolor emocional

La definición de la indiferencia es a simple vista bastante sencilla: denota falta de interés, de preocupación e incluso falta de sentimiento. Ahora bien, más allá de las definiciones de diccionario están las implicaciones psicológicas. Están, por así decirlo, esos universos personales donde hay ciertas palabras con más relevancia que otras. El término “indiferencia”, por ejemplo, es sin duda uno de los más traumáticos.

Así, hay quien no duda en decir que lo opuesto a la vida no es la muerte sino la falta de preocupación, y ese vacío absoluto de sentimientos que dan forma cómo no, a la indiferencia. No podemos olvidar que nuestros cerebros son el resultado de una evolución, ahí donde la conexión social y la pertenencia a un grupo nos han hecho sobrevivir y avanzar como especie.

Interaccionar, comunicar, ser aceptado, valorado y apreciado nos sitúa en el mundo. Esos procesos tan básicos desde un punto de vista relacional nos hace visibles no solo para nuestro entorno, sino también para nosotros mismos. Es así como conformamos nuestra autoestima, así como damos forma también a nuestra identidad. Que nos falten esos nutrientes genera serias secuelas, implicaciones que es necesario conocer.Veámoslos.

Mujer en el suelo triste por sufrir indiferencia

La indiferencia genera una fuerte tensión mental

Las personas necesitamos “leer” en los demás aquello que significamos para ellos. Necesitamos certezas y no dudas. Ansiamos refuerzos, gestos de aprecio, miradas que acogen, sonrisas que comparten complicidades y emociones positivas… Todo ello da forma a esa comunicación no verbal donde quedan incrustadas esas emociones que nos gusta percibir en los nuestros a diario. El no verlas, el percibir solo una actitud fría, provoca ansiedad, estrés y tensión mental.

Confusión

La indiferencia genera a su vez otro tipo de dinámica desgastante, a saber, se rompe un mecanismo básico en la conciencia humana: el mecanismo de acción y reacción. Cada vez que actuamos de una cierta manera, esperamos que la otra persona reaccione en consecuencia.

Si bien a veces esta reacción no es la que esperábamos, resulta muy difícil de comprender la ausencia total de ella. La comunicación se vuelve imposible y el intento por interactuar se hace forzado y desgasta. Todo ello nos confunde y nos sume en un estado de preocupación y sufrimiento.

Da origen a una autoestima baja

Al no obtener ningún tipo de respuesta, de refuerzo por parte de las otras personas, se corta cualquier retroalimentación que podamos tener. En las etapas de formación de la personalidad, esto puede repercutir gravemente en la autoimagen. Es probable que aquella persona que ha recibido indiferencia en estas etapas, llegue a creer que no vale la pena interactuar con ella, dando lugar a una fuerte inseguridad.

¿Cómo reaccionar frente a alguien que me trata con indiferencia?

Las personas, como seres sociales que somos y dotados a su vez de unas necesidades emocionales, aspiramos a establecer una relación de constante interacción con nuestros seres queridos: familia, amigos, pareja… Si en un momento dado empezamos a percibir silencios, vacíos, frialdad y despreocupación, nuestro cerebro (y en concreto nuestra amígdala) entrará en pánico. Nos avisará de una amenaza, de un miedo profundo y evidente: el de percibir que ya no somos amados, apreciados.

Lo más razonable en estas situaciones es entender qué sucede. Esa desconexión emocional siempre tiene un origen y como tal debe ser aclarado para que poder actuar en consecuencia. Si hay un problema lo afrontaremos, si hay un malentendido lo solucionaremos, si hay desamor lo asumiremos e intentaremos avanzar. Porque si hay algo que queda claro es que nadie merece vivir en la indiferencia, ninguna persona debe sentirse invisible en ningún escenario social, ya sea en su propio hogar, en su trabajo, etc.

Pareja enfadada mostrando indiferencia

Asimismo, hay un aspecto que es necesario considerar. La indiferencia largamente proyectada sobre alguien en concreto o sobre un colectivo es una forma de maltrato. Aún más, en un estudio llevado a cabo en la Universidad de California se demostró que este tipo de dinámica basada en la exclusión y en la despreocupación, genera dolor y angustia. Es un sufrimiento que trasciende nuestras emociones para llegar también a nuestro cuerpo.

“Que hablen de uno es espantoso. Pero hay algo peor: que no hablen”.

-Oscar Wilde-

El último recurso: alejarse

Si luchar por esa relación, si invertir más tiempo y esfuerzo en esa o esas personas nos trae el mismo resultado, lo más sano será alejarnos. Si percibes que esas consecuencias perjudiciales (agotamiento, baja autoestima…) ya se están “instalando” en ti, es urgente que renuncies a tener una relación cercana con esas personas y busques proximidad con otros, para quienes sí seas importante.

Intégrate en grupos donde seas escuchado y se valore tu forma de ser. Romper con una relación de indiferencia te dará una nueva perspectiva del mundo y potenciará tu desarrollo.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/el-castigo-de-la-indiferencia/