5 estrategias para superar la falta de comunicación en la pareja. TOMAS SANTA CECILIA

Si la comunicación es un elemento clave en todo tipo de relaciones, en el caso de las relaciones de pareja, aún lo son más. Sin embargo, es relativamente frecuente que con el paso del tiempo y la maduración de un noviazgo o matrimonio, la falta de comunicación se vaya instalando en la convivencia.

Por eso, en las siguientes líneas exploraremos diferentes estrategias para abordar y superar los problemas de falta de comunicación en una relación de pareja, de manera que este deje de ser un elemento que desgaste el vínculo afectivo.

Los problemas por falta de comunicación más frecuentes en relaciones de pareja

Existen maneras muy diversas por las que puede consolidarse un déficit de comunicación en una relación de pareja. Además, el origen de estos patrones disfuncionales de comunicación también dan lugar a diferentes tipos de falta de comunicación.

En cualquier caso, saber reconocer cuál es el alcance de este malestar generado por una comunicación poco fluida es necesario para comprender dónde empieza y dónde acaba esa “crisis” de pareja y, a partir de ahí, pensar en soluciones.

Teniendo en cuenta eso, los tipos de problemas de pareja por falta de comunicación más habituales son los siguientes.

  • Aparición de temas tabú que ambas personas evitan
  • Adopción de una actitud pasiva basada en informar solo de lo importante desde un punto de ista instrumental (hacer las tareas del hogar, buscar el apoyo material de la otra persona…)
  • Mala gestión de las discusiones que llevan a no poder tratar serenamente ciertos temas
  • Falta de tiempo juntos
  • Problemas originados fuera de la relación que “absorben” buena parte de la energía de las personas

Consejos para gestionar y superar la falta de comunicación en relaciones de pareja

A la hora de gestionar adecuadamente esta clase de problemas en un matrimonio o noviazgo, es muy importante adaptar las posibles soluciones propuestas a las causas que han producido esa situación.

Dicho de otro modo, lamentablemente no hay recetas mágicas infalibles que vayan a funcionar el 100% de las veces, dado que lo que en un caso puede ser una solución eficaz, en otros casos puede no aportar nada o incluso ser un estorbo. Y es por eso, entre otras cosas, que para abordar este tipo de crisis que afectan a una relación amorosa, lo ideal es acudir al psicólogo para contar con atención personalizada.

Sin embargo, hay algunas pautas que sirven de guía para explorar posibles soluciones, partiendo de una imagen general de las causas más frecuentes de la falta de comunicación. Así pues, ten en cuenta estas ideas clave para afrontar y superar las dinámicas problemáticas surgidas por una falta de comunicación en tu relación de pareja, aunque antes considera si se adaptan a tu caso; no hace falta que las uses todas.

1. Re-organizad el tiempo desde el consenso

Tal y como hemos visto, buena parte de los problemas por falta de comunicación en un matrimonio o noviazgo son una consecuencia de la falta de tiempo juntos. Sin embargo, muchas veces esta falta de horas de tiempo libre en el que estar con la otra persona puede ser solucionada sin realizar grandes sacrificios, simplemente buscando “puntos de encaje” entre ambos y reformulando los horarios de cada uno.

Resulta sorprendente ver la cantidad de parejas que sufren de manera innecesaria por este tipo de problemas simplemente por no proponerse hablarlo con la otra persona, al asumir que es ella quien solo puede vivir según ese horario.

2. Aprended a realizar críticas constructivas

Una muy buena manera de hacer de las conversaciones algo más estimulante y no asociado al riesgo de pasar por situaciones frustrantes al disentir consiste en dejar de criticar a la persona y pasar a criticar sus acciones.

De ese modo, no favoreceremos que se ponga a la defensiva y a la vez tendrá una mayor predisposición a corregir su comportamiento. Y, además, esto contribuirá a dejar de hacer que las discusiones equivalgan a pasar a los gritos y a las luchas por ver quién tiene la razón, algo importante, porque estas dinámicas llevan a muchas personas a intentar no hablar en todo aquello que pueda suponer un conflicto.

3. Desarrollad una afición juntos

El hecho de empezar a participar juntos en una afición hace que generéis más recuerdos compartidos, lo cual actúa como un “enganche” para generar conversación y establecer nuevas vías de comunicación no solo acerca de temas directamente asociados a esa actividad. Lo importante es disponer de material del que poder hablar y a través del cual descubrir nuevas facetas, ideas, opiniones e intereses de la otra persona.

4. Aprovechad el tiempo junto sin distracciones

Comer viendo la tele puede estar bien e vez en cuando, pero pasar todas las horas de la semana en las que podéis estar juntos leyendo o viendo una pantalla resulta alienante y lleva a “desconectar” de la relación.

5. Estructurad vuestro ritmo de trabajo para ahorrar energías

Finalmente, no hay que olvidar que la falta de comunicación puede surgir del puro cansancio, el cual lleva a las personas a no hablar con nadie en general. La introspección es una manera de ahorrar energías.

Para evitar que esto sea un problema, es muy importante estructurar muy bien el tiempo de trabajo, dormir cada día las horas necesarias y realizar pequeños descansos para rendir bien y que el trabajo no se acumule al final de la jornada.

Para evitar que esto sea un problema, es muy importante estructurar muy bien el tiempo de trabajo, dormir cada día las horas necesarias y realizar pequeños descansos para rendir bien y que el trabajo no se acumule al final de la jornada.

RECUPERADO DE: https://psicologiaymente.com/pareja/estrategias-superar-falta-comunicacion-pareja

La importancia de los valores para el bienestar. POR: MIGUEL ANGEL RIZALDOS

El dolor y las situaciones que generan malestar forman parte de la vida. Las personas tendemos, por naturaleza, a escapar intentando anular las emociones y sentimientos negativos. Es importante darse cuenta de que la evitación del sufrimiento no es una solución válida. 

Hay que integrar esas emociones y sentimientos negativos de modo que el aprendizaje de la experiencia pueda influir de la manera más positiva posible en el futuro. De no ser así, el evitarla y anularla, no se procesaría la información y el sufrimiento permanecería latente, aunque oculto. Paralizado, sin superarse

Desde la terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés) se trabaja una forma de psicoterapia experiencial conductual y cognitiva basada en la teoría del marco relacional del lenguaje. Es una perspectiva en la que se enfatizan varios conceptos como: la evitación experiencial, la fusión cognitiva, la ausencia o debilitamiento de los valores y la rigidez conductual en su aparición y curso.

Mujer triste en la cama

Los valores en la psicoterapia

En la psicoterapia actual, se otorga gran importancia a los valores, ya que estos forman parte de los antecedentes históricos de la persona en su contexto. A su vez, se hace énfasis en la aceptación, lejos de la actitud enjuiciadora que está instalada en la queja continua para conseguir una ilusión de bienestar.  

Desde la terapia de aceptación y compromiso, el objetivo es eliminar la rigidez psicológica mediante procedimientos básicos como la aceptación, el estar presente, el compromiso de los valores propios, el descubrimiento del Yo como contexto y la difusión de los pensamientos negativos o incomodos. 

En pocas palabras, el objetivo es crear una vida significativa para la persona, haciendo que aprenda a aceptar el dolor que inevitablemente viene con ella, no arrastrarlo en el tiempo. 

Es importante que los pacientes tengan muy en cuenta que algunas cosas no están bajo su control, pues esto les permite abandonar su rigidez conductual, su actitud enjuiciadora y, en cambio, les experimentar mayor tranquilidad.

Los valores vs el malestar

Para poder ayudar al paciente hay que determinar cuáles son sus valores y si sus comportamientos van en dirección de los mismos.

Es muy probable que en su vida cotidiana sus comportamientos estén centrados en la resolución de sus problemas, abandonando lo más importante: sus valores. Esta situación da lugar a la aparición del trastorno por evitación experiencial, que tiene que ver con querer la anulación de pensamientos y sentimientos relacionados con experiencias negativas.

El objetivo terapéutico será ayudar a que la persona asuma el compromiso de sus conductas en dirección de lo que ella misma valora o quiere. Así, desde esta perspectiva, podrá enfrentar sus problemas y no solamente “acabar” con el sufrimiento que la llevó a terapia.

Tomando como base de apoyo los valores personales, se puede promover el cambio de la conducta, consiguiendo con ello el bienestar. De este modo, se origina una mayor salud psicológica a partir de un repertorio amplio y flexible de comportamientos orientados a los valores personales. 

Por otra parte, los estados cognitivos (pensamientos) y emocionales no deseados como la tristeza, la ansiedad, las preocupaciones, el miedo, etc. son considerados parte de la condición humana y, por tanto, naturales. Así se entiende que deben ser integrados a la vida, no evitarlos ni luchar contra ellos un día tras otro. Entonces:

  • Lograr un mayor bienestar mediante el compromiso de las acciones en lo que verdaderamente importa. La conducta debe estar  guiada por lo que se valora y quiere.
  • Hay que aprender a contemplar el malestar como algo natural que forma parte de la vida, transitando por los momentos de malestar, sin luchar ni oponer resistencia, ya que así se retroalimentaría el malestar y esto generaría incluso más sufrimiento. 
  • Los valores son un proceso y nunca se acaban, es decir, que siempre se está en búsqueda de ellos, por lo tanto, se pueden mantener a lo largo del tiempo y cultivar durante toda la vida. 

Los valores elegidos por una persona representan la guía que dirige su conducta hacia aquello que le importa. De esta manera, permiten que exista una coherencia entre lo que valora y lo que hace, lo cual le genera bienestar.

Componentes

Desde la terapia de aceptación y compromiso se trabaja la aceptación de los valores en base a los cuatro componentes: 

  • Valores (aquello que se valora o quiere). Por ejemplo: la familia, los amigos, la generosidad, la seguridad, el cuidado de uno mismo, el disfrutar, lo formativo, lo laboral, etc.
  • Exposición y no evitación de los llamados eventos internos indeseados, que serían los pensamientos y emociones negativas o incómodas.
  • Defusión y, por tanto, desactivación de funciones y distanciamiento de la emociones y pensamientos desagradables.
  • Fortalecimiento de las conductas que están guiadas por lo que se quiere y valora.

El psicólogo ayuda a cada persona con sus valores mediante la búsqueda de los pensamientos y emociones temidas y evitadas para que aprenda a distanciarse de ellos y valorarlos como lo que son: solo pensamientos o sentimientos. Ayudando a entender también que no todo lo que se piensa o siente tiene valor solo por el mero hecho de pensarlo o sentirlo. Hay muchos pensamientos y emociones basura.

El tratamiento centrado en los valores de la persona ayuda a orientar los cambios en función de lo que ella considera valioso.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/la-importancia-de-los-valores-para-el-bienestar/

La culpa, una emoción aprendida desde niños. POR CRISTINA TABERNERO

La culpa es una emoción muy poderosa. Y muy dañina. Señala también que somos responsables de nuestros actos. En ese sentido podemos tomar conciencia de lo que ha pasado y cómo hemos actuado. Si nos juzgamos, nos señalamos como culpables y nos quedamos anclados en esa emoción, sin actuar, puede llegar a arrastrarnos hasta lo más profundo de pozo, donde nos espera el malestar emocional y físico.

Proponemos una reflexión sobre lo que te hace sentir culpable. Comienza por comprender qué es sentirte culpable. Para nosotros, sería más saludable analizar de qué te sientes responsable. Porque si comienzas con la connotación negativa que introduce el sentimiento de culpabilidad, probablemente aparecerán también otras emociones poco saludables en principio, como la rabia. A partir de ahí, determina lo que depende de ti y lo que es responsabilidad de los demás.

Cómo surge la culpa

La culpa surge cuando haces algo que sabes que no está bien. Una voz interior te lo remarca. Te sientes mal y ese estado emocional al que te precipitas va a depender de lo que hayamos aprendido, es decir, de la educación que hayamos tenido. Los sentimientos que acompañen a la culpa, como la vergüenza, también van a depender de lo que hayamos aprendido.

Las situaciones que pueden generar culpa son muchas: nos sentimos culpables por no ser buenos padres, buenos hijos, buenos amantes, buenos amigos… Nos torturamos por no haber cumplido las metas que nos fijamos, por engordar, por no llegar a todo… Nos sentimos culpables por lo que hacemos y por lo que no hacemos…Culpables por ser así o pensar esto, sentir aquello o desear lo otro…

¿Cómo vive una persona con culpa?

Las creencias que tenemos, la educación de nuestros padres y nuestros aprendizajes determinarán en cada situación cómo nos sentimos. Desde niños, el peso de la culpa se adquiere desde la familia y el colegio. Los padres contribuyen a este sentimiento de culpa a través de algo tan sencillo como hacer creer al hijo que es la causa de su malestar y sus emociones.

Culpa o responsabilidad

Lo importante es diferenciar entre culpa útil, separada de la culpa asfixiante, estéril y patológica, que tortura. Los sentimientos de culpa que nos permiten rectificar los errores o faltas que hayamos podido cometer resultan útiles.

Se entiende así la culpa como responsabilidad. Los otros sentimientos de culpa, suponen un lastre que agota nuestra energía y generan inútiles y profundos sentimientos de malestar. La culpabilidad patológica no tiene nada que ver con la culpabilidad sana o responsable, que sanciona una falta.

Al hilo de esto, Luis Rojas Marcos, prestigioso psiquiatra andaluz afincado en EEUU, habla de una actitud positiva y no sentirse culpable para mejorar en las enfermedades crónicas.

Niños educados en la culpa o en la responsabilidad

Culpabilizar a los niños para tratar de ejercer el control sobre ellos es una estrategia muy peligrosa. Un niño educado en la culpa desarrolla una sensibilidad particular hacia esa moción: será más fácil de manipular y también habrá una mayor probabilidad de que actúe como manipulador.

Cada vez que los padres atribuyen al hijo la causa de sus estados de ánimo, contribuyen a reforzar su sentimiento de omnipotencia al hacerle creer que él es el responsable de sus emociones. Cuando las emociones son desagradables, directamente el niño se siente culpable.

En cambio, los padres que ayudan a sus hijos a reflexionar sobre sus faltas de una manera constructiva y no acusatoria o condenatoria estarán ayudando a sus hijos a enfrentarse de otra manera a sus errores.

Después de un comportamiento, los niños pueden reflexionar sobre lo que han hecho y sus consecuencias. A la vez, pueden repararlas y no quedarse estancados en la culpabilidad. Recordemos que una vez que ha señalado el daño y motivado su reparación, este sentimiento debería marcharse.

¿Cómo se contribuye al sentimiento de culpa?

Es tan fácil contribuir al sentimiento de culpa en un niño como hacerle creer que es el causante del malestar emocional del adulto. Así los padres que atribuyen a los hijos la causa de sus estados de ánimo, les hacen sentir culpables de su enfado o tristeza.

Frases como Menos mal, tu hermana no nos ha salido como tú… Estoy muy triste por tu culpa… Con el dinero que nos cuesta el colegio, mira cómo lo aprovechas… Nos da vergüenza que te comportes así… El mensaje es totalmente equivocado: los niños tienen que comprender que cada uno es el responsable de gestionar sus emociones.

Es habitual que el sentimiento de culpa consciente o inconsciente no se gestione bien desde la infancia y pueda llegar a condicionar toda la vida de la persona, generándole aprensiones, miedos, autor-recriminaciones, inseguridades…

Niño llorando

Aprender a gestionar la culpa

La culpa nos hace angustiarnos, torturarnos y despreciarnos. El problema no radica en sentirla, sino en cómo manejar la culpa. Para mejorar su gestión te proponemos estos sencillos pasos:

1.- Examina si eres responsable de lo que ha pasado

La clave de la intervención en la culpa patológica consiste en delimitar tu parte de responsabilidad con la ajena. Para liberarnos de ella es necesario saber cómo afrontamos la responsabilidad. Bajo los efectos de los sentimientos de culpa asumimos responsabilidades que no nos corresponden.

2.- Reconoce la culpa

El psicoanalista Sigmund Freud decía que solo se puede vencer al enemigo en su presencia. Acoger el sentimiento de culpa supone asumir su presencia y ponerle palabras. Pensamiento y lenguaje entran en juego para reconocer las emociones.

3.- Expresa la culpa

Si reprimimos y ocultamos la culpa, nos encerraremos en la soledad y el silencio, y en la duda. Las palabras permiten romper ese aislamiento. Contarle a alguien lo que nos hace sentir culpables y cómo nos sentimos ayudará a aliviar el sentimiento.

Madre hablando con su hija adolescente

4.- Reconoce tus propias limitaciones

Disminuir nuestro nivel de exigencias y exceso de responsabilidades de asuntos o sufrimientos ajenos, ayuda a no sentirnos culpables por todo. Renunciar al control, aceptar la existencia de situaciones que se nos escapan, y saber que no podemos llegar a todo, es muy importante.

5.- Elimina los auto-reproches

Los auto-reproches sirven de muy poco. Por el contrario generan dolencias de todo tipo y estados de ansiedad que potencian círculos viciosos de pensamientos negativos. Unos ciclos que a su vez alimentan el sentimiento de culpa.

6.- Pide disculpas

Reflexiona sobre tu modo de actuar, y si sientes que has obrado mal o con desgana, no le des más vueltas. Busca alternativas para reparar el daño, y si no, pide disculpas a la persona afectada. Proporciona un gran alivio y sobre todo abre las ventanas a emociones más positivas.

-¡Pero no hay a quien juzgar! -exclamó el principito.

-Te juzgarás a ti mismo -le respondió el Rey-. Es lo más difícil. Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás. Si logras juzgarte bien a ti mismo, eres un verdadero sabio.

-Antoine de Saint-Exupery. El principito-

En resumen, saber qué es la culpa, cómo funciona y sus implicaciones, nos permiten gestionar con mayor efectividad este estado tan limitante del ser. Por tanto, sigue estas claves que te ofrecemos y libérate de la presión de la culpa, entendida como su forma patológica.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/la-culpa-una-emocion-aprendida-desde-ninos/