¿Puede afectar la autoestima a la adicción?
Tal vez te hayas preguntado alguna vez si, en realidad, cómo te ves a ti mismo puede influir de alguna forma en la posibilidad de desarrollar una adicción, ya sea a una sustancia o a un comportamiento. De eso es de lo que vamos a hablar en este artículo.
Es necesario señalar, aunque es algo que ya hemos indicado en otros artículos anteriores, que en el desarrollo de una dependencia puede haber una gran cantidad de factores que influyen en ello, y sí, la autoestima, la forma en la que nos percibimos nosotros mismos, es uno de esos factores determinantes. Así pues, veamos cómo interactúan las adicciones y la autoestima.
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¿Por qué es tan importante la autoestima como factor en el desarrollo de las adicciones?
Podemos decir que la autoestima es la percepción que tiene el individuo de su propio valor. Se ha descrito como una”evaluación emocional y cognitiva de uno mismo como ser humano”. Este elemento es fundamental, porque directamente influye en cómo se sienten y se perciben a sí mismas las personas, pero también influye en cómo actúan con los demás.
Es más fácil que las personas que tienen un nivel aceptable de autoestimas se sientan mucho mejor en todos los ámbitos de su vida. También es importante indicar que la estima que alguien tenga de sí mismo tiene mucho que con sus experiencias y sus vivencias, y a que no es lo mismo haber pasado por situaciones negativas que no haberlo hecho. Esto puede ocasionar culpa y otros sentimientos que puede hacer autopercibirte de una manera que no es real y que puede acabar lastimándote.
Lo realmente negativo de todo esto es que, si esa mala autoestima se prolonga demasiado, puede llevar al desarrollo de una adicción que te haga sentir mejor.

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La autoestima es algo fundamental
El no percibirnos positivamente influye en todos los ámbitos de nuestra vida. Todo lo que hacemos, pensamos y decimos está mal, nada puede ir bien porque no podemos hacer nada bien. No lo podemos evitar, es como nos sentimos, y por lo tanto, actuamos en consecuencia.
Por poner un ejemplo, en el caso de que un chico vive en un entorno en el que siempre, por mucho que se esfuerce, se le dice que no hace nada bien, durante muchos años va a escucharlo. Ese bombardeo continuo hará que tarde o temprano acabe interiorizando la idea de que es verdad, que no hace nada bien, y poco a poco y sin él mismo quererlo, va adaptando su comportamiento a esa creencia que, para él, es un absoluto.
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Adicciones y autoestima: ¿cuál es la relación?
La autoestima se puede lograr a corto plazo a través de la validación externa, lo que puede resultar en una falta de motivación y una menor autoestima. Por otro lado, otros creen que una alta autoestima conduce a la independencia y la confianza que son necesarias para una salud mental positiva.
Es importante notar que no siempre podemos controlar cómo nuestras acciones impactan en nuestro sentido de la identidad. La relación entre adicciones o comportamientos negativos como el abuso de sustancias y la baja autoestima se ha estudiado durante mucho tiempo, y hay, como hemos dicho antes, muchos factores involucrados en esta relación, como el entorno, la genética, las experiencias pasadas, los entornos sociales… Parece plausible que estos factores puedan contribuir a que algunas personas desarrollen adicciones.
Realmente, esta es la pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso en el que un aspecto se alimenta del otro: cuando no te valoras a ti mismo, buscas una manera de aliviar todo el malestar que te genera. Eso lo haces con el alcohol, las drogas o cualquier otro objeto adictivo, pero, por otro lado, cuando consumes, te sientes mal porque lo estás haciendo, y de nuevo, estás en el punto de partida.
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Cómo una adicción puede afectar la mente y el cuerpo
La adicción es un término que se refiere a cualquier tipo de comportamiento o sustancia que un individuo usa para satisfacer una necesidad psicológica o fisiológica. Aunque no siempre conduce a la adicción física, puede causar dependencia mental y emocional de la sustancia o comportamiento adicto, lo que lleva a consecuencias para la salud a largo plazo.
El cerebro se ve afectado por la adicción de muchas formas diferentes, lo que puede provocar problemas de salud, como ansiedad, depresión e incluso intentos de suicidio.
Fromm Bienestar es un centro de salud ubicado en Mairena del Aljarafe (Sevilla) y especializado en los procesos de desintoxicación y tratamiento de adicciones, así como en la atención psicológica a pacientes y familias. En sus instalaciones trabaja un equipo de profesionales del ámbito de la psicología y las actividades físicas que permite mejorar en un entorno tranquilo y en el que resulta fácil expresarse.
Recuperado de: https://psicologiaymente.com/drogas/puede-afectar-autoestima-adiccion
Cómo se manifiesta la ansiedad en el cuerpo. Por: Raque Rodriguez
La ansiedad es algo que sufren personas alrededor de todo el mundo. En España, la prevalencia de este trastorno es elevada, ya que 9 de cada 10 personas manifiestan haber sufrido estrés alguna vez y 4 de cada 10 lo ha sentido de manera frecuente (Infocop, 2018). Unas cifras que, sin lugar a duda, son bastante elevadas.
Para poder ser diagnosticada de manera correcta es importante que la población conozca qué es la ansiedad, cómo se manifiesta en el cuerpo, en qué trastornos se producen estos síntomas físicos y qué tipos de tratamiento existen.
¿Qué es la ansiedad?
Como ya hemos comentado en otros artículos dedicados a la ansiedad, la ansiedad es una reacción que se produce en el ser humano y que todo el mundo experimenta. Cuando hay un peligro o una amenaza nuestro cuerpo se prepara para dar respuesta. Esta respuesta es fruto de la ansiedad por lo que podríamos decir que, en ocasiones, es un mecanismo de protección.
Sin embargo, a veces nos activamos o preparamos para dar respuesta sin que exista un estímulo o una amenaza o nos activamos mucho más de lo que corresponde. En estos casos estaríamos hablando de una ansiedad patológica porque no es funcional. Al activarnos sin motivo o al activarnos en exceso nos generamos angustia y otro tipo de reacciones desfavorables e inoportunas.
La ansiedad en estos casos puede provocar diferentes tipos de reacciones: fisiológicas, cognitivo emocionales o conductuales. En el artículo de hoy nos vamos a centrar en las primeras, en las fisiológicas o las que se manifiestan en el cuerpo.
¿Cuáles son los síntomas físicos de la ansiedad?
Es importante tener en cuenta que para poder reconocer la ansiedad es importante conocer cómo se manifiesta en nuestro cuerpo. Según la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013) las manifestaciones corporales podrían ser las siguientes:
- Aumento de los latidos del corazón
- Sudores
- Temblores u hormigueos
- Sensación de que nos falta el aire o ahogo
- Dolor en el pecho o tórax
- Malestar en el estómago o abdomen
- Mareos o inestabilidad
- Escalofríos
Además, otras investigaciones también añaden a estos síntomas los siguientes: agitación, tensión en diferentes músculos del cuerpo, cansancio, dolores de cabeza y/o problemas al orinar (dolor o aumento de la frecuencia).
¿En qué trastornos se producen con más frecuencia los síntomas físicos?
Lo cierto es que los síntomas físicos pueden producirse en cualquiera de los trastornos de ansiedad. Sin embargo, pueden ser más frecuentes o cobrar más importancia en los siguientes:
- Fobias específicas. En este las reacciones del cuerpo hacen que la persona pueda incluso llegar a marearse ante, por ejemplo, la presencia de una aguja.
- Trastorno de ansiedad social. Uno de los síntomas de este trastorno es que las personas afectadas tienen miedo a que el resto de personas puedan ver que manifiestan síntomas. Estos síntomas suelen ser: temblores, sudores, rubor facial, etc. En otras palabras, los síntomas corporales.
- Trastorno de pánico. La mayoría de los síntomas del trastorno de pánico suelen ser físicos. Como, por ejemplo: palpitaciones, sensación de que falta el aire, dolor de estómago, inestabilidad o incluso mareos que pueden derivar en un mareo con pérdida de conocimiento.
Además de en estos trastornos de ansiedad, también pueden estar presentes en otros trastornos como: trastorno de síntomas somáticos, trastorno de ansiedad por enfermedad, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), etc.
Tratamientos para la ansiedad
Existen diferentes tratamientos para los síntomas físicos de la ansiedad. Se debe tener en cuenta que, en muchos casos, los síntomas físicos vienen después de los cognitivos o emocionales. Por ello, es importante realizar un abordaje completo.
Los más eficaces, según diferentes guías clínicas, son los siguientes:
Tratamiento farmacológico
Los medicamentos más utilizados suelen ser los siguientes:
- Antidepresivos de tipo ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) como: Paroxetina, Sertralina, Escitalopram o similares.
- Benzodiacepinas de acción corta (Alprazolam, Clotiazepam, Lorazepam, Lormetazepam, Triazolam, Zolpidem y Zopiclona) o acción larga (Bronacepam, Clorazepato dipotásico, Diazepam, Flunitrazepam, Flurazepam y Halazepam).
Tal y como comenta de la Mata (2005) el uso excesivo de estos medicamentos puede hacer que se medique en exceso a personas que no lo necesitan. Además, en muchos casos, si no se siguen las pautas indicadas las benzodiacepinas pueden tener efectos adversos como: dependencia al fármaco, deterioro cognitivo, etc. (Markota, Rummans, Bostwick y Lapid, 2016).

Tratamiento en terapia psicológica
Dentro de la terapia psicológica la que más respaldo tiene y más eficaz ha demostrado ser es la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). Las técnicas más utilizadas y eficaces son las que explicamos en este apartado:
- Psicoeducación. Es importante conocer qué es la ansiedad, cómo se manifiesta, qué mecanismos la operan y mantienen, cuáles son los tratamientos, etc. para poder hacerle frente.
- Relajación. La Relajación Progresiva Muscular de Jacobson es muy conocida y, si se practica de manera constante, puede ser muy eficaz.
- Respiración. Llevar un correcto control de la respiración es esencial para que el cuerpo reciba el oxígeno necesario para funcionar de manera correcta. Las respiraciones son muy útiles porque rebajan los síntomas físicos, pero al tener que llevar el control de las veces que se respira puede hacer que la gente se abstraiga dejando de lado también los síntomas psicológicos. Existen diferentes tipos de respiración: profunda, contada, intercostal, abdominal, alternada, etc.
- Meditación. En los últimos tiempos han aparecido diferentes programas de meditación. Como en el caso de la respiración o la relajación, lo que se pretende es relajar el cuerpo a nivel físico y controlar el pensamiento.
- Reestructuración cognitiva. Con el objetivo de modificar los pensamientos que nos hacen daño y pueden dar lugar a los síntomas físicos de la ansiedad, también se puede utilizar la reestructuración cognitiva para generar pensamientos alternativos más funcionales y saludables.
Aunque las anteriores son las más conocidas, tal y como vimos en el artículo sobre técnicas de relajación para el control de los ataques de pánico hay muchas más: yoga, relajación diferencial, imaginación de escenas relajantes, etc.
Es importante tener en cuenta también que, en muchas ocasiones, la TCC y la terapia farmacológica se utilizan de manera conjunta. Todo ello dependerá de cada caso.
En el caso de que estés teniendo ansiedad y no puedas controlarla te recomendamos que realices terapia online, ya que tiene muchas ventajas y puede ayudarte a llevar una vida más relajada.
Conclusiones
La ansiedad es algo que está presente en la vida de muchas personas.Por eso, es importante saber lo que es y ver cómo se manifiesta en nuestro cuerpo para poder identificarla y ponerle solución. Algunos de los síntomas físicos más comunes son: temblores, mareos, problemas estomacales, sudores, etc. y están presente en muchos trastornos mentales. Para poder mitigarlos existen diferentes tipos de terapia siendo las más usadas la farmacológica y la Terapia Cognitivo Conductual (TCC).
Las 5 causas de los problemas de sueño en la crisis del COVID-19. Por:
Durante más de un año, la crisis del coronavirus se ha infiltrado en todos los aspectos de nuestras vidas, tanto en lo personal y privado como en lo profesional y público.
Lo que empezó siendo un problema de tipo sanitario que afectaba sobre todo a la salud física, rápidamente se transformó también en un problema social, económico e incluso político con implicaciones en nuestra manera de comportarnos, de sentir y de pensar.
Por eso, no sorprende que una de las facetas del día a día en las que la pandemia ha tenido mucha influencia sea nuestra capacidad para dormir bien y las horas suficientes. A fin de cuentas, dedicamos gran parte del día a esta actividad, y de ella depende nuestro bienestar. Por eso, en este artículo vamos a hablar de las principales causas de los problemas de sueño desencadenados por la crisis del COVID-19.
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¿Por qué la falta de sueño es un problema psicológico importante?
Empecemos aclarando por qué hay que tomarse en serio el impacto en la calidad del sueño de una crisis como la del COVID-19.
Muchas personas asumen que el hecho de no dormir bien o no hacerlo durante las horas suficientes genera, como máximo, un sentimiento de malestar que se prolonga durante casi todo el día siguiente. Sin embargo, lo cierto es que las consecuencias negativas de esta clase de problemas van más allá de esa sensación de malestar, y tienen implicaciones objetivas, no solo subjetivas.
El simple hecho de dormir mal en una sola jornada de descanso da lugar a estos desajustes a corto plazo:
- Serias dificultades para concentrarse en tareas, conversaciones, etc.
- Menor capacidad para memorizar y evocar recuerdos.
- Mayor predisposición a la irritabilidad y a reaccionar con frustración o enfado a los imprevistos.
- Mayor predisposición a adoptar una actitud de pasividad: la persona se involucra menos en cualquier acción.
Además, si estos problemas de sueño se van acumulando a lo largo de los días, aparecen otros problemas psicológicos a medio y largo plazo. Los más significativos son los siguientes:
- Mayor riesgo de desarrollar trastornos de ansiedad.
- Mayor riesgo de desarrollar trastornos del estado de ánimo.
- Se incrementan las posibilidades de caer en el consumo de sustancias adictivas legales o ilegales.
Y, por supuesto, a todo eso hay que añadirle los problemas de salud física, como una mayor predisposición a la obesidad y a las enfermedades cardiovasculares, una aceleración del envejecimiento, y otras alteraciones que llegado el caso incluso podrían tener como desenlace la muerte si la situación se prolonga demasiado y se duerme muy poco.
Las principales causas de los problemas de sueño en la pandemia del coronavirus
Evidentemente, durante la crisis del coronavirus es posible tener problemas para dormir muy diversos, y basados en una amplia pluralidad de causas. Además, raramente un problema psicológico tiene un solo desencadenante; siempre hay que hablar de multicausalidad.
Sin embargo, si concentramos el foco en las causas de los problemas del sueño característicos de esta época, cabe destacar los siguientes.
1. Problemas de ansiedad basados en la inseguridad laboral y financiera
Las economías de muchos Estados se han tambaleado mucho durante la pandemia, y esto se ha visto reflejado en la salud mental de cientos de miles de trabajadores y trabajadores, especialmente en le caso de las personas en situación de precariedad, a las que un despido o el cierre de un negocio les puede salir más caro.
Ante esta clase de fuentes de ansiedad, es habitual tener problemas para conciliar el sueño, ya que el cerebro tiende a mantenerse “en marcha” y con un alto nivel de activación anticipando situaciones catastróficas y/o buscando soluciones urgentes.
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2. Rumiación por el miedo a los contagios
El hecho de que el COVID-19 tarde varios días en generar síntomas hace que muchas personas se obsesionen con la idea de tener el virus, dando lugar a la rumiación: la tendencia a darle vueltas una y otra vez a un tipo de pensamientos que producen preocupación. Esto se da sobre todo en personas con aprensión a las enfermedades y fácilmente sugestionables, ya que interpretan una gran variedad de eventos como un signo o síntoma de patología potencialmente severa.
3. Síntomas depresivos asociados a la soledad por medidas de confinamiento
Tanto las medidas de confinamiento aplicadas sobre la población general como las situaciones de cuarentena pueden desbordar emocionalmente a las personas, sobre todo a las más extravertidas. No es fácil adaptarse a una rutina caracterizada por la falta de trato cara a cara con los demás, y esto puede llevar a problemas para dormir bien.
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4. Desestructuración de los horarios
Un cambio como pasar de trabajar en la oficina a hacerlo desde casa puede eliminar muchos referentes temporales que estructuraban el día a día de la persona que teletrabaja.
Por ejemplo, puede caer en la trampa de dejar buena parte de sus tareas para el anochecer, lo cual retrasa el momento de irse a dormir (sobre todo si no logra terminar a tiempo y procura compensar eso despertándose temprano). Además, la desorganización en los horarios también es algo que de por sí perjudica a la calidad del sueño, incluso si la persona duerme las horas suficientes.
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5. Problemas familiares o por duelo
Finalmente, las causas de los problemas de sueño pueden estar facilitados por la pandemia de manera indirecta, por las crisis que ha podido generar en la familia: discusiones en casa, familiares enfermos, muerte de seres queridos, etc.
