Desarrollan dispositivos de detección de estrés en tiempo real para el tratamiento de las adicciones. Por Maria Fernanda Alonso
Evitar las recaídas es uno de los objetivos principales de todo tratamiento de adicciones. Lograrlo en la vida real puede requerir mucho más que fuerza de voluntad y, de hecho, es común que las personas con adicciones recurran a otras personas en busca de ayuda para no volver a conductas anteriores. Pero cuando no se encuentra el soporte necesario en el tiempo oportuno, por más esfuerzos que haga la persona, puede recaer en su adicción.Únete a la comunidad de Psyciencia y accede a recursos clínicos, artículos, análisis y descuentos en cursos de formación profesional que impulsarán tu trabajo.
Esto llevó a un equipo de investigadores a desarrollar y poner a prueba una pulsera llamada “Empacta E4” que mide el nivel de estrés de la persona en tiempo real valiéndose para ello de las respuestas fisiológicas al estrés. Sus creadores sostienen que este dispositivo abre nuevas posibilidades de intervenciones para las personas con adicciones ya que son programadas para detectar estrés y como respuesta activar la intervención del teléfono (Alinia et al., 2021).
Fiabilidad de las mediciones
Para poner a prueba la exactitud de las mediciones de estas pulseras, los investigadores pidieron a un grupo de voluntarios que las usaran al menos durante un día y que respondieran algunas preguntas que les llegarían a sus teléfonos cuatro veces al día. Estas encuestas eran sobre sus emociones, antojos de alcohol y cantidad de bebidas alcohólicas consumidas.
Los participantes también podían presionar un botón en el dispositivo cuando sintieran que aumentaba su nivel de estrés.
Al igual que los relojes inteligentes, los dispositivos miden la frecuencia cardíaca, aunque con una mayor confiabilidad, y también detectan cambios en la actividad de las glándulas sudoríparas, la temperatura corporal y la conductancia de la piel, todas las formas en que nuestro cuerpo responde al estrés.
Los resultados de la encuesta coincidieron muy bien con los datos fisiológicos obtenidos de las pulseras: fueron lo suficientemente precisos como para dar la confianza de que los dispositivos son efectivos para medir el estrés en tiempo real, señalaron los investigadores. De hecho, los resultados se correspondían con las mediciones encontradas en encuestas anteriores y en investigaciones de laboratorio, con la importante diferencia de que los participantes no estaban conectados a una máquina grande en un laboratorio, y que sus resultados provenían del mundo real, en tiempo real.
Y justamente esto es lo destacable: saber en tiempo real cuándo una persona está experimentando mayores niveles de estrés -lo que podría conducir a una recaída- representa una mejora significativa para ayudar a evitar las recaídas en tiempo oportuno.
Propuestas en desarrollo
Los investigadores se encuentran trabajando en una propuesta para crear una aplicación móvil que conecte la pulsera al teléfono de la persona de forma tal que al detectar estrés active la intervención del teléfono. El dispositivo podría programarse para iluminarse con notificaciones o iniciar una aplicación que haga preguntas para ayudar a las personas a superar una situación estresante.
Recuperado de: https://www.psyciencia.com/desarrollan-dispositivos-deteccion-estres-tratamiento-adicciones/
Distimia: ¿cómo diferenciarla de la depresión? Por: Elizabeth Rodriguez
Los trastornos depresivos se han visto incrementados tras la pandemia del virus COVID-19, incluso en niños y adolescentes.
Comúnmente asociamos la tristeza a la depresión, pero cabe diferenciar entre los estados de tristeza que todos podemos experimentar como adaptativos y los diferentes trastornos depresivos que pueden darse. Es importante visibilizar y conocer esta problemática tan frecuente, ya que nos permite identificar los síntomas y pedir ayuda profesional cuando se requiere.
La distimia o trastorno depresivo persistente es un trastorno depresivo poco conocido, pero muy prevalente en la sociedad. Al ser de sintomatología menos intensa que la depresión mayor, cuesta más detectarla por parte del entorno o la propia persona, pudiendo llegar a evolucionar durante años sin recibir ayuda profesional.
No obstante, la distimia tiene un impacto negativo en la calidad de vida de las personas generando problemas de salud, en las relaciones sociales y en el trabajo.
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¿Qué es realmente la distimia?
El trastorno depresivo persistente (distimia) es un trastorno de curso crónico e intensidad menor que la depresión mayor. Consiste en un estado de ánimo deprimido la mayor parte de los días durante al menos dos años, acompañado de alteraciones del sueño, poca energía, baja autoestima, falta de concentración, dificultades para tomar decisiones y/o sentimientos de desesperanza.
La distimia suele tener una edad de inicio anterior a la depresión mayor, empezando muchas veces en la adolescencia o juventud de forma insidiosa, siendo este hecho indicador de un curso más crónico. En relación a las diferencias de género, la prevalencia es mayor en mujeres.
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¿Cómo saber si tengo distimia?
Los síntomas propios de la distimia pueden variar a lo largo de los años en aparición e intensidad. Suelen generar malestar y afectar al adecuado desempeño de las actividades diarias. Entre los más frecuentes se encuentran los siguientes:
- Pérdida de interés en las actividades diarias
- Sensación de vacío o tristeza
- Desesperanza
- Falta de energía
- Baja autoestima, autocrítica, sentimientos de inutilidad y culpabilidad
- Dificultades en la concentración y en la toma de decisiones
- Disminución de la actividad y la productividad
- Irritabilidad
- Aislamiento social
- Alteraciones en los hábitos alimentarios
- Alteraciones en el sueño
Para poder ser diagnosticado de trastorno depresivo persistente los síntomas mencionados tienen que persistir al menos dos años en adultos o un año en adolescentes y población infantil. En esta última, los síntomas de la distimia pueden incluir estado de ánimo deprimido e irritabilidad.

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¿Puede afectar la distimia al funcionamiento social?
A pesar de no ser un síntoma central de los trastornos depresivos, tanto el funcionamiento social como la capacidad de mantener y disfrutar de las relaciones se ven comprometidos con los síntomas propios de la distimia. Los más destacados son la anhedonia, la falta de motivación y la pérdida de interés. Por ello, es frecuente que las personas con trastorno depresivo persistente tengan relaciones íntimas más pobres e interacciones sociales menos satisfactorias.
Las principales alteraciones en el funcionamiento social se derivan de la reducción del deseo de comunicarse, el aumento de la sensibilidad al rechazo o evaluación negativa, los problemas en la identificación emocional y la capacidad reducida de encontrar soluciones efectivas a los problemas interpersonales.
Las dificultades en las relaciones interpersonales pueden contribuir a mantener el trastorno y son uno de los principales focos de la terapia.
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¿La distimia puede darse junto a otros trastornos mentales?
La literatura constata que la comorbilidad en este trastorno es habitual, especialmente con el trastorno depresivo mayor y otros trastornos de ansiedad, así como también con trastorno por abuso de sustancias.
Dentro de los trastornos de ansiedad, el trastorno de ansiedad social y el trastorno de ansiedad generalizada han resultado ser los que más habitualmente se asocian a la distimia. Adicionalmente, se estima que el 10% de las personas con distimia acaban desarrollando una depresión mayor.
¿Y cuáles son las causas?
La etiología del trastorno aún no es clara, pero se ha estudiado su carácter multifactorial, es decir, que la distimia se puede derivar de la interacción de factores biológicos, sociales y psicológicos. A nivel biológico se han observado afectaciones en estructuras cerebrales como la amígdala, el hipocampo, la corteza prefrontal y la corteza cingulada anterior; así como el eje hipotálamo-pituitario-adrenal y el sistema noradrenérgico.
A nivel psicosocial se ha visto que la vivencia de acontecimientos estresantes durante la infancia o la juventud pueden predisponer a la distimia. A nivel sociofamiliar se ha asociado la distimia al hecho de estar sin pareja y/o la pérdida o separación de los padres en la infancia.
Los factores de vulnerabilidad que se han observado son: historia de depresión en familiares de primer grado, trastorno por uso de sustancias y trastorno de la personalidad antisocial.
¿Cómo se trabaja en terapia?
El tratamiento para la distimia es similar al de la depresión mayor, siendo la terapia cognitivo-conductual el tratamiento de elección para la distimia con sintomatología leve.
Para episodios moderados y graves, se recomienda la combinación de la terapia cognitivo-conductual con el tratamiento farmacológico. La intervención psicoterapéutica tiene como objetivos principales los siguientes:
- La mejora del estado de ánimo, reduciendo síntomas como la anhedonia, la incapacidad para experimentar o percibir eventos positivos y la desesperanza, entre otros.
- La activación conductual, estableciendo una serie de actividades con la intención de recuperar los ámbitos placenteros de la vida.
- La identificación de creencias y conductas disfuncionales y el posterior reemplazo por otras más adaptativas.
- La gestión del estrés y el aprendizaje de estrategias de afrontamiento adecuadas para la adaptación a otras crisis o dificultades.
- El entrenamiento de habilidades sociales y de comunicación para el desarrollo de interacciones sociales satisfactorias que reduzcan el aislamiento.
- La resolución eficaz y funcional de problemas y la toma de decisiones.
Autora: Carla Carulla, psicóloga infantojuvenil en Elisabet Rodríguez Psicologia i Psicopedagogia.
Recuperado de: https://psicologiaymente.com/clinica/distimia-diferenciarla-depresion
La Teoría de Manejo del Terror: qué es y cómo explica el miedo a la muerte. Escrito por Luis Martínez-Casasola Hernández
El ser humano puede experimentar miedos a diferentes elementos, y uno de los más recurrentes es el de la muerte.
Existen diferentes teorías para tratar de explicar los mecanismos psicológicos que están detrás de esta reacción. Una de las más novedosas es la teoría de manejo del terror. Vamos a profundizar en este modelo para así entender mejor su explicación hacia este fenómeno.
¿Que es la teoría del manejo del terror?
La teoría de manejo del terror es un modelo creado para tratar de dar respuesta al malestar psicológico que el pensamiento sobre el fin de la vida provoca en muchas personas.
El fundamento de esta teoría es la relación conflictiva que se da entre dos partes. Por un lado, el instinto natural de conservación que tiene tanto el ser humano como otros animales.
Por el otro, la percepción consciente de que somos mortales y por lo tanto en algún momento la vida terminará. No solo eso, sino que generalmente no podemos saber cuándo va a ocurrir, lo que aumenta ese malestar. Se combinan, por lo tanto, dos condiciones acerca de la muerte: que es inevitable y que además no se puede predecir el momento en el que llegará.
Según la teoría de manejo del terror, esta situación genera en muchos sujetos un intenso miedo, que ha de ser manejado de alguna manera. Una de las vías para ello es sencillamente la evasión mental, que se traduciría en ocupar la mente con otros asuntos que resulten de más agrado para la persona.
Pero existe otra vía de escape muy extendida entre gran parte de la población, que son construcciones culturales, frecuentemente basadas en creencias religiosas, que anticipan una vida inmortal tras la vida terrenal. Se trata de una medida que alivia la ansiedad provocada por el miedo a morir, pues se tiene la esperanza de que, de alguna manera, ese no sea el punto y final de la vida.
Sin embargo, la teoría de manejo del terror nos explica que el de la religión es solo uno de los mecanismos que las personas pueden utilizar para rebajar ese pánico que supone la perspectiva de morir en algún momento. Existen otros constructos culturales cuyo efecto a nivel psicológico va en la misma dirección que la idea de una vida después de la muerte.
Estos elementos estarían relacionados con la idea de trascender de alguna manera, no como un ser inmortal, sino formando parte de algo mayor, ya sea a una familia, a una nación, a una organización o simplemente a la especie humana. Se trataría, por lo tanto, de una inmortalidad simbólica, basada en el hecho de ser partícipe en algún acto o idea que pueda recordarse históricamente.
El origen de esta teoría psicológica
Tan importante como conocer en qué consiste la teoría de manejo del terror, es conocer su origen. Esta propuesta, que se encuadra dentro de las áreas social y evolucionista de la psicología, es producto de un trabajo de los autores Jeff Greenberg, Sheldon Solomon y Tom Pyszczynski. Originalmente, estos psicólogos pusieron la idea de manifiesto en el libro titulado The Worm at the Core: On the Role of Death in Life, publicado en el año 2015.
Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la idea en torno a cual gira la teoría de manejo del terror no es nueva, ni mucho menos. Una de las obras más recientes de las que dicho modelo estaría bebiendo, es la de La negación de la muerte, del antropólogo estadounidense, Ernest Becker.
Becker afirma que, en realidad, la gran parte de las conductas que cualquier persona realiza a lo largo de su vida tienen como fin último, bien el tratar de aplazar una muerte que, en realidad, es inevitable, o bien el evadirse para no tener dicho pensamiento, que genera ansiedad y miedo, en la cabeza.
Es precisamente ese miedo a morir, tal y como posteriormente recoge la teoría de manejo del terror, lo que impulsa a los seres humanos a tratar de darle un significado, no solo a la muerte, sino a la vida. Esa ansiedad provoca, por ejemplo, la aparición de esas ideas religiosas, pero también leyes, símbolos y otros elementos culturales, todos encaminados a tratar de rebajar el pánico a la idea de la inexistencia tras la muerte.https://addc352c941c5027e3da13171d70e3b6.safeframe.googlesyndication.com/safeframe/1-0-38/html/container.html
Todos esos conceptos funcionan a nivel colectivo, pero no hay que olvidar otro de los elementos fundamentales, que tanto para Becker como para la teoría de manejo del terror funciona, en este caso, a nivel individual, para aplacar el miedo a morir, y no es otro que la propia autoestima de cada persona.
En ese sentido, una buena autoestima ayudaría a disipar la sensación de ansiedad que la muerte puede provocarnos. Por ello, alguien con una alta autoestima, probablemente tendrá más recursos para afrontar la idea del miedo a morir que una persona con baja autoestima. Para Becker, de hecho, la autoestima es un sinónimo de heroísmo.
En definitiva, para el autor Ernest Becker, la muerte, y más concretamente el miedo ante la misma, es el motor que mueve los comportamientos del ser humano, siendo por lo tanto su principal motivación para actuar.
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La teoría de manejo del terror y la evolución
Otra cuestión interesante que se ha analizado en la teoría de manejo del terror es la relación que existe entre el miedo a la muerte y el desarrollo evolutivo de nuestra especie. Podríamos preguntarnos si esta ansiedad ante la mortalidad es de algún modo adaptativa. Lo cierto es que el miedo ante cualquier estímulo potencialmente aversivo es, de hecho, una forma de adaptación.
Y es que, evitar los elementos que puedan dañarnos de una u otra manera, es una manera de aumentar las probabilidades de supervivencia. Pero el miedo a la muerte no encaja exactamente en este concepto, pues es evidente que, por mucho que temamos a la muerte, en última instancia jamás podremos evitarla.
Por lo tanto, según nos explica la teoría de manejo del terror, no parecería que este temor fuera una forma de adaptación sino más bien un efecto producido al llegar a un nivel de racionalidad en el que somos conscientes de lo inevitable del fin de la vida. En ese sentido, el propio aumento a nivel racional sería el elemento adaptativo, y el miedo a la muerte una consecuencia del mismo.
Ante este nuevo miedo, que no está presente en especies menos evolucionadas, el ser humano ha creado toda esa serie de mecanismos y constructos culturales, que ya hemos visto, para así tratar de aplacarlo. Por ello, podríamos decir que tanto el miedo a la muerte como los elementos creados para luchar contra él, tienen un mismo origen, que sería ese nivel de raciocinio único en nuestra especie.
El simple acto de enterrar a los muertos, podría tener un origen pragmático, por el hecho de evitar enfermedades o la atracción de animales carroñeros. Pero existen evidencias de que, tanto nuestra especie como la de los extintos neandertales, veían en estos ritos una forma de preparar al difunto para una vida extraterrenal, ya que situaban alimentos y otros elementos junto a los restos mortales.
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Críticas
Sin embargo, no todos los autores están de acuerdo con el planteamiento que hace la teoría de manejo del terror. Algunos de estos críticos alegan que la conducta del ser humano se adapta para evitar las situaciones concretas que potencialmente pueden causar la muerte, por lo que la adaptación sería a cada uno de esos escenarios en particular, y no sería una generalidad en la que las personas se alejan de la muerte de manera inconsciente.
Otra de las críticas realizadas a este modelo consisten en la generalización que la teoría de manejo del terror hace acerca del miedo a la muerte como el mayor miedo, o el más general en la mayoría de los seres humanos. Estos autores alegan que en diferentes estudios, muchos participantes han elegido diversas situaciones en lugar de la muerte, como su mayor temor.
Algunos investigadores han propuesto como alternativa a este modelo, la idea de que en realidad no se teme a la muerte, sino que es la incertidumbre generada ante la misma, lo que estaría provocando la ansiedad en muchas de las personas. En ese sentido, alegan que la incertidumbre normalmente solo se tolera cuando existe un contexto que la atenúa, como puede ser un regalo envuelto, recibido por una festividad.
Sin embargo, cuando esta incertidumbre tiene un contexto que no invita a pensar en lo agradable del mismo, no será algo que la persona, por lo general, vaya a tolerar adecuadamente. Estas son algunas de las críticas que la teoría de manejo del terror ha recibido.
Referencias bibliográficas:
- Becker, E. (1997). The denial of death. Free Press Paperbacks.
- Greenberg, J., Pyszczynski, T., Solomon, S. (1986). The causes and consequences of a need for self-esteem: A terror management theory. Public self and private self. Springer.
- Greenberg, J., Arndt, J. (2011). Terror management theory. Handbook of theories of social psychology.
- Solomon, S., Greenberg, J., Pyszczynski, T. (2004). The cultural animal: Twenty years of terror management theory and research. Handbook of Experimental Existential Psychology. Guilford Press.
- Solomon, S., Greenberg, J., Pyszczynski, T. (2015). The worm at the core: On the role of death in life. Random House.
Recuperado de: https://psicologiaymente.com/psicologia/teoria-manejo-terror
