7 comportamientos tóxicos de los que no son conscientes los padres. Por BERNARDO PEÑA
Aunque los niños no vengan con un manual de instrucciones, es posible identificar algunos comportamientos tóxicos en los que como padres caemos sin darnos cuenta.

Aunque se intenta educar a los hijos de la mejor manera, existen ciertos comportamientos tóxicos en los que los padres caen a menudo sin darse cuenta. ¿Sabes cuáles pueden ser? Descuida, de todas formas te los comentaremos a continuación, así como otros detalles de interés.
A menudo se está “copiando” aquello que se vio a hacer a los propios progenitores, pero igualmente es posible reconocerlo y hacer cambiospara que en el futuro todo fluya mejor en la relación. ¡Toma nota de lo siguiente que vamos a comentarte!
Comportamientos tóxicos de los padres
Dado que las buenas intenciones por sí solas no bastan, se hace necesaria la autocrítica para detectar esas costumbres calificadas como “tóxicas” que pueden afectar a los hijos.
Veamos, pues, cuáles son esas conductas y de qué modo se manifiestan.
1. Ser hipercrítico

A pesar de que señalar los errores ayuda al cambio y a que el niño se dé cuenta de sus fallos, las críticas continuadas tampoco garantizan una mejoría adicional, sino más bien todo lo contrario.
La pauta es intentar buscar el equilibrio. Ser exigentes en exceso es un método que llega a provocar inseguridades en los hijos respecto a su potencial y habilidades.
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2. Castigar las emociones negativas
Solemos distinguir entre emociones “positivas” y “negativas” y, a menudo, pensamos que las negativas no son útiles, cuando en realidad, sí lo son. El miedo, por ejemplo, puede salvarnos la vida en más de una ocasión.
Por eso, parte del desarrollo de los niños pasará, por dejarles que expresen sus emociones, que lloren o que muestren su tristeza o temor. La represión, lejos de ayudar, es una práctica que a la larga produce un mayor malestar.

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3. Decidir por ellos
Los niños son niños, pero eso no significa que no tengan ni voz ni voto.Es cierto que los padres han de intervenir ante determinadas decisiones, pero también se dan otros casos que sí están al alcance de los hijos y que ellos mismos pueden resolver.
En este sentido, revisiones sistemáticas como la realizada por Arantxa Gorostiaga y colaboradores encuentran que los estilos de crianza en los que se favorece la autonomía se asocian en menor grado con las sensaciones de ansiedad en los adolescentes, lo cual arroja luz sobre este asunto.
4. Inculcarles miedo es otro de los comportamientos tóxicos que muestran algunos padres
Crecer en un ambiente de tranquilidad y confianza facilitará, sin duda, el bienestar de los niños y los motivará a explorar lo que hay a su alrededor de una forma sana.
En cambio, si lo que estos perciben en su entorno es la sensación de alarma constante, es probable que sus oportunidades para experimentar y ganar seguridad se vean reducidas.
5. Culparles de las propias frustraciones
A veces, sin querer, los padres descargan sus frustraciones con los hijos, haciendo que se sientan culpables por cuestiones de las que no son responsables.
Sin embargo, en la medida en que seamos capaces de anticiparnos a esta trampa, estaremos educando a adultos más felices el día de mañana.
6. Ponerle condiciones al amor

El amor de los padres por los hijos es un sentimiento de lo más innato y natural. Es decir, se da al margen de los logros o actuaciones que tengan los mismos.
Los niños merecen ser queridos porque sí, lejos de cualquier enredo que consista en establecer condiciones para recibir afecto.
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7. No fijar límites
Por diversos motivos llega a suceder que los padres descuidan la idea de fijar ciertas normas que los hijos han de respetar. No obstante, el establecimiento de límites es un claro componente educativo a considerar.
Esta pauta promoverá el consiguiente ajuste de los niños a otros contextos fuera del hogar y evitará posibles problemas de conducta, tal y como señala un estudio liderado por la Facultad de Psicología de la Universidad de Sevilla.
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¿Qué aprendemos de estos comportamientos tóxicos de los padres?
Si hemos reconocido algunos de estos comportamientos tóxicos en la labor que ejercemos como padres, quizás sea el momento de pararse a reflexionar en torno a dichos hábitos.
En nuestra mano está la alternativa de apostar por actitudes más saludables de cara a la autoestima y el equilibrio emocional que nuestros hijos desarrollen.
Recordemos que los niños de hoy son los adultos de mañana.
RECUPERADO DE: https://mejorconsalud.as.com/7-comportamientos-toxicos-los-no-conscientes-los-padres/
Objetivo de la ciencia: revertir el envejecimiento cerebral. Por: VALERIA SABATER
El envejecimiento cerebral suele iniciarse a partir de los 25 años. Ahora bien, la ciencia tiene como propósito no solo detener ese proceso, sino revertirlo para que lleguemos a edades avanzadas con las facultades mentales intactas.

En los últimos años, oímos hablar cada vez más de la medicina regenerativa. Parece que la posibilidad de enlentecer y frenar el deterioro celular e incluso de reprogramar el ADN para aumentar nuestra longevidad lejos de ser una entelequia, será algo real en unas décadas. Es más, algo que nos promete la ciencia es revertir el envejecimiento cerebral.
Esto último nos interesa quizá mucho más. Porque al fin y al cabo de nada nos sirve llegar hasta los 120 años con un cerebro deteriorado y con riesgo de sufrir demencias llegados los 70 u 80 años. De este modo, al igual que soñamos con conservar la lozanía durante mucho tiempo, no podemos olvidar la necesidad de preservar unas facultades neurológicas ágiles y en buen estado.
Esa aspiración está más cerca de materializarse. Es más, ya se están logrando grandes progresos en ese objetivo excepcional por vivir más años y con un cerebro “casi” intacto. Ampliamos la información.
Aunque el cerebro represente poco más del 2 % del peso total de nuestro cuerpo, es uno de los órganos que más recursos consume. También el que mayores alteraciones sufre durante el envejecimiento. La ciencia busca revertir este proceso.

Revertir el envejecimiento cerebral, una realidad inminente
Sabemos que el cerebro empieza un sutil y progresivo declive a partir de los 25 años. Una de las causas más comunes del proceso de envejecimiento natural se debe a la acumulación de radicales libres. De este modo, en ese proceso de envejecimiento cerebral suceden múltiples procesos, tan complejos como irreversibles. Pierde peso, se destruyen neuronas, baja la velocidad del impulso nervioso…
El simple hecho de cumplir años provoca además que la acumulación de elementos como la lipofuscina y proteínas como la β-amiloide, vinculada a enfermedades neurodegenerativas como la enfermedad de alzhéimer. Ahora bien, algo que ha sido durante todo este tiempo inevitable puede cambiar en las próximas décadas.
Seguiremos envejeciendo, sí, pero de manera más lenta. Es más, el objetivo de la medicina regenerativa es múltiple: no solo busca rejuvenecer el cerebro, sino también todos los órganos del ser humano. El corazón, el hígado y hasta la piel se están viendo beneficiados de los tratamientos basados en las células madre.
Veamos qué mecanismos está hallando la ciencia para revertir el envejecimiento cerebral.
Las células madre y los avances en lesiones traumáticas cerebrales
Hay avances en neurociencia que deberían convertirse en titulares y abrir telediarios. Sabemos que las lesiones cerebrales traumáticas son una de las principales causas de muerte e invalidez. Un trabajo de investigación de la Universidad de Zhejiang y el Instituto de Investigación Biomédica de Texas muestra algo decisivo.
Implantar células madre exógenas ayuda a desplazar el tejido cerebral dañado para después facilitar la reparación y regeneración de las áreas afectadas. La terapia con este tipo de células será el futuro, tanto para revertir el envejecimiento cerebral como para tratar lesiones.
La ingeniería de tejidos basada en las células madre y las señales moleculares podrá retrasar o revertir el envejecimiento y la muerte de las células. Esto permitiría aumentar nuestra longevidad hasta los 120 años, llegando a esa edad con buenas facultades mentales.
Fármacos experimentales que bloquean el declive cognitivo
En un trabajo de investigación publicado en el 2020 por la Universidad de California se propuso el desarrollo de un nuevo fármaco. ¿Su objetivo? Detener el declive cognitivo y revertir el envejecimiento cerebral.
En este caso, no se recurre a las células madre, sino a la inhibición de una pequeña molécula que activa un mecanismo conocido como “respuesta integrada al estrés” (ISR).
Este elemento lo que hace es activarse en el cerebro llegada una edad para iniciar su lento y progresivo declive. Ahora, en experimentos de laboratorio con animales, ha podido verse que al inhibir la molécula ISR, ese deterioro cognitivo se enlentece de manera significativa.
El objetivo es desarrollar un fármaco para humanos que cumpla este mismo mecanismo para revertir el envejecimiento cerebral.

Inyección de nuevas células para revertir el envejecimiento cerebral
En la actualidad hay otro enfoque esperanzador sobre la regeneración cerebral. El doctor Saul Villeda de la Universidad de San Francisco lleva tiempo estudiando la neurogénesis. Se trata de un proceso por el que el cerebro es capaz de producir nuevas neuronas. Algo que sabemos es que hay partes que se regeneran (como el hipocampo) y otras áreas que no lo logran nunca.
Su investigación se centra en algo innovador y esperanzador a la vez. El doctor Villeda plantea la idea que podremos revertir el envejecimiento cerebral “engañándolo” para que inicie procesos de rejuvenecimiento por sí mismo. Es decir, al igual que es capaz de crear nuevas células en algunas áreas, la idea es conseguir que haga lo mismo en todo el cerebro.
¿De qué manera? Lo que está haciendo él y su equipo en el Centro de Medicina Regenerativa de la Clínica Mayo es inyectar células madre en el propio cerebro para que se desarrollen nuevos vasos sanguíneos y así nutran y vigoricen a las neuronas viejas hasta el punto de favorecer la creación de otras nuevas. Este proceso está ya dando buenos resultados.
Para concluir, se espera que en un futuro el ser humano pueda vivir hasta los 120 años. Libre de enfermedades neurodegenerativas y con un cerebro ágil, joven y sano capaz de seguir aprendiendo para disfrutar de esa cuota de tiempo de más en felicidad y bienestar.
RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/objetivo-ciencia-revertir-envejecimiento-cerebral/
Cómo evitar que una preocupación se convierta en obsesión. Por: VALERIA SABATER
La preocupación obsesiva rara vez nos ayuda. De hecho, lo que solemos lograr es elevar la ansiedad y el riesgo de agotamiento psicológico. ¿Qué hacer para no llegar a estos extremos?

¿Cómo evitar que una preocupación se convierta en una obsesión? Hay veces en que determinadas ideas producen daños en nuestro día a día como el pájaro carpintero que picotea el tronco de un árbol una y otra vez. No podemos dejar de pensar en ciertas cosas. Les concedemos valor y presencia en la mente de manera tormentosa sin poder evitarlo, sin poder eludir ese flujo de pensamientos.
Ojalá todo fuera tan fácil como quien nos dice aquello de “pues deja de pensar en eso y ya está” o la mejor de todas “no le des importancia a lo que te genera malestar”. Sin embargo, el cerebro es como una fábrica que nunca descansa y es suficiente que nos digamos “no voy a pensar en un elefante rosa” para que, como bien sabemos, lo visualicemos.
Entonces, ¿cómo podemos desactivar esos procesos psicológicos tan desgastantes? Existen técnicas muy eficaces para frenar las preocupaciones patológicas.
Vivimos en una sociedad que usa la preocupación obsesiva como mecanismo de afrontamiento para cualquier problema. Sin embargo, la clave no está en “preocuparse mucho”, sino en pensar de manera correcta.

Claves para evitar que una preocupación se convierta en una obsesión
Hay un proverbio sueco que dice que la preocupación tiene el poder de producir grandes sombras en objetos pequeños. Es cierto. Sin embargo, ¿cómo no preocuparnos si vivimos en una realidad demandante y llena de incertidumbre? La realidad es que tenemos derecho a preocuparnos, pero hay que hacerlo de manera correcta, es decir, orientando todo ese esfuerzo mental en solucionar aquello que nos quita la calma.
Como diría Viktor Frankl, cuando nos enfrentamos a una situación adversa es obligación nuestra afrontarla y transformarla. Si no es posible, el siguiente paso es aceptarla. Algo tan lógico y evidente solo se puede lograr mediante un enfoque tranquilo, realista y centrado. Si esto es algo que nos cuesta lo indecible conseguir se debe a varias razones.
Trabajos de investigación, como los realizados en el King’s College de Londres y la Universidad de Australia occidental, recogen datos que apoyan la idea de que buena parte de nuestras preocupaciones se apoyan en sesgos cognitivos. Son muchas las personas que piensan que al preocuparse tienen o demuestran tener un mayor control. Si dejan de hacerlo y se relajan, temen ser sorprendidos por lo inesperado.
Es momento de cambiar esas ideas, esos sesgos. Veamos cómo evitar que una preocupación se convierta en una obsesión.
1. Comprende cómo funciona el mecanismo de la preocupación
La preocupación cumple un objetivo: elevar nuestra activación para que podamos actuar ante las amenazas que nos rodean. El fin último es actuar y para ello hay que trazar soluciones. Sin embargo, las personas en lugar de actuar o aceptar una realidad concreta, magnificamos aún más las amenazas estresantes.
Lo hacemos mediante la rumia, un tipo de preocupación persistente y repetitiva que, en lugar de buscar respuestas a los problemas, se hace más preguntas. La rumiación eleva las emociones de valencia negativa y el malestar. De ese modo, vamos cayendo cada vez más en los laberintos de la ansiedad.
Para evitar que una preocupación se convierta en obsesión, debemos tener presente que al alimentar la rumiación, nos mantendremos más estancados y sin posibilidades de resolver el problema.
La preocupación, la rumia y la obsesión son el resultado de un circuito de retroalimentación cerebral orquestado entre la amígdala y la corteza prefrontal.
2. Acepta el pensamiento obsesivo, pero no le sigas el juego
Debemos tenerlo claro, de poco nos van a servir frases como “ya no voy a pensar en esto” o “esta va a ser la última vez que me pare a pensar en aquello”. Porque la mente siempre vuelve, como el cachorro que corre a buscar su pelota para jugar una y otra vez. Los pensamientos son automáticos y no es fácil tener control sobre ellos.
De este modo, lo más adecuado es dejarlos, aceptar que están ahí. Investigadores de la Universidad de Hamburgo indican en un estudio que debemos ver esos pensamientos obsesivos como fenómenos mentales que van y vienen. Son como el flujo de un río que corre. Lo más importante es no darles importancia ni reforzarlos. Si están ahí, dejemos que tal y como lleguen se vayan.
3. No te juzgues, sé compasivo contigo mismo
El diálogo interno negativo que juzga y que nos critica es como el motor que alimenta la fábrica de la preocupación. No es lo adecuado. Si deseamos evitar que una preocupación se convierta en una obsesión seamos amables y compasivos con nosotros mismos. Hemos pasado por mucho en esta vida, no hay duda.
Confiemos en nuestra experiencia para abordar los retos que nos vienen. En lugar de preocuparnos, ocupémonos de lo que nos inquietaemprendiendo cambios, pensando en nuevas fórmulas para resolver problemas.
4. Haz cambios en tu rutina y que vayan en contra de tu obsesión
Si temes perder el trabajo, empieza a buscar nuevas opciones laborales. Si te preocupa lo que pueda traerte el futuro, céntrate en iniciar cosas nuevas en el presente. Hacer nuevos amigos, iniciar cursos, aprender algo diferente… Todo ello es positivo.
Los pequeños cambios cotidianos son nuevos estímulos para la mente, de ese modo logramos apartarla del foco de obsesión y preocupación.

5. Sal de tu universo obsesivo y expresa lo que sientes
Salir de tu mente para sumergirte en tu vida. ¿Cómo se consigue algo así? Hay puentes que conectan un escenario y otro que pueden ser realmente catárticos. El arte en todas sus formas y dimensiones resulta un mecanismo idóneo para evitar que una preocupación se convierta en obsesión.
Pintar, dibujar, esculpir, tejer, coser, componer, escribir… Hay múltiples posibilidades capaces de ayudarnos a apaciguar la mente, a permitir que vaya más allá de su laberinto de preocupación para apreciar la vida. Cada persona debe encontrar su medio, su lienzo personal.
No nos olvidemos tampoco de compartir tiempo con personas que sepan escuchar. Hablar de lo que nos preocupa y dejar fuera lo que atenaza dentro, también es necesario y saludable. Dejemos de vivir en nuestras islas de soledad mental donde solo crece la angustia y conectemos con lo que nos rodea de manera activa y esperanzada…
RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/como-evitar-preocupacion-se-convierta-obsesion/
