Tus hijos recogen los miedos que siembras. RAQUEL LEMOS RODRÍGUEZ

Debemos tener en cuenta que nuestros hijos actúan por imitación y que los progenitores somos su primer modelo, tanto para lo bueno como para lo malo.

Tus hijos recogen los miedos que siembras

No nos damos cuenta, puede ni siquiera seamos conscientes de ello. Pero lo cierto es que nuestros hijos recogen los miedos que a nosotros mismos nos afectan.

Por eso, la relación que mantienen los progenitores con su entorno y entre ellos es fundamental. Un modelo que repercutirá en las conductas futuras de los más pequeños.

Si como padre tengo miedo a estar solo y, por eso, sufro de una fuerte dependencia hacia mi pareja, es muy probable que mis hijos hereden este miedo. Esto tiene su lógica, debido a que las primeras personas con las que se relacionan los niños son sus padres.

Los hijos recogen los miedos que les inculcamos

En ocasiones, no es solo que los hijos recojan nuestros propios miedos, sino que les afectan todos aquellos que nosotros les inculcamos. Frases como “no te subas ahí que te vas a matar”, “no haces más que preocuparme”, “¿es que no sabes lo que es el miedo a las alturas?”, pueden influir en ellos de una manera importante.

Los hijos recogen los miedos que les inculcamos

Con el tiempo y los años, puede que esos niños se conviertan en adultostemerosos. Debido a ello, pueden evitar ponerse en peligro o lo que ellos pueden considerar peligroso. Primero puede ser no montar en un avión por miedo a que se estrelle, pero puede llegar a ser tan fuerte que imposibilite al ya ahora adulto a salir de casa por si le pasa algo…

Los niños pueden crecer creyendo que el mundo es peligroso, que todos los hombres son iguales, que el amor no existe, que el maltrato es natural… Hay muchas situaciones que los niños pueden reproducir en su vida adulta y que les generará un miedo que se gestó en su más tierna infancia.

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El riesgo de la sobreprotección

En esta línea, es necesario destacar a los padres sobreprotectores. Padres que, en su intento de proteger a su hijo, lo hacen vivir en una burbuja de la que nunca va a querer ni saber salir.

A medida que crezca, la inseguridad lo invadirá si no tiene el apoyo o la presencia de sus padres hasta para ir al banco. Es un ejemplo extremo. Pero la sobreprotección le hace a uno tener mucho miedo.

Los miedos de los padres serán los miedos de los hijos

¿Qué miedos tenían tus padres? ¿Te has dado cuenta de si los has reproducido? En ocasiones, no somos conscientes de cómo muchos miedos van pasando de generación en generación, de progenitores a hijos.

Los niños recogen los miedos que sus padres les han mostrado y que ellos mismos no han sabido solucionar. Miedo al abandono, miedo a quedarse sin dinero, a quedarse solo, a perder el control…

Hijo consolando a su padre

Todo esto le permitirá a los niños ver determinado modelo de relación que, sin duda alguna, repercutirá de manera importante en aquellas que ellos establezcan en el futuro. Incluso, si hay un miedo a expresar las emociones, a decir lo que sentimos, es muy probable que los hijos terminen reprimiendo sus propias emociones.

La gran pregunta es… ¿Podemos evitar que los hijos terminen heredando o adoptando miedos que no son suyos? Este es nuestro objetivo.

Tus hijos recogen los miedos que no sabes gestionar

Si tus hijos recogen los miedos que tú tienes o que les has inculcado, lo más importante es ser consciente de este hecho. Es algo difícil, pero muy necesario si queremos liberarlos de una carga que no les pertenece.

Una vez conscientes de lo que ocurre, podemos poner en práctica algunos consejos que nos beneficiarán a nosotros y, sobre todo, a nuestros hijos:

  • Reflexionar sobre el modelo de relación que tenemos y que nuestro hijo percibe.
  • Dejar de huir de nuestros propios miedos y empezar a afrontarlos.
  • Observar qué miedos hemos heredado de nuestros padres y que reproducimos de manera inconsciente con nuestros hijos.
  • Evitar frases negativas, pero sobre represivas, dirigidas a los niños.
  • Respetemos lo que sienten y ayudémosles a expresar sus emociones.

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Madre orgullosa de su hijo

Los hijos son una excelente oportunidad para aprender muchas cosas de nosotros mismos. Por ejemplo, ayudando a nuestros hijos a expresar sus emociones nos estaremos ayudando también a nosotros.

Si los hijos recogen los miedos que sembramos, seamos conscientes de ello y dejemos de alimentar esos miedos. Estos tan solo los perjudicarán.

RECUPERADO DE: https://mejorconsalud.as.com/tus-hijos-recogen-los-miedos-siembras/

No puedo dejar de pensar: ¿cómo detener los pensamientos rumiantes? Por: EBIEZER LÓPEZ

En ocasiones, determinados pensamientos invasivos pueden volverse recurrentes y secuestrar tu vida mental. La pregunta es: ¿qué puedes y qué no puedes hacer contra ellos?

No puedo dejar de pensar: ¿cómo detener los pensamientos rumiantes?

¿No puedes dejar de pensar en algo que te hace sentir mal? A este tipo de pensamientos se les conoce como “rumiantes” porque se repiten una y otra vez. Si bien en algunos casos no generan mayor problema, en otros pueden causar un malestar importante. Además, los pensamientos rumiantes suelen asociarse a ciertos trastornos mentales.

Si estás experimentando esta situación, debes saber que hay diferentes estrategias para manejarlos. De este modo, podrás reducir la frecuencia con que aparecen o incluso hacer que desaparezcan por completo. Por contra, tratar de ignorarlos puede provocar que dichas ideas aparezcan con más fuerza y produzcan más dolor emocional.

¿Por qué no puedo dejar de pensar?

Los pensamientos rumiantes son ideas que aparecen de manera intrusiva en nuestra mente y se fijan. Es como si el cerebro entrara en un bucle cognitivo. A veces, se trata de ideas positivas, como cuando nos alegramos de recibir una buena noticia y pensamos en eso. Sin embargo, en muchos otros casos, se trata de pensamientos que causan angustia porque se asocian con situaciones adversas.

El estrés, la ansiedad y la depresión son estados que podemos relacionar con las ideas rumiantes. Aquí ocurre una retroalimentación negativa, ya quelos pensamientos refuerzan el malestar emocional y esto a su vez promueve la rumiación. Este es el mecanismo que suele verse cuando no puedes dejar de pensar en algo que te causa angustia.

Watkins y Roberts (2020) publicaron una revisión sistemática sobre la rumiación. De esta forma, señalaron que estos pensamientos magnifican los estados negativos como la ansiedad o depresión. También afectan la capacidad de resolver problemas, causan estrés fisiológico y reducen la efectividad de la psicoterapia.

Mujer preocupada

Estrategias para lidiar con los pensamientos rumiantes

Con base en lo anterior, es fácil intuir que la rumiación puede causar verdadero sufrimiento. Las ideas intrusivas y repetitivas pueden complicar cuadros clínicos e impedir que una persona sea funcional. Por ende, son un problema que es necesario abordar cuanto antes o podría generar otras complicaciones emocionales.

Veamos algunas estrategias que puedas usar para regular los pensamientos rumiantes.

1. No intentes suprimirlos

Todos hemos sentido la tentación de intentar acabar con una idea rumiante enfrentándonos directamente contra ella con autoinstrucciones del tipo, “venga, no pienses más en eso” o “deja de darle vueltas”. No obstante, esta es una estrategia poco efectiva porque en realidad no estamos haciendo nada para trabajar los pensamientos. Solo estamos intentando hacer fuerza mental contra ellos.

En este sentido, Freud también decía que los elementos cognitivos de las ideas amenazantes que intentamos apartar de esta manera siempre terminan volviendo. En muchos casos, disfrazadas como un síntoma psicosomático para el que no hallamos ninguna explicación. En cambio, si procuras procesar esas ideas de un modo más saludable, con el tiempo irán reduciéndose y desapareciendo.

2. Enfócate en el presente

Cuando no puedes dejar de pensar, te desconectas del presente, ya que estás reviviendo el pasado o anticipando el futuro. Así, una herramienta útil para evitar la rumiación es colocando tu atención en el momento presente.

Esto lo puedes hacer mientras realizas diferentes actividades, como lavar los platos. Lo único que necesitas es colocar toda tu atención en la tarea que estás ejecutando. Escucha el sonido del agua, siente la espuma del jabón, concéntrate por completo en esa actividad. Verás como dejas de escuchar esas ideas por un rato y su importancia se reduce.

3. Realiza ejercicio físico

Bernstein y McNally (2018) desarrollaron un trabajo sobre el ejercicio físico y la regulación del malestar emocional. Los autores demostraron que ejercitarnos puede atenuar la rumiación del pensamiento y otros síntomas de estrés. Si lo practicamos de manera regular, podemos elevar nuestra resiliencia para lidiar con situaciones estresantes.

Para esto, no es necesario que te inscribas en un gimnasio o que corras una maratón. Lo ideal sería buscar alguna actividad física que te parezca interesante y que te ayude a mantenerte en movimiento. Los efectos del ejercicio en la salud mental pueden notarse incluso desde la primera sesión y si eres constante, pueden prolongarse.

4. Usa la técnica de detención del pensamiento

Si no puedes dejar de pensar, la técnica de detención del pensamiento puede ayudarte mucho. También se le conoce como parada del pensamiento y se usa de forma específica para trabajar la rumiación. Se aplica de la siguiente manera:

  • Identifica los pensamientos rumiantes que te causan malestar.
  • Selecciona un estímulo que te permita salir del bucle de pensamiento. Por ejemplo, podrías aplaudir, chasquear los dedos o dar un golpe a la mesa. Al hacerlo, puedes verbalizar una instrucción como “ya”, “basta” o “para”.
  • Busca otra actividad que puedas hacer para desviar tu atención. Puede ser escuchar música, dibujar, leer, etc.
  • Procura sustituir los pensamientos negativos por otros más positivos. Las frases como “todos cometemos errores”, “los problemas tienen solución”, te ayudan a desarrollar una visión más realista y gentil.

El objetivo de esta técnica es detener los bucles de pensamiento y devolver tu atención al momento presente. Asimismo, al incluir ideas más positivas, modificas tus esquemas de pensamiento y aumenta el bienestar. Es importante señalar que es necesario practicarla de forma constante para ver resultados.

5. Practica el mindfulness

El mindfulness o atención plena es un ejercicio terapéutico que sigue los mismos principios de la meditación. Una investigación abordó la relación entre el mindfulness, la rumiación y la reflexión en la vida cotidiana.

Los resultados comprobaron que cuando alguien desarrollaba un estado de atención plena, la rumiación no incrementaba las emociones negativas. El mindfulness demostró ser útil para mejorar la adaptación emocional y bienestar (Blanke et al., 2020).

Mujer meditando

6. Busca música relajante

Como te mencionamos al principio, si no puedes dejar de pensar es probable que estés estresado o angustiado. Por esa razón, es necesario crearnos condiciones relajantes que ayuden a reducir el malestar y la rumiación. De este modo, la música, sobre todo la de tipo instrumental con sonidos de naturaleza puede ser útil para calmarte.

7. Consigue ayuda profesional si la situación no mejora

Las estrategias anteriores pueden servir para reducir la frecuencia con que aparecen los pensamientos y eliminarlos. No obstante, cada persona tiene diferentes tipos de problemas que podrían vincularse con las ideas rumiantes. En algunos casos, estas recomendaciones pueden no ser suficientes para aliviar el malestar. Si es así, lo más aconsejable es buscar orientación profesional.

Por último, no olvides que si no puedes dejar de pensar, es probable que sea una señal de que algo no va bien. La rumiación podría ser un síntoma de ansiedad, estrés postraumático y otras afecciones serias. A través de la ayuda profesional puedes identificar de forma más precisa cuál es su situación y qué puedes hacer al respecto.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/no-puedo-dejar-pensar-como-detener-pensamientos-rumiantes/

7 prejuicios que limitan tu bienestar. Por: VALERIA SABATER

Los prejuicios son inconscientes e incoherentes y a menudo nos hacen tomar decisiones desacertadas. Reconocerlos y desactivarlos permite dar forma a un mundo más respetuoso y feliz.

7 prejuicios que limitan tu bienestar

Hay diferentes tipos de prejuicios que limitan tu bienestar. Se trata de creencias predeterminadas e inconscientes que todos tenemos sobre las personas, el mundo y cada realidad que nos rodea.

Dichas valoraciones mentales se alzan en muchos casos como sesgos que limitan nuestro potencial humano e incluso nuestra armonía social. Dificultan nuestras relaciones con los demás, simplifican nuestra visión de las cosas y nos hacen actuar con temor y escepticismo en lugar de facilitar la apertura y la flexibilidad cognitiva.

Este tipo de constructos psicológicos son en muchos casos la expresión más pura de nuestro pensamiento ilógico.

El psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman evidenció que todos hacemos uso de estos recursos cognitivos. Su finalidad es permitirnos dar respuestas rápidas al filtrar la información disponible de forma subjetiva.

Se trata de una manera de simplificar la complejidad de nuestros entornos y hacer pronósticos inmediatos en contextos de incertidumbre. ¿Debo fiarme de esa persona? ¿Con quién debería hacer equipo en el trabajo? ¿A qué tipo de información debo dar validez? ¿Cómo debería reaccionar en esta circunstancia?

Muchas de nuestras respuestas y actuaciones están mediadas por prejuicios inconscientes que no siempre nos conducen a los destinos más acertados o deseados. Profundizamos en ello.

“Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”.

-Leonardo Da Vinci-

Pareja discutiendo y pensando en los prejuicios que limitan tu bienestar

La necesidad de organizar el mundo en categorías mentales

Racismo, sexismo, edadismo, homofobia, xenofobia… Los prejuicios que limitan tu bienestar van en realidad más allá de esas dimensiones categóricas que todos conocemos. Son arquitecturas mentales inconscientes y estereotipadas que refuerzan actitudes negativas hacia muchos ámbitos de tu realidad. Y en especial hacia grupos de personas.

Si nos preguntamos por qué los creamos y reforzamos, hay varias explicaciones al respecto. Tal y como nos explicó el psicólogo Gordon Allport en su trabajo The Nature of Prejudice (1954), los prejuicios y los estereotipos son el resultado del pensamiento humano normal. Dado que nuestro mundo es complejo e impredecible, necesitamos organizarlo en “categorías” mentales.

Daniel Kahneman nos indicó que todos hacemos uso de esos heurísticos(atajos mentales) para tomar decisiones en el día a día. Asimismo, esos prejuicios están mediados también por motivaciones morales, emocionales, la educación recibida y la influencia de nuestro entorno.

Los prejuicios que nos limitan

Reconocer y desactivar los prejuicios que limitan tu bienestar partirá siempre de tu capacidad para tomar conciencia de que haces uso de ellos. Por ejemplo, preguntarte por qué refuerzas determinadas creencias sobre algunas personas ya es un avance.

No obstante, también es recomendable hacer un breve repaso de esos sesgos negativos que muchos interiorizamos. Son los siguientes.

1. Lo que no conozco es malo (prejuicio por miedo)

Este es uno de los enfoques que asientan la base de la mayoría de los prejuicios. Lo diferente es peligroso, lo que no conozco es malo y, por tanto, debo defenderme. El prejuicio por miedo no solo da forma al racismo, sino también a la conducta autodefensiva.

Esta característica define a esas personas que siempre prefieren lo malo conocido a lo bueno por conocer y que responden con inquietud y hasta desprecio ante cualquier cambio o novedad. De este modo, y en referencia a esto mismo, la Universidad James Cook realizó un estudio muy revelador al respecto.

Cuando mostramos una conducta curiosa, imaginativa y abierta a la experiencia, los prejuicios se reducen. Caen por sí mismos. Esa es la clave, ver lo diferente no como una amenaza, sino como una oportunidad de aprendizaje.

El prejuicio por miedo a lo diferente es el sustrato de la intolerancia y la raíz que bloquea toda oportunidad de cambio y progreso humano.

2. Si te pareces a mí, me gustarás más (prejuicio por afinidad)

Uno de los prejuicios que limitan tu bienestar es entender el mundo según tus propias experiencias y puntos de vista. Aquellos que tengan visiones opuestas o que no hayan pasado por lo mismo que tú no son dignos de tu confianza o amistad.

El prejuicio por afinidad nos dice que abundan las personas que siempretendrán preferencias inconscientes por quienes tienen cualidades y vivencias parecidas a las suyas.

Se mirará con mejores ojos a quien tiene las mismas ideas políticas que uno mismo o a quien ha estudiado en la misma universidad o tiene la misma nacionalidad.

3. Tu imagen me lo dice todo (prejuicio por apariencia)

El prejuicio por apariencia es todo un clásico. ¿Quién no lo ha hecho alguna vez?

La mayoría de nosotros tendemos a prejuzgar a las personas con base a su imagen y forma de vestir. Sabemos que el aspecto físico siempre importa, pero cuidado porque a veces caemos en serios errores de juicio que afilan el arma de la discriminación.

4. Hombres y mujeres nunca serán iguales (prejuicios de género)

Entre los prejuicios que limitan tu bienestar están sin duda los sesgos de género. Pensemos en ello, no es suficiente con que la propia sociedad siga reforzando determinados esquemas sexistas. En ocasiones, también nosotros seguimos interiorizando determinados prejuicios que limitan del todo nuestro potencial.

Ejemplo de ello son algunas mujeres que deciden no optar por puestos de dirección o de altos cargos porque creen que esas categorías están destinadas solo a los hombres.

5. Prejuicios que limitan tu bienestar (prejuicio de poder y belleza)

El prejuicio de poder y belleza está muy presente en nuestra actualidad. Por ejemplo, muchos jóvenes opinan que únicamente aquellos con determinados atributos físicos logran el éxito. Si hay un sesgo debilitante y negativo es suponer que la delgadez o la belleza abren puertas en todo escenario.

El prejuicio del poder y la belleza se sustenta por una baja autoestima. Se trata de un componente emocional y de un sesgo que limita nuestro potencial al pensar que todo éxito o logro de metas parte solo del aspecto físico.

6. Un error lo determina todo (prejuicio diablo)

Las personas somos a veces así de crueles, tanto para nosotros mismos como para los demás. Basta con que alguien cometa un fallo para concluir con que no es de fiar o no vale para nada.

El prejuicio diablo nos dice que basta con que alguien muestre una mala cualidad (aunque sea temporal) para que sea mejor alejarnos de ella. Es más, ese tipo de creencia también la podemos aplicar a nosotros mismos: es suficiente con equivocarnos o ser falibles en algo para pensar que somos un desastre.

Mujer pensando en los prejuicios que limitan tu bienestar

7. Cuando algo sale mal, todo irá peor (prejuicio de línea recta)

Entre los prejuicios que limitan tu bienestar está el asumir que cuando algo se tuerce, la tendencia seguirá ese mismo camino: todo seguirá yendo mal. De esta manera, mientras el prejuicio del diablo se aplica a las relaciones entre las personas, el de línea recta aparece en nuestras experiencias y eventos cotidianos.

Se trata de un filtro de negatividad que nos hace caer en la desesperanzaal prejuzgar que aquello que empieza mal no se puede enderezar.

Para concluir, nada puede ser tan catártico para nuestro potencial como tomar conciencia de estos constructos psicológicos. Como dijo William James, buena parte de las veces, cuando creemos que estamos pensando, en realidad lo que hacemos es reordenar nuestros prejuicios. No es lo adecuado.

Aprendamos a desactivarlos para razonar como merecemos y necesitamos.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/prejuicios-limitan-bienestar/