¿Qué son los pensamientos intrusivos y cómo manejarlos?
POR: GLORIA REDONDO
Los pensamientos intrusivos son no deseados, perturbadores e imprevistos. Indaguemos todo sobre esas angustias que empañan tu calidad de vida, así como algunos trucos para tratar las ideas negativas que te roban la paz.
Trasládate a este escenario: quieres cruzar la calle, pero te angustia que un automóvil te atropelle. O no sales de casa los martes, por temor a que justo ese día pase algo trágico. Los pensamientos intrusivos son motivo de preocupación para muchas personas. Sentir que la parte racional se apodera de todas las parcelas de la vida, hasta el punto de gobernarlas por completo, no es para nada agradable.
A pesar de estar extendidos en la población general, estas ideas muy pocas veces son consultadas. La vergüenza o el creer que son normales hacen que la gente viva con ellas y acabe resignada al malestar.
Sin embargo, esto no debería ser así, ya que tratarlas mejora el estado de ánimo y la calidad de vida. Por ello, te explicamos qué son y cómo se tratan estas obsesiones.
¿Qué son los pensamientos intrusivos?
Pensar de modo intrusivo es darle cabida a ideas o imágenes, la mayor parte del tiempo de carácter perturbador o angustiante, que vienen a tu mente sin previo aviso. Su naturaleza es muy variable; los temas más comunes son, entre otros, recuerdos del pasado, actos de violencia, actos sexuales y comportamientos socialmente inaceptables.
En general, los pensamientos no dejan de ser, al fin y al cabo, productos psíquicos, cosas que nuestra mente produce sin que muchas veces seamos conscientes del porqué. A lo largo de un solo día tenemos decenas. Y la mayoría, tal y como vienen, desaparecen y no volvemos a acordarnos.
No obstante, hay una pequeña cantidad que no se va y que se instala por mucho tiempo. Tales reflexiones reemplazan a las ideas principales hasta que nuestro estado mental se perturba. Y se mantienen por la importancia que solemos darle: si la idea es repetitiva y le decimos al cerebro que es relevante, ahí continuará.
Por qué aparecen estas ideas angustiantes
Los orígenes de los pensamientos angustiosos son múltiples y no suceden igual en todas las personas que los desarrollan. Aun así, es cierto que en muchos casos se puede observar un proceso, o un patrón repetitivo con peculiaridades en cada quien, que nos ayuda a entender mejor la raíz de estas cogniciones.
Hay situaciones en las que un disparador externo (un estresor) es el detonante, pero no es lo frecuente. Normalmente, no es posible establecer una causa externa; el origen se sitúa en la misma evaluación que la persona hace de sus pensamientos y la importancia que les otorga.
Lo habitual es que se presenten en individuos con alto sentido de la responsabilidad y el deber. Un pensamiento que aparece de manera casual y fortuita no se trata como tal, sino todo lo contrario. La persona empieza a sobrestimar su relevancia y a tenerlo más presente; así crea un bucle racional del que es muy difícil desprenderse.
Características de los pensamientos intrusivos
En definitiva, las características que tienen en común estos pensamientos egodistónicos y negativos son las siguientes:
- Recurrentes: vuelven una y otra vez sin modificarse.
- Desagradables: su contenido es aversivo o genera emociones negativas.
- Improductivos: no nos ayudan para planificar y ordenar las tareas del día a día.
- Obstaculizadores: dificultan la concentración, memoria y otros procesos cognitivos.
- Repentinos: aparecen de forma súbita sin poder identificar un desencadenante.
- Incontrolables: los esfuerzos para dejar de pensar son inútiles, incluso tienen el efecto contrario.
De acuerdo con un estudio divulgado en Journal of Obsessive-Compulsive and Related Disorders, casi el 94 % de las personas tienen pensamientos intrusivos con regularidad. La investigación evaluó su presencia en seis continentes y tuvo en cuenta los episodios durante los últimos tres meses. Por tanto, su manifestación está en todas las culturas.
Pensamientos obsesivos y trastornos mentales
Es cierto que tal clase de ideas obsesivas son algo extendido entre la población. Se asume como regla que todos tuvimos o tendremos alguna. Pero el impacto de estas llega a ser patológica.
De hecho, se trata del núcleo de trastornos mentales como la ansiedad generalizada o el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC). Lo que comparten ambos es que el malestar se centra en la preocupación o rumia que se percibe como invasiva e incontrolable. Cuando es así, son más un síntoma que un episodio pasajero.
Por otra parte, estas angustias pueden desarrollarse también en trastornos alimentarios, trastorno de estrés postraumático, depresión (hasta la depresión posparto) y en lesiones cerebrales traumáticas. De nuevo, en tales casos acompañan a otros síntomas; así que de forma aislada no son indicadores de estas condiciones.
Ejemplos de pensamientos intrusivos
Una situación de lo más normal puede desencadenar en una idea obsesiva, generando la relación entre un pensamiento intrusivo y la ansiedad. ¿Qué situaciones serían estas? Mira, a continuación, los ejemplos más comunes que te presentamos:
- Místicos o religiosos: imaginar escenas contrarias a lo que predica tu religión y sentir que por eso pecas.
- Relacionados con acontecimientos traumáticos: recordar algún hecho del pasado que te haga sentir miedo o angustia.
- Supersticiosos: creer que por pensar en un acontecimiento malo pasará. O que si no tienes un determinado pensamiento, algo horrible ocurrirá.
- De daño a los demás: ir por la calle y pensar que harás daño a otra persona, que sufrirás una pérdida de control y agredirás a alguien allegado, aunque jamás haya sido tu intención.
- Sexuales: objetar tu orientación o preferencias sexuales, pese a no tener dudas previas. Se suma el miedo a cometer algún acto sexual ilegal, a conocer a una amistad de tu pareja y pensar que le gustarás o que te gustará.
- Vinculados con la salud: el temor a padecer una enfermedad grave, creer que sufrirás un accidente o que ocurrirá algo malo en un determinado día o dudar sobre tu salud mental, cuestionando si en algún momento sufrirás un trastorno o si ya lo sufres y no lo sabes.
¿Cómo controlar los pensamientos intrusivos?
En cuanto al manejo de las ideas intrusivas, hay dos corrientes de tratamiento: aquellas que se enfocan en desactivar los pensamientos negativos y las que enseñan a convivir con ellos y relacionarnos de otra manera. Como dijimos antes, una de sus características más básicas es que son incontrolables. Parece paradójico, pero cuanto más se esfuerza uno por no pensar, más fuerte se hace la idea.
Por ejemplo, reflexiona por un momento en un elefante rosa. Ahora trata de quitarte esa imagen de la cabeza: aunque intentas eliminarla, más nítida aparece en tu conciencia.
En razón de ello, los métodos supresores de cogniciones tienen una eficacia limitada. En su lugar, resultan más interesantes aquellas técnicas que nos permiten aceptar los pensamientos y tratarlos como lo que son: un producto casual de nuestra mente.
La defusión cognitiva pretende ese mismo objetivo. Esta herramienta, cuyos orígenes se sitúan en la terapia de aceptación y compromiso (ACT, por sus siglas en inglés), trata de cambiar la relación con nuestros juicios. Son productos de la mente, pero que no reflejan la realidad.
De acuerdo con un estudio de la Universidad Autónoma de Madrid, la técnica de la defusión cognitiva resultó eficaz tanto para disminuir la cantidad de los pensamientos obsesivos, como el grado de malestar que estos provocaban.
Por ello, ante ideas intrusivas, considera que son como una nube: están en el cielo y a veces impiden ver el sol, pero más tarde se moverán y desaparecerán. Otros trucos que ayudan son los que ahora te compartimos.
Dormir suficientes horas
Uno de los mejores remedios cuando no se puede detener la mente es esforzarse por dormir más horas. La falta de descanso es un factor que propicia los pensamientos obsesivos. Y no solo eso, sino que, a menor cantidad de horas de sueño, más angustiosos y reales parecen. Por ello, cuidar tu descanso te ayudará a estar de mejor humor y relativizar las cosas.
Hablar de las preocupaciones con gente cercana
Tener preocupaciones y no exteriorizarlas es agobiante. Se siente como una olla a presión, en la que los gases son los pensamientos que ejercen presión sobre la olla, es decir, la cabeza. Poner en palabras los pensamientos disminuye dicha presión. Y el apoyo de los demás nos consuela y alivia.
Ensayar técnicas de respiración para rebajar el nivel de angustia
Otra solución contra el pensar negativo es incidir directo en la angustia que provocan estas ideas. En ocasiones, se forma un bucle entre pensamientos y malestar en el que ambos se retroalimentan.
En este sentido, las técnicas de respiración contribuyen en bajar la ansiedad, sobre todo en el plano físico. Respirar de forma tranquila disminuye tanto las pulsaciones como la velocidad de la cabeza.
Tener aficiones enriquecedoras para relajar la mente y distraerse
No hay que olvidar el impacto positivo que tienen las aficiones y actividades agradables sobre la salud mental. Distraerse con algo que te guste es una forma eficaz de librarte de los pensamientos desagradables. Además, relaja la mente y tu humor se volverá más positivo. Prueba con leer, hacer ejercicio, pintar o escribir.
Si las ideas obsesivas no desaparecen, ten en cuenta que un profesional de la salud mental te ofrece las herramientas para canalizarlos. No dudes en pedir ayuda.
Hay que cambiar la forma de mirar los pensamientos desagradables
La cabeza, como cualquier parte del cuerpo, necesita su descanso. Las preocupaciones y rumiaciones dificultan parar y, en muchas ocasiones, son el origen de sufrimiento psíquico. Inclusive, en la mayoría de los casos, lo que provoca el malestar no es tanto lo que nos pasa, sino la manera de reflexionar sobre ello.
A pesar de lo anterior, no debes desesperarte o perder la calma si los pensamientos te resultan molestos. El truco es aprender a convivir con estas ideas y darles el espacio justo que se merecen, para tener una mejor calidad de vida.
En definitiva, hay que evitar entrar en la lucha, porque, al fin y al cabo, es una pelea contra uno mismo de la que siempre se sale herido. Ten en cuenta todo esto y cambia el enfoque de mirar lo que te asusta de ti, seguro aprenderás cosas que jamás te has parado a contemplar.
FUENTE: https://lamenteesmaravillosa.com/que-son-los-pensamientos-intrusivos/
¿Cuál es la importancia de la motivación en el deporte?
POR: GLORIA REDONDO
Si hay un factor mental bien estudiado como facilitador del rendimiento deportivo es la motivación; ella ayuda a no desmayar ante los obstáculos. Conoce aquí todas las razones para tenerla en cuenta en los entrenamientos.
No todos los días nos levantamos con ganas de ejercitarnos, aunque debamos hacerlo por gusto, porque nos apasiona una disciplina o porque así lo recomendó el médico. Y no siempre se trata de un asunto de cansancio. Hay procesos básicos mentales que influyen en ello; entre estas variables destaca la motivación como un pilar fundamental en el deporte.
Más allá de conseguir resultados, el entusiasmo es crucial para comprometerse con el entrenamiento. Por tanto, potenciando las ganas tendremos un mejor rendimiento en las rutinas y en competiciones.
Si prácticas alguna disciplina y quieres aumentar tus progresos, sigue leyendo y descubre la importancia estar motivado/a, así como consejos para ponerlo en marcha.
«Por muy fuertes que sean mis piernas, es mi mente la que me convierte en un campeón».
Qué es la motivación en el deporte
Existen muchísimas frases deportivas de motivación e inspiración, pero la mejor metáfora que ejemplifica esta energía es la gasolina de los coches. El combustible es necesario para que el motor arranque y funcione. Entonces, la motivación es la gasolina que alimenta la conducta.
Esta es la variable responsable del inicio y mantenimiento de las acciones. Sin motivación no hay impulso para hacer un esfuerzo o para mantenerlo en el tiempo, a pesar de los obstáculos. En el ámbito deportivo es fundamental esforzarse para progresar, de ahí la relevancia motivacional para obtener resultados.
¿Pero cuáles son los principales aspectos que motivan a los deportistas? En este proceso se consideran los siguientes factores, relacionados con la motivación intrínseca y extrínseca en el deporte:
- Individuales: los gustos, preferencias e ideologías que nos hacen acercarnos a lo que nos agrada y huir de lo que nos desagrada.
- Sociales: la compañía de los demás, su aprobación o formar parte de un grupo es un refuerzo valioso y hacia lo que nos orientamos.
- Materiales: hacer algo para obtener una recompensa. Un ejemplo sería trabajar duro para ganar trofeos, medallas, dinero, reconocimiento público, etc.
Importancia de la motivación en el deporte
La actividad deportiva no se ciñe solo a los resultados físicos o materiales (si es que supone compensaciones económicas); también tiene que ver con la constancia, la superación y la confianza. Como señala la psicología del deporte, son varios los elementos que influyen en el rendimiento de un atleta.
A partir de esto, y considerando la definición anterior, ahora pasaremos a explicar en profundidad por qué es tan relevante motivarse en el ámbito deportivo.
1. Hace que persistas a pesar de las dificultades
Si hay algo que caracteriza la trayectoria deportiva de cualquier atleta, son las dificultades a las que tiene que hacer frente. Estas no se suelen ver, tan solo nos llegan los triunfos y los momentos positivos, pero, en ocasiones, los inconvenientes son tan grandes que la persona se plantea abandonar.
Motivación y compromiso son dos variables que van de la mano. Cuanto más sólida sea la primera, la segunda será mayor. Y la misma relación se aplica a la inversa.
¿Cómo se puede trabajar el compromiso con el ejercicio físico? Dándole el espacio que se merece en la rutina del día a día. Programar un momento para dedicárselo al deporte, hará que sea más fácil organizar el resto de tareas sin que invadan el tiempo libre.
2. Clarifica tus objetivos y moviliza a luchar por conseguirlos
Una diferencia entre los deportistas profesionales y los amateurs es que los primeros tienen bien claros qué objetivos quieren conseguir. Los principiantes suelen contar con una idea vaga, poco estructurada. Además, tampoco acostumbran a plantearse metas a corto, medio y largo plazo, y reevaluarlas constantemente.
No obstante, el establecimiento de objetivos es una táctica que todos los deportistas deberían poner en práctica. En este sentido, un estudio de la Universidad Autónoma de Barcelona resalta que el establecimiento de metas es una herramienta útil para elevar la motivación y la percepción de autoeficacia de los deportistas, mejorando así su rendimiento.
Con todo esto, ¿cómo deben ser nuestros objetivos? El acrónimo SMART nos da las claves para maximizar la probabilidad de éxito:
- S: específicos. Tienen que estar definidos de manera concreta y operativa.
- M: medibles en una dimensión o escala objetiva que nos permita evaluar si avanzamos en la dirección correcta.
- A: alcanzables dentro de nuestras capacidades.
- R: relevantes, o pertinentes, para conseguir un propósito a largo plazo más significativo.
- T: temporalizados. Debemos fijar para cada objetivo un tiempo límite en el cual cumplirlo.
3. Favorece la cohesión de grupo
Hasta aquí nos hemos centrado en explicar la importancia de la motivación deportiva desde una perspectiva individualista, pero en los deportes de equipotambién tiene su función.
El impulso entendido de forma grupal es el esfuerzo que hacen los miembros del grupo en la misma dirección para alcanzar una meta en común. Por ejemplo, en un equipo de fútbol, aunque cada uno tenga su posición y su tarea, al final todos trabajan de manera ordenada para ganar un partido.
De acuerdo con un artículo de la Universidad de Extremadura, la motivación es una de las condiciones que los gestores deportivos tienen en cuenta para aumentar el sentimiento grupal. La explicación radica en que el equipo se orienta a trabajar en conjunto cuando existe unión entre los jugadores.
Si estos dos factores forman un binomio, todo el trabajo destinado a potenciar una, tendrá efectos positivos sobre la otra. ¿Cómo se trabaja entonces la cohesión? Mediante dinámicas de equipo en las que los deportistas aprendan a cooperar con sus compañeros para alcanzar una meta en común.
4. Da un extra a tus capacidades físicas
Entender la parte física separada de la mental es un error, pues somos un solo cuerpo. Las capacidades motrices están estrechamente relacionadas con las mentales, por lo que a la hora de entrenar hay que considerarlas y no solo centrarse en la fuerza o la resistencia.
En relación con la motivación en concreto, un deportista que tiene claros sus objetivos aguantará más el esfuerzo físico y el dolor. Esto no quiere decir que no sienta cansancio o incomodidad, pero tiene un mayor margen para soportarlo. Incluso, valorará el cansancio de manera positiva, como un incentivo para seguir luchando.
Consejos para incrementar la motivación deportiva
El entrenamiento mental tiene que ser diario. Un error habitual en el deporte es solo preocuparse por la motivación justo antes de una competición significativa, dejándola de lado el resto de la temporada. Además, debes tener en cuenta varias estrategias para motivarte:
- Reevalúa tus objetivos cada semana y ajusta aquellos que te cuesta más cumplir.
- Tendrás días buenos y malos, pero estos últimos te permiten poner en práctica lo aprendido en los buenos.
- El establecimiento de objetivos es la herramienta más eficaz y fácil de aplicar. Considéralo para fijar metas a corto, medio y largo plazo.
- Es importante tanto el ritmo como las formas. Por tanto, sé constante y trabájalos todos los días, al igual que haces con la preparación física.
Con todo esto, si quieres ver los progresos y que tus avances no se detengan, toma nota de tales puntos y empieza por incorporar el entrenamiento de la motivación en el deporte.
FUENTE: https://lamenteesmaravillosa.com/importancia-de-la-motivacion-en-el-deporte/
Qué es el apego seguro y cómo desarrollarlo?
POR: SHARON LAURA CAPELUTO
Mostrar sensibilidad a las necesidades de los niños fomenta el desarrollo del apego seguro. En la adultez, es posible superar el apego inseguro a través del autoconocimiento.
Todo psicólogo competente reconoce que la formación del apego en la infancia no es moco de pavo, pues es un aspecto crucial y está lejos de ser algo trivial. Un apego seguro es fundamental para confiar —tanto en los demás como en nosotros mismos—, establecer las bases para construir vínculos sanos y experimentar una mayor felicidad.
Aunque es preferible desarrollar este estilo de apego durante la niñez, transformar un apego inseguro en otro más adaptativo y menos doloroso no es tarea imposible. En este artículo, exploraremos en detalle qué implica este concepto, consideraciones y claves para fomentarlo en los niños y cómo podemos cultivarlo en nosotros mismos como adultos.
¿En qué consiste el apego seguro?
John Bowlby es el psicólogo británico que revolucionó nuestra comprensión de las relaciones afectivas. Junto a Mary Ainsworth, experta en psicología del desarrollo, formuló la teoría del apego, la cual investiga cómo los vínculos tempranos influyen en la forma en la que nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos en la adultez.
La base del apego seguro se establece en tanto los cuidadores responden de manera sensible y consistente a las necesidades de los niños. Cuando los pequeños reciben este tipo de atención, se sienten amados y seguros.
Los resultados de este tipo de apego son invaluables, pues aquellas personas que lo han experimentado están mejor equipadas para establecer relaciones saludables y satisfactorias. Además, cuentan con los recursos afectivos necesarios para amar y dejarse amar, pero, al mismo tiempo, valoran su autonomía emocional y respetan la independencia de los demás.
Principales características del apego seguro

Se destaca por una serie de elementos esenciales que promueven el desarrollo emocional y psicológico saludable a lo largo de la vida. Estas son algunas de las características notables durante la infancia:
- Confianza y seguridad: el niño confía en que sus cuidadores estarán allí para él, al responder a sus necesidades físicas y emocionales con afecto y responsabilidad.
- Exploración y autonomía: el pequeño se siente tranquilo para aventurarse y explorar su entorno. La clave aquí es que el menor tiene la certeza de que cuenta con un refugio seguro al que volver cuando lo necesite.
- Seguridad en la separación: el niño comprende que su madre, padre o cuidador regresará, aunque se ausente de forma temporal.
- Autoimagen positiva: el pequeño se ve a sí mismo como merecedor y digno de amor, al sentar las bases de una autoestima con suficiente solidez para enfrentarse a cualquier desafío de la vida en el futuro.
Otros estilos de apego
Dependiendo de cómo los cuidadores se relacionen con el niño (ya sea de forma consciente o inconsciente), este desarrollará un estilo de apego particular. Como mencionamos en líneas anteriores, el apego seguro crea cimientos robustos para conexiones saludables.
Por el contrario, las carencias en el cuidado afectivo generan apegos inseguros, que tienen repercusiones negativas en la manera en que las personas se vinculan de forma emocional a lo largo de su vida. Entre los estilos inseguros se encuentran los siguientes:
- Apego ansioso ambivalente: los cuidadores son inconsistentes en sus respuestas a las necesidades del niño. A veces son afectuosos y otras veces muestran frialdad o, incluso, hostilidad. Esto genera ansiedad en el menor y una necesidad constante de confirmación afectiva, al sentir que su valía personal está en juego.
- Apego evitativo: surge cuando los padres son distantes o muestran una falta de sensibilidad o interés hacia el hijo. El pequeño desconfía de ellos y, aunque esto le cause sufrimiento, prefiere evitar el contacto. Como resultado, desarrolla una autosuficiencia excesiva.
- Apego desorganizado: los cuidadores adoptan comportamientos contradictorios y confusos. En ocasiones, este estilo puede surgir a partir de experiencias de violencia, abusos o negligencias. El niño presenta una combinación de síntomas del apego evitativo y el ansioso, al manifestar a la vez rechazo y anhelo de la cercanía de sus padres.
Es importante aclarar que los tipos de apego no representan categorías rígidas y determinantes, sino que pueden modificarse a lo largo del tiempo. Tal como se advierte en un estudio difundido en Current Opinion in Psychology, los cimientos no son el destino.
Sin importar del tipo de apego del que partas, puedes avanzar hacia un apego seguro al crecer.
¿Cómo fomentar el apego seguro en los niños?

Es evidente que criar a un niño es uno de los trabajos más complejos que una persona puede asumir. Los errores forman parte del camino. No existe la madre o padre ideal y, de manera afortunada, la perfección no es necesaria para cultivar un apego seguro en un hijo.
Sin embargo, hay ciertas medidas y cuidados que se pueden tomar en la vida diaria para fomentar este tipo de apego.
1. Mostrar sensibilidad ante sus necesidades
Es esencial responder de manera afectuosa a las necesidades del niño desde que es bebé, al ofrecer consuelo y apoyo en momentos desafiantes. En este sentido, es crucial encontrar un punto intermedio entre estar disponible y permitir la autonomía, al evitar los peligros de la sobreprotección.
Por ejemplo, si el pequeño sufre una caída leve, es importante acercarse y brindar apoyo de manera proporcionada, sin reacciones excesivas de preocupación. De esta manera, no solo demostramos que estamos allí para él, sino que también le enseñamos a enfrentar adversidades de forma equilibrada.
2. Ser consistente y previsible
Establecer rutinas claras y coherentes es imprescindible para brindar confianza y estabilidad al niño en el día a día. La consistencia en nuestras acciones cotidianas, desde las comidas hasta la hora de dormir, refuerza esa sensación de seguridad y contribuye al desarrollo de un apego seguro.
3. Hacer que se sienta querido y valorado
Sin lugar a dudas, esta es una de las responsabilidades que no podemos pasar por alto. Amar y valorar a nuestro hijo no es suficiente por sí solo; es esencial hacérselo saber con nuestras acciones:
- Aceptarlo tal y como es.
- Validar las emociones del infante, sin juzgarlas ni minimizarlas.
- Hacerle caricias, darle abrazos y decirle que lo queremos.
- Escuchar al niño y tener en cuenta su opinión.
- Respetar tanto sus gustos como intereses, y reconocer lo que lo hace único.
- Pasar tiempo de calidad con él, ya sea dedicado al juego, una charla o un paseo.
- Prestar atención cuando quiere enseñarnos algo que ha hecho o que le apasiona.
- Responder a sus pedidos de atención. Por ejemplo, si nos dice: «¡Mira, papá, cómo salto a la piscina!» o «¡Mamá, mira cómo pateo la pelota!», es importante hacerle saber que valoramos sus esfuerzos y nos alegran sus logros.
Además, a través de estos cuidados, potenciamos el sano desarrollo de su autoestima y autoconfianza, alentándolo a explorar el mundo con curiosidad y seguridad.
¿Cómo desarrollar un apego seguro en la adultez partiendo de uno inseguro?

Si tus cuidadores no lograron construir un apego seguro en tu infancia, y ahora, como adulto, enfrentas las consecuencias de ese apego inseguro en tus vínculos, tienes que saber que aún puedes transformar esa dinámica hacia otra más adaptativa. Hay oportunidad para mejorar tu autoestima, potenciar tu independencia e, incluso, construir una relación de pareja basada en un apego seguro.
No queremos engañarte: el proceso no es sencillo ni lineal. Más bien, es un camino que demanda valentía, paciencia y esfuerzo. El primer paso es el autoconocimiento.
Es esencial entender cómo te relacionas y las raíces que influyen en ello. En este contexto, la psicoterapia es una herramienta valiosa para explorar y abordar esos patrones, tal como indica un trabajo publicado en la Revista de Psicoterapia.
Una vez que tomas consciencia del tipo de apego que has construido, es crucial enfocarse en lo esencial de cada uno. Si vienes arrastrando un apego evitativo, concéntrate en aprender a confiar y ganar seguridad, para crear conexiones más profundas.
En este caso, puede ser necesario abordar el miedo al abandono o al rechazo, así como superar el temor a mostrarte vulnerable.
Por otro lado, si buscas poner en práctica técnicas para superar el apego ansioso, no pierdas de vista que tu desafío radica en deshacerte de la dependencia emocional. En este sentido, implica cultivar una mayor autonomía, fortalecer tu autoestima y amor propio, mientras aprendes a marcar límites de manera asertiva.
Para finalizar, una vez que se tiene claridad sobre las causas y los efectos del apego desorganizado, es posible transformarlo en uno seguro. Sin embargo, puede ser más difícil, ya que puede surgir de experiencias traumáticas y de profundo dolor. En este escenario, el apoyo psicoterapéutico se vuelve imprescindible para sanar las heridas del pasado y aprender estrategias para lidiar con las batallas internas.
Un esfuerzo que merece la pena
Ya sea que desempeñes el papel de madre o padre, o bien, si tienes el propósito de mejorar tu propio apego emocional, invertir tiempo y esfuerzo en este proceso puede marcar una diferencia significativa en la calidad de vida, tanto para ti como para tus hijos.
En última instancia, desarrollar un apego seguro se refleja en vínculos más satisfactorios y una vida más plena y enriquecedora. Además de sanar el pasado, este trabajo aligera el presente y establece cimientos sólidos para un futuro emocionalmente más saludable.
FUENTE: https://lamenteesmaravillosa.com/apego-seguro-y-como-desarrollarlo/
