6 estrategias para mejorar la autoestima en la adolescencia. POR: AVANCE PSICÓLOGOS
La adolescencia es para muchos jóvenes ua etapa de la vida complicada que viene de la mano de una crisis de identidad. Este tipo de crisis no se dan únicamente a nivel intelectual; también tiene claras implicaciones emocionales, y es por ello que no son pocos los que, una vez han cruzado el umbral de la pubertad, sienten vértigo ante la tarea de descubrir quiénes son en realidad, aceptarse y quererse.
En este artículo haremos un repaso a las estrategias para mejorar la autoestima más útiles para ayudar a los y las adolescentes, basadas en ideas clave usadas en psicoterapia.
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¿Por qué es importante ayudar a los adolescentes a tener una buena autoestima?
La adolescencia es una etapa de desarrollo vital clave en la que se produce la transición entre la niñez y la adultez. Por ello, las experiencias vividas durante los años en los que transcurre tienen importantes implicaciones en la configuración de la manera en el que los y las jóvenes aprenden a verse a sí mismos y a gestionar las emociones vinculadas a su identidad.
Así, el desarrollo de la autoestima durante la adolescencia es un proceso complejo, lleno de retos en los que los menores deben aprender sobre la marcha a valorarse, a centrarse en unos u otros referentes y a utilizar conceptos a través de los cuales explorarse a sí mismos y plasmar en palabras aquello que son y se sienten. No resulta fácil, porque desde el inicio de la pubertad, su referente ya no son los padres y madres, sino el resto de jóvenes de su edad (y sobre todo, los que son un poco mayores que ellos), los cuales también suelen estar bastante desorientados en esa misión de auto-descubrimiento.
Por ello, la manera en la que los adolescentes se valoran a sí mismos suele ser muy polarizante: a veces se sienten en la cima del mundo, y en otras muchas ocasiones, se sienten vulnerables y centran su atención en los que creen que son sus mayores defectos, los cuales intentan ocultar. Teniendo en cuenta eso, no sorprende que en esta etapa de la vida se dispare la frecuencia con la que se dan muchos de los trastornos psicológicos más comunes, como la depresión o los TCA.
Es habitual que la adolescencia sea emocionalmente convulsa, y en los casos más severos, los jóvenes adoptan la creencia de que “no sirven para nada”. De hecho, se ha visto que en la franja de edad entre los 12 y los 18 años, los casos de ideación suicida se disparan rápidamente en relación a los menores por debajo de los 12 años.
La buenas noticias son que, por un lado, el hecho de ser un adolescente no tiene por qué implicar tener problemas emocionales y de autoestima, y que por el otro lado, incluso en los menores que sufren estas alteraciones psicológicas es posible ofrecer ayuda eficaz tanto desde la psicoterapia como desde la familia.

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Estrategias útiles para potenciar la autoestima de un adolescente
Ante los problemas de autoestima, la mejor opción siempre es acudir a psicoterapia para explorar el caso concreto y disponer de un programa de intervención psicológica hecho a medida, independientemente de la edad de la persona. Sin embargo, ante los casos más leves, otra opción es aplicar algunas pautas y estrategias que suelen resultar útiles para impulsar hábitos desde los que es más fácil subir la autoestima. Aquí encontrarás un resumen de las más eficaces en el caso de los adolescentes.
1. No le compares con otros jóvenes de su edad
Si has notado que tiene problemas de autoestima, lo más probable es que ya se esté comparando con ellos constantemente, y además, que lo haga a través de unos criterios muy rígidos acerca de lo que es el “éxito” y el “fracaso”. De lo que se trata es precisamente de ampliar su paleta de valores y de conceptos de lo que es valioso y habla bien de uno mismo, y probablemente esto no lo encuentre en su grupo de amigos o de compañeros de clase, un contexto social relativamente pequeño en el que seguramente no habrá una gran variedad de actividades o de opiniones, gustos y puntos de vista.
Lo ideal es no fomentar a que se compare con los otros, sino que en todo caso tenga fuentes de inspiración en figuras relevantes en las que haya una parte de sus intereses. Por ejemplo, si tienes una hija adolescente que se siente mal porque se cree “rara” al gustarle el deporte, muéstrale el ejemplo de otras grandes deportistas, aunque no sean de su edad.
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2. Ayúdale a encontrar sus aficiones
Como persona adulta, es mucho más probable que tengas acceso a información o a referentes que están lejos de la vida de tu hijo/a adolescente. Descúbrele actividades que le pueden gustar, ofrécete para enseñarle un hobbie.
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3. No le animes a mirar con malos ojos aquellas actividades que resulten “raras”
Si le enseñas a reírse del diferente, eso también se volverá en su contra, porque se obsesionará con la idea de encajar totalmente en los grupos a los que quiera pertenecer y a reprimir cualquier aspectos de sí mismo que pueda resultar discordante.
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4. Ayúdale a hacer nuevos amigos
Ponle en contacto con los hijos de los vecinos, con primos lejanos, con jóvenes que acuden a una actividad extraescolar que le puede gustar, etc. Cuantas más probabilidades de crear amistades tenga, mayor capacidad tendrá de desprenderse de las relaciones tóxicas que le hacen sentirse mal con su propia manera de ser; le resultará más fácil sentirse una persona apreciada y aceptada por un grupo de jóvenes de su edad, lo cual es muy importante en la adolescencia.
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5. Ofrécele tu ayuda, pero sin interrogatorios
Si tu manera de reaccionar ante las sospechas de que tiene problemas de autoestima es disparar una ráfaga de preguntas acerca de lo que ha hecho durante el día y cómo se siente, seguramente se pondrá a la defensiva. Es mejor expresarle de manera honesta que estamos preocupados por él o ella, y decirle que nos gustaría poder ayudar.
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6. Pon en valor sus logros
Si nones tanto o más énfasis en lo que hace mal que en lo que hace bien, estarás dificultando que desarrolle una buena autoestima. Hazle saber que reconoces como tales sus logros y que aprecias su valor, y habla a los demás de ellos. De ese modo, su entorno social le dará motivos para saber valorarse e incentivos para seguir progresando en aquello que se le da bien y que le motiva.
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Los cambios emocionales durante el ciclo menstrual. POR: LAURA RUIZ
El ciclo menstrual es un período que consta de diversas fases y que suele tener una duración de 28 días de media, con variaciones dependiendo de cada mujer.
Cada fase del ciclo menstrual está supeditada a una serie de cambios biológicos. Y estos cambios a su vez producen cambios a nivel emocional en la mujer, los cuales influyen en su rutina y en las relaciones con los demás.
A continuación, y para tener una idea previa de en qué consiste el ciclo menstrual, vamos a analizarlo en etapas. Seguidamente, explicaremos cuáles son los principales cambios emocionales durante el ciclo menstrual.

Etapas del ciclo menstrual
El ciclo menstrual conlleva a su vez dos ciclos: el ciclo ovárico y el ciclo uterino. El ciclo ovárico hace referencia a cambios que se dan en los ovarios, y el ciclo uterino a cambios en el útero. Esto implica que ambos ciclos tienen lugar de forma simultánea.
Ciclo ovárico
Consiste en la fase folicular y la fase lútea. Durante la fase folicular, los ovarios se preparan para liberar el óvulo. En esta fase, se generan diversos folículos en diferentes estados de madurez, de los cuales quedará un folículo dominante, que será el que contendrá un óvulo para ser liberado por el ovario.
En la fase lútea, este folículo se convertirá en el cuerpo lúteo, e irá acompañado de un aumento de estrógenos y progesterona. La fase lútea cierra el ciclo del ovario y vuelve a empezar la fase folicular.
Ciclo uterino
El ciclo uterino engloba diferentes fases: el período, la fase proliferativa y la fase secretora.
El período
El período, término popularmente conocido como “la regla”, implica el sangrado que proviene de tejidos viejos del útero que son expulsados por la vagina.
Fase proliferativa
La fase proliferativa implica el crecimiento del revestimiento interno del útero para compensar la pérdida de tejido expulsado durante la menstruación. Finalizada la fase proliferativa, tiene lugar la ovulación.
Fase secretora
Consiste en el recubrimiento interno del útero, el cual secreta sustancias químicas necesarias para albergar un embarazo en el caso de que el óvulo sea fertilizado, o se desprende si no tiene lugar dicha fertilización. La fase secretora cierra el ciclo del útero y vuelve a empezar el periodo.
Con tantos cambios fisiológicos en el cuerpo durante el ciclo menstrual, no es de extrañar que esto produzca en una serie de cambios emocionales en la mujer.
A continuación, los clasificamos en función de si son síntomas premenstruales o postmenstruales, ya que la fase de periodo o menstruación conlleva variaciones importantes en cuanto a niveles hormonales.
Cambios emocionales durante el ciclo menstrual: síntomas premenstruales
Justo antes de la menstruación, los estrógenos y la progesterona están muy bajos, lo que produce un conjunto de cambios emocionales característicos:
Irritabilidad
Es considerado uno de los cambios más frecuentes, incluso muchas mujeres lo viven como una señal de que les va a venir pronto el periodo.
Es un síntoma muy fácil de detectar porque aumenta la tendencia a la irritación o el enfado.
Ansiedad
La ansiedad también es considerada como un síntoma habitual. Antes de la menstruación, el cuerpo se ha preparado para desarrollar un posible embarazo, y viene de tener un cambio hormonal muy oscilante.
Estado de ánimo deprimido o fatiga
Un estado de ánimo deprimido también es característico del período premenstrual. Este suele estar asociado a un descenso en la energía, ya que el cuerpo está destinando mucha energía a modificar estados del óvulo y a desprender tejido uterino.
Problemas para conciliar el sueño
Los cambios hormonales van paralelos a cambios en los ritmos circadianos del cuerpo. Es decir, alteraciones de sustancias químicas que regulan el sueño y la vigilia en el organismo.
En el período premenstrual, estas sustancias se alteran y pueden dar lugar a problemas de sueño o insomnio. Aunque estas no sean alteraciones emocionales propiamente dichas, sí pueden originarlas debido al cansancio acumulado.

Cambios emocionales durante el ciclo menstrual: síntomas postmenstruales
Los cambios emocionales durante el ciclo menstrual de tipo postmenstrual no son tan variados ni tan frecuentes. Consisten básicamente en los siguientes:
Aumento de energía y entusiasmo
Pasado el período de baja energía y fatiga, se produce un período en el que hay un aumento de energía en el organismo. La mujer experimenta un estado de mayor actividad y entusiasmo.
Hay que tener en cuenta que la raíz de este conjunto de cambios emocionales es la alteración hormonal que experimenta el organismo.
Depresión y fatiga
Estas alteraciones que mencionamos no son solo a nivel de ovario o útero, sino que conectan con el cerebro. Así, también se han descrito variaciones en la serotonina, un neurotransmisor muy relacionado con la depresión, la fatiga o los problemas para conciliar el sueño.
En conclusión, es importante conocer el ciclo menstrual, así como tener una idea de los síntomas que puedan aparecer en él. Conocer los síntomas nos ayudará a poder entenderlos y a tratarlos sin prejuicios, con efectividad y naturalidad.
RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/cambios-emocionales-durante-ciclo-menstrual/
La autoestima durante el proceso de divorcio. POR: Alejandra Alonso
Está bien. Sé que el titulo es un poquito exagerado. No es la peor pregunta del mundo, pero hoy quiero reflexionar un poco sobre la forma en que iniciamos las sesiones. Hablo del clásico: “¿Cómo te fue en la semana?”, y sus variantes. Esta pregunta en realidad no tiene nada de malo por naturaleza, expresa interés por escuchar a la persona, pero en la consulta es una pregunta demasiado abierta y poco útil para ayudar a los consultantes que tienen problemas para mantenerse enfocados en las sesiones, poca motivación y dificultades para progresar en el tratamiento.
Al utilizar un lenguaje preciso y al planear muy bien nuestras intervenciones evitaremos distraernos con pequeños problemas que surgen entre sesiones y nos mantendrá a nosotros y a los consultantes en los objetivos del tratamiento.
Russ Harris en su libro Getting unstuck in ACT algunas preguntas y estrategias que podemos usar en la consulta para generar el cambio que los consultantes necesitan. He puesto a prueba estas recomendaciones con bastante éxito y aprovecho para compartirlas contigo.
En vez de empezar con la clásica pregunta “¿Cómo te fue en la semana?”, podemos empezar con estas preguntas abiertas y directas como las que leerás a continuación (por favor adáptalas a tu estilo y propio lenguaje):
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- “Cuéntame, ¿cómo te fue en términos de vivir según tus valores?”
- “¿Cómo fue tu experiencia con los ejercicios de defusión”? ¿Qué notaste al practicar el ejercicio de aceptación, exposición, etc.)?”
- “¿Pudiste usar la hoja de registro que usamos en la sesión anterior? ¿Qué pudiste detectar?”
Si la consultante pudo practicar o hacer los ejercicios, procedemos con preguntas más reflexivas:
- “¿Qué diferencia encontraste?”
- “¿En qué otras ocasiones pudiste hacerlo?”
- “¿Cómo afectó a tu pareja (amigos, hijos, etc.)?
- “¿Cómo podrías seguir practicando esta habilidad o seguir haciéndola?”
- “¿Cómo puedes practicar estas habilidades en otras áreas de tu vida?”
En caso de que el consultante no haya podido practicar las actividades propuestas en la sesión anterior, Harris recomienda decir algo así (nuevamente adaptalo a tu estilo):
“Es muy frecuente que digamos que vamos a hacer algo y no lo hagamos. Todo el mundo lo hace. A mí me pasa muchas veces. ¿Te parece si podemos comenzar esta sesión explorando que se interpuso en tu práctica y como podemos abordar esta dificultad la próxima vez que aparezca?”
Es una intervención breve, respetuosa y directa.
Una vez que el consultante ha aceptado nuestra propuesta podemos utilizar el acrónimo FEAR (miedo) para explorar las dificultades que experimentó el consultante. Es algo parecido al análisis de enlaces perdidos en DBT, pero mucho más breve y adaptado a los procesos de ACT.
- F = Fusión. Cuando nos proponemos hacer cambios significativos en nuestra vida es normal que nuestra mente nos arroje pensamientos “negativos” con los que nos fusionamos rápidamente. Algo como: estoy demasiado ocupada, no puedo hacerlo, fallaré, es demasiado difícil, todos se reirán de mí, no vale la pena hacerlo, etc. Estos pensamientos en sí mismos no son un problema, son pensamientos, pero cuando nos fusionamos con ellos nos estancamos en nuestro sufrimiento.
- E = Objetivos demasiado grandes (excesivos). Cuando nos planteamos objetivos demasiado grandes o cuando no tenemos los recursos y habilidades, es muy probable que fracasemos y nos demos por vencidos. Los recursos necesarios podrían incluir habilidades, tiempo, dinero y salud física.
- A = Alejarse (evitación) de la incomodidad. El cambio suele generar sentimientos incómodos, sobre todo ansiedad. Si no estamos dispuestos a aceptar esta incomodidad, no podremos avanzar y construir la vida que queremos.
- R = Retirado de mis valores. Si perdemos contacto con nuestros valores o no parece importante, entonces perdemos la motivación. ¿Para qué estoy haciendo todo este esfuerzo, sino tengo claro porqué lo hago?. Esto se presenta comúnmente en cuatro formas: (1) los consultantes no quieren o no pueden acceder a sus valores; (2) confunden las reglas y la moral con los valores; (3) declaran un valor, pero no se conectan realmente con ellos y / o (4) usan los valores de su religión, cultura o sus padres en vez de los propios.
Para abordar los obstáculos presentados podemos usar la herramienta DARE (atrévete):
- D = Defusión. Identificamos los pensamientos que nos detienen y nos defusionamos de ellos.
- A = Aceptación de la incomodidad. Le hacemos espacio a los pensamientos y sensaciones dolorosas, no porque nos gusten, sino porque así podemos hacer lo que es realmente es importante para nosotros.
- R = Objetivos realistas. Si no estamos listos para alcanzar nuestros objetivos, podemos hacer dos cosas.
- Podemos crear un nuevo objetivo que nos permita obtener las habilidades o recursos necesarios para alcanzar el objetivo final que buscamos. Si no tenemos las habilidades necesarias, nuestro objetivo es aprenderlas. Por ejemplo, si el consultante no tiene tiempo, probablemente necesite aprender a organizar mejor su horario. Si no tiene dinero, necesita habilidades de presupuesto, etc. La idea es ayudarlo a construir las habilidades que necesita para construir el camino para el objetivo mayor.
- En caso de que el consultante no pueda aprender las habilidades o no tenga los recursos necesarios, entonces tenemos que aceptar dichas limitaciones y cambiar los objetivos lo mejor que se pueda.
- E = Encuentro con mis valores. Si el consultante no tiene la motivación para empezar a realizar los cambios que necesita. Debemos tomarnos un tiempo en reflexionar junto con la consultante cual es la razón. Podemos preguntarle si es realmente es importante este valor y por qué.
