La autoestima durante el proceso de divorcio. POR: Alejandra Alonso

Está bien. Sé que el titulo es un poquito exagerado. No es la peor pregunta del mundo, pero hoy quiero reflexionar un poco sobre la forma en que iniciamos las sesiones. Hablo del clásico: “¿Cómo te fue en la semana?”, y sus variantes. Esta pregunta en realidad no tiene nada de malo por naturaleza, expresa interés por escuchar a la persona, pero en la consulta es una pregunta demasiado abierta y poco útil para ayudar a los consultantes que tienen problemas para mantenerse enfocados en las sesiones, poca motivación y dificultades para progresar en el tratamiento.

Al utilizar un lenguaje preciso y al planear muy bien nuestras intervenciones evitaremos distraernos con pequeños problemas que surgen entre sesiones y nos mantendrá a nosotros y a los consultantes en los objetivos del tratamiento. 

Russ Harris en su libro Getting unstuck in ACT algunas preguntas y estrategias que podemos usar en la consulta para generar el cambio que los consultantes necesitan. He puesto a prueba estas recomendaciones con bastante éxito y aprovecho para compartirlas contigo. 

En vez de empezar con la clásica pregunta “¿Cómo te fue en la semana?”, podemos empezar con estas preguntas abiertas y directas como las que leerás a continuación (por favor adáptalas a tu estilo y propio lenguaje):

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  • “Cuéntame, ¿cómo te fue en términos de vivir según tus valores?”
  • “¿Cómo fue tu experiencia con los ejercicios de defusión”? ¿Qué notaste al practicar el ejercicio de aceptación, exposición, etc.)?”
  • “¿Pudiste usar la hoja de registro que usamos en la sesión anterior? ¿Qué pudiste detectar?”

Si la consultante pudo practicar o hacer los ejercicios, procedemos con preguntas más reflexivas:

  • “¿Qué diferencia encontraste?”
  • “¿En qué otras ocasiones pudiste hacerlo?”
  • “¿Cómo afectó a tu pareja (amigos, hijos, etc.)?
  • “¿Cómo podrías seguir practicando esta habilidad o seguir haciéndola?”
  • “¿Cómo puedes practicar estas habilidades en otras áreas de tu vida?”

En caso de que el consultante no haya podido practicar las actividades propuestas en la sesión anterior, Harris recomienda decir algo así (nuevamente adaptalo a tu estilo): 

“Es muy frecuente que digamos que vamos a hacer algo y no lo hagamos. Todo el mundo lo hace. A mí me pasa muchas veces. ¿Te parece si podemos comenzar esta sesión explorando que se interpuso en tu práctica y como podemos abordar esta dificultad la próxima vez que aparezca?”

Es una intervención breve, respetuosa y directa.

Una vez que el consultante ha aceptado nuestra propuesta podemos utilizar el acrónimo FEAR (miedo) para explorar las dificultades que experimentó el consultante. Es algo parecido al análisis de enlaces perdidos en DBT, pero mucho más breve y adaptado a los procesos de ACT.

  • F = Fusión. Cuando nos proponemos hacer cambios significativos en nuestra vida es normal que nuestra mente nos arroje pensamientos “negativos” con los que nos fusionamos rápidamente. Algo como: estoy demasiado ocupada, no puedo hacerlo, fallaré, es demasiado difícil, todos se reirán de mí, no vale la pena hacerlo, etc. Estos pensamientos en sí mismos no son un problema, son pensamientos, pero cuando nos fusionamos con ellos nos estancamos en nuestro sufrimiento. 
  • E = Objetivos demasiado grandes (excesivos). Cuando nos planteamos objetivos demasiado grandes o cuando no tenemos los recursos y habilidades, es muy probable que fracasemos y nos demos por vencidos. Los recursos necesarios podrían incluir habilidades, tiempo, dinero y salud física. 
  • A = Alejarse (evitación) de la incomodidad. El cambio suele generar sentimientos incómodos, sobre todo ansiedad. Si no estamos dispuestos a aceptar esta incomodidad, no podremos avanzar y construir la vida que queremos.
  • R = Retirado de mis valores. Si perdemos contacto con nuestros valores o no parece importante, entonces perdemos la motivación. ¿Para qué estoy haciendo todo este esfuerzo, sino tengo claro porqué lo hago?. Esto se presenta comúnmente en cuatro formas: (1) los consultantes no quieren o no pueden acceder a sus valores; (2) confunden las reglas y la moral con los valores; (3) declaran un valor, pero no se conectan realmente con ellos y / o (4) usan los valores de su religión, cultura o sus padres en vez de los propios. 

Para abordar los obstáculos presentados podemos usar la herramienta DARE (atrévete):

  • D = Defusión. Identificamos los pensamientos que nos detienen y nos defusionamos de ellos. 
  • A = Aceptación de la incomodidad. Le hacemos espacio a los pensamientos y sensaciones dolorosas, no porque nos gusten, sino porque así podemos hacer lo que es realmente es importante para nosotros. 
  • R = Objetivos realistas. Si no estamos listos para alcanzar nuestros objetivos, podemos hacer dos cosas.
    • Podemos crear un nuevo objetivo que nos permita obtener las habilidades o recursos necesarios para alcanzar el objetivo final que buscamos. Si no tenemos las habilidades necesarias, nuestro objetivo es aprenderlas. Por ejemplo, si el consultante no tiene tiempo, probablemente necesite aprender a organizar mejor su horario. Si no tiene dinero, necesita habilidades de presupuesto, etc. La idea es ayudarlo a construir las habilidades que necesita para construir el camino para el objetivo mayor. 
    • En caso de que el consultante no pueda aprender las habilidades o no tenga los recursos necesarios, entonces tenemos que aceptar dichas limitaciones y cambiar los objetivos lo mejor que se pueda. 
  • E = Encuentro con mis valores. Si el consultante no tiene la motivación para empezar a realizar los cambios que necesita. Debemos tomarnos un tiempo en reflexionar junto con la consultante cual es la razón. Podemos preguntarle si es realmente es importante este valor y por qué. 

¿Por qué la pandemia de coronavirus ha impulsado los casos de adicciones?. POR: Nahum Montagud Rubio

La pandemia por coronavirus ha traído consigo no únicamente una crisis sanitaria médica de grandes proporciones, sino también un incremento de problemas de salud mental, sobre todo la depresión y la ansiedad.

A su vez, estos dos problemas psicológicos han contribuido a que, combinados con las medidas de confinamiento y la incertidumbre económica y social que se vivió durante los momentos más duros de la pandemia, se haya producido lo que bien podríamos denominar como una segunda pandemia: la de las adicciones. En este artículo veremos qué es lo que ha hecho que se hayan incrementado tanto los casos de drogodependencias durante la crisis sanitaria.

Aparición y consolidación de adicciones durante la pandemia del coronavirus

El estrés y la incertidumbre que ha provocado el COVID-19 ha dado como resultado un incremento en la demanda de servicios de salud mental. La ansiedad y la depresión han sido dos problemas psicológicos que han crecido con fuerza desde que comenzara la crisis sanitaria en marzo del 2020, pero no son los únicos problemas que han incrementado su número de casos, siendo de hecho factores de riesgo para presentar varios trastornos mentales, entre ellos la adicción a sustancias.

Los psicoterapeutas y otros profesionales encargados de la salud mental han visto cómo el uso y abuso de sustancias, como opioides y psicoestimulantes, ha crecido enormemente. Muchas personas han caído en adicciones, consolidadas en la pandemia a causa de varios factores, entre ellos la soledad, el aburrimiento, el estrés y el miedo a contagiarse del virus, condiciones que todas ellas combinadas han creado la tormenta perfecta para que no solo hablemos de una pandemia vírica, sino también de adicciones.

Añadido a los riesgos para la salud que trae por sí solo el trastorno por consumo de sustancias, se ha visto que las personas drogodependientes son más propensas a desarrollar los peores síntomas de la enfermedad por COVID-19, tener más secuelas una vez se haya superado la enfermedad y haber un aumento significativo de las posibilidades de acabar hospitalizado y morir por coronavirus.

Atendiendo a datos de los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, en el mes de junio de 2020 se reportó que cerca del 13% de los ciudadanos del país empezó e incrementó el consumo de sustancias adictivas, tanto lícitas como ilícitas. La principal explicación detrás de este incremento fue que la población consumía drogas como método de afrontamiento al estrés y las emociones negativas producidas por la crisis sanitaria.

Si bien que la población comenzara a tomar más drogas no significa que todas las personas cayeran en adicciones, sí que este fenómeno resulta ser muy preocupante puesto que, derivado de él, aumentaron también los casos de sobredosis, disparados ya desde el inicio de la pandemia. El sistema ODMAP, un aplicativo para monitorizar los casos de sobredosis en los Estados Unidos, indicó que en los primeros meses de la pandemia hubo un aumento del 18% de estos casos en comparación con los mismos meses de 2019.

Adicciones en la crisis del coronavirus

La crisis del COVID y los trastornos por consumo de sustancias

En base a las investigaciones y la observación clínica llevada a cabo durante la pandemia, los expertos consideran que uno de los mayores causantes del incremento del consumo de sustancias tiene directamente que ver con la incertidumbre económica, el sentimiento de soledad y el miedo provocado por el miedo a contraer la enfermedad.

Todos ellos se dieron de forma combinada al principio de la pandemia, momentos en que todas las personas se sintieron más estresadas y solas, lo cual las predispuso a tomar decisiones poco saludables, entre ellas beber y tomar drogas.

A medida que las personas van sintiendo más estrés, sienten que tienen menos formas efectivas de manejar esta emoción, y más si tenemos en cuenta la naturaleza de las medidas antiCOVID-19 de la mayoría de los gobiernos del mundo. Por ejemplo, actividades que pueden verse como favorecedoras de la resiliencia, como hacer ejercicio al aire libre o quedar con los amigos, no fueron posibles debido a la prohibición de toda actividad no esencial ni debidamente justificada.

Ante estas prohibiciones, las personas que antes de la pandemia ya tenían problemas de ansiedad pero que los controlaban haciendo deporte, paseando o reuniéndose con sus amigos vieron como de la noche a la mañana tenían que ingeniárselas para aprender un nuevo método para gestionar sus emociones. Fue debido a esto que muchas personas recurrieron como método principal de afrontamiento estrategias poco sanas, entre ellas la sobreingesta de comida, el consumo de pornografía de forma abusiva y, tambén, el abuso de sustancias, siendo las estrellas el alcohol y el tabaco.

El impacto de la crisis del COVID-19 en los patrones de uso de drogas

El aumento en el uso de sustancias se ha dado tanto en términos de cantidad como de frecuencia, y en algunos casos se ha pasado a drogas más peligrosas.

Hay personas que ya abusaban de sustancias antes de la pandemia que las sustituyeron por otras nuevas, más fáciles de obtener desde casa pero también menos seguras, debido a que a causa de las restricciones y medidas de confinamiento no tenían acceso a los proveedores habituales.

Este cambio a una nueva droga es considerada una de las razones por las que la mortalidad asociada al consumo de sustancias se ha incrementadodurante la pandemia. Por ejemplo, una persona que antes consumía heroína, al empezar la pandemia y dejar de tener provisiones de esta droga, la puede haber sustituido por fentanilo, un opioide sintético similar a la morfina pero 100 veces más potente. Al no tener tanta experiencia con esta droga como con la cocaína, el consumidor puede infravalorar sus efectos y provocarse una sobredosis con efectos fatales.

También hay una explicación práctica al porqué del incremento de los casos de sobredosis, y no solo por el aumento del consumo de sustancias. Las personas han sido más propensas a morir por abuso de sustancias durante la pandemia debido a que en muchos casos estaban solas. Esto significa que no había nadie para detenerles o convencerles de reducir el consumo y, además, en caso de darse complicaciones no había nadie que pudiera llamar a los servicios de emergencias o administrar naloxona, una agente que revierte los efectos de los opiáceos.

La importancia de una correcta atención en psicoterapia

Los estresores que han incrementado el consumo de sustancias siguen todavía vigentes e, incluso cuando se dé por finalizada la pandemia de COVID-19, muchas personas tardarán meses, puede que años en reducir su consumo de tabaco, alcohol, café, drogas ilícitas o dejar de comer de forma abusiva.

El estrés y ansiedad detrás de estos comportamientos propiamente adictivos no se desvanecerá por arte de magia y seguirá habiendo mucha incertidumbre incluso cuando deje de haber crisis sanitaria, preocupación que de no ser debidamente tratada puede manifestarse en una sobredosis de drogas a la larga.

Si un paciente reconoce que ha estado consumiendo alguna sustancia, sea directa o indirectamente por la pandemia, la psicoterapia se enfoca en ayudar al paciente a entender qué factores estresantes lo han predispuesto a consumir sustancias. Añadido a esto, se buscan vías alternativas más sanas y adecuadas para enfrentarse al estrés, tanto al que provoca una crisis sanitaria como un desastre humanitario o problemas cotidianos en la vida del paciente.

Se ayuda al paciente a realizar un análisis funcional del rol que tiene la droga en su vida y, así, buscar algo que lo sustituya sin suponer riesgos para su salud.

Cabe destacar que, teniendo en cuenta cómo la pandemia ha incrementado el consumo de sustancias, debería convertirse en hábito entre los profesionales preguntar a su paciente si consume algún tipo de droga, por muy incómoda que pueda ser la pregunta, y conocer cuál consume, en qué cantidad y con qué frecuencia. Si bien esto forma parte de la fase de entrevista clínica, a veces es pasada por encima.

Además, no se debe asumir que un paciente no tenga un trastorno de consumo de sustancias no significa que no esté consumiendo drogas abusivamente ni sienta que ha perdido el control.

¿Por qué se duermen las manos al dormir? POR: SERGIO De Dios GONZALEZ

A todos nos ha pasado alguna vez. Te levantas en la madrugada para ir al baño y descubres que tu mano o brazo está completamente entumecido. La sensación de hormigueo puede ser leve o intensa y la inactividad de las extremidades puede generarte ansiedad. Si te ha pasado varias veces, hoy te decimos por qué se duermen las manos al dormir.

Al contrario de lo que crees, la mayoría de los casos son benignos. Se debe a un proceso de comprensión de los nervios que impide, de manera temporal, el envío de señales eléctricas. El término médico para ello es parestesia, condición que también se puede generar sin que haya una compresión física en el exterior. De ello te hablamos en breve.

Entumecimiento en las manos al dormir

El entumecimiento en las manos al dormir, o parestesia, es una condición muy común que afecta a personas de todas las edades. Se caracteriza por una sensación de rigidez y hormigueo que no impiden la flexibilidad de las articulaciones.

Como ya estás intuyendo, se genera porque comprimes tu brazo o tu mano mientras duermes. Si parte de tu cuerpo presiona la extremidad, se interrumpe la irrigación sanguínea y la comunicación de algunos nervios. También se puede generar ante procesos de inactividad prolongados.

El cambio de posición con respecto a tu cuerpo también puede generar el síntoma; puede ser tu caso si estiras uno de tus brazos, y este cae ligeramente por el borde de la cama. Por lo general es temporal y desaparece de manera gradual hasta recuperar por completo la movilidad.

Por supuesto, esta condición también puede ser un síntoma de algún problema subyacente. Aunque la explicación dada es la más común, es posible que estés desarrollando estos episodios debido a las siguientes afecciones:

Neuropatía periférica

De acuerdo con Harvard Health Publishing esta es una de las principales causas del por qué se duermen las manos al dormir. La neuropatía periférica es la interrupción de la comunicación en los nervios del sistema periférico, lo que origina entumecimiento y hormigueo en manos y pies.

Su prevalencia en la población es en torno al 2,4 %, aunque en los adultos mayores de 55 años el número asciende a 8 % (de acuerdo con la evidencia). Existen muchas explicaciones para esta condición. Si eres diabético, has sufrido una infección, te has expuesto a toxinas o has tenido un traumatismo reciente es posible que la desarrolles.

Síndrome de salida torácica

También se conoce como síndromes de comprensión de salida torácica, porque en realidad son varios trastornos con características en común. Se produce cuando los nervios o vasos sanguíneos entre la primera costilla y la clavícula se comprimen.

Esto ocasiona entumecimiento de las manos, el cual se puede extender a todo el brazo y parte del cuello. Es relativamente común, en especial entre quienes pasan varias horas frente al ordenador. La razón de ello es que la cabeza suele adelantarse un poco en relación con el cuerpo, lo que genera la presión en el área.

Estenosis de cuello cervical

Denominada también estenosis espinal cervical o estenosis del conducto vertebral. Se origina por estrechamientos en los espacios de la columna vertebral que ocasionan poco espacio para los nervios. Cuando esto sucede se presionan y derivan en errores de comunicación.

La mayoría de los pacientes no desarrollan síntomas, salvo por el entumecimiento u hormigueo en las dedos de las extremidades. Este empeora al acostarse, debido a que la posición de la columna y el cuello genera más presión. Muchos utilizan collarines para aliviar esta sensación durante sus horas de descanso.

Síndrome del túnel carpiano

Otra de las condiciones frecuentes entre quienes pasan mucho tiempo frente a las pantallas. Se estima que afecta entre el 4 % y el 5 % de la población en todo el mundo, de modo que no es una afección rara. Se origina por una compresión del nervio mediano que pasa por tu muñeca.

No es infrecuente que la sensación de hormigueo, entumecimiento y debilidad te invadan mientras duermes. El síndrome se produce por un defecto anatómico de tu muñeca, por movimientos repetitivos, lesiones, traumatismos u otras enfermedades. Es una de las causas más comunes del por qué se duermen las manos al dormir.

Podríamos seguir esta lista presentando a más de cien condiciones, pero  estas cuatro son sin duda las principales que ocasionan entumecimiento de las extremidades al dormir. Te apuntamos aun así una lista con otras posibles explicaciones:

  • Diabetes.
  • Espasticidad.
  • Herpes zóster.
  • Ataques de pánico.
  • Deficiencia de minerales (hierro, potasio, sodio, calcio, vitamina B12 y demás).
  • Ingesta de algunos alimentos.
  • Ingesta de drogas recreativas antes de dormir.
  • Migraña con aura.

¿Qué hacer para evitar el entumecimiento de manos al dormir?

A pesar de la lista anterior, ten en cuenta lo que ya te hemos dicho: la respuesta al por qué se duermen las manos al dormir se encuentra en compresiones durante el sueño. Para verificar si esta es la verdadera causa puedes incluir una serie de hábitos durante las horas de descanso. Entre los principales destacamos los siguientes:

  • Evita dormir en posición fetal.
  • No coloques tu mano debajo de la almohada al dormir de lado.
  • En caso de que duermas boca abajo, procura que tus brazos estén a los lados. Evita que todo tu cuerpo los comprima al situarlos debajo de tu pecho.
  • Procura que todo tu cuerpo se encuentra en la misma línea. Si subes o bajas las manos en relación con tu cabeza se puede generar entumecimiento.

Otra de la cosas que puedes hacer, en caso de que pases mucho tiempo frente al ordenador, es incluir breves descansos de 5-10 minutos en los cuales realizarás pequeñas sesiones de estiramiento. Hacer masajes en tus brazos y manos antes de ir a dormir también es un punto a tu favor.

Todo esto por supuesto en caso de que sea un problema de comprensión al dormir. Aplica estos consejos durante una semana y, si no percibes mejoría, considera recurrir a un especialista para descartar o confirmar alguna de las afecciones citadas. Hazlo en especial si los episodios son muy frecuentes e intensos.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/por-que-se-duermen-manos-dormir/

Tener a alguien que te escuche reduce el deterioro cognitivo. POR: VALERIA SABATER

Sentirnos escuchados y comprendidos es una necesidad básica a cualquier edad. De hecho, tener a alguien con quien hablar y que nos escuche de manera auténtica, revierte en nuestra salud cerebral.

Tener a alguien que te escuche de manera auténtica, cercana y sensible es algo más que un regalo. Es una alianza para tu salud física y psicológica. Según estudios recientes, algo tan básico puede reducir tu deterioro cognitivo y permitirte llegar a edades avanzas con unas mejores facultades cerebrales. Así que no dudes tampoco en ser un buen oyente para las personas que estén cerca de ti.

Todos sabemos lo relevante que es la buena comunicación para nuestro bienestar y nuestras relaciones. No solo necesitamos contar con una o varias personas a quienes poder compartir nuestros pensamientos, necesidades y experiencias. Necesitamos saber que somos escuchados y comprendidos. Sin embargo, esto no siempre es tan fácil de conseguir.

Hay quien comparte nuestro sofá, pero aún así no está disponible. Puede decirnos que sí con la cabeza, sonreír, pero al poco no tardamos en darnos cuenta de que su mente está a años luz de nosotros. Abundan los que escuchan solo para responder o rebatirnos y los que, sencillamente, no tienen la paciencia o la habilidad emocional para conectar con nosotros de forma empática.

Tener a alguien que te escuche revierte en tu salud cerebral

La comunicación eficaz y productiva requiere que seamos buenos oyentes. La vida por sí misma ya es complicada y si hay algo evidente es que cada uno de nosotros tenemos nuestra propia versión de las cosas. Si no somos capaces de escucharnos para comprender las realidades ajenas, difícilmente llegaremos a acuerdos o incluso a poder convivir en armonía.

Sin embargo, hay otro aspecto clave. Escuchamos para algo más que para resolver problemas o llegar a acuerdos. Escuchar al otro es darle presencia y validarlo como persona. Es conectar con su realidad sin juzgar para decirle “estoy aquí para ti”. Implica saber ir más allá de las palabras para leer en su comunicación no verbal, en sus gestos, su tono de voz, etc.

Tener a alguien que te escuche es esencial en la infancia y la adolescencia. También en la edad adulta, por supuesto. Tanto es así que un estudio reciente realizado en la escuela de medicina de la Universidad de Nueva York señala algo muy importante.

Sentirnos escuchados en el día a día revierte en nuestra salud cognitiva, hasta el punto que puede ser un amortiguador ante la enfermedad de Alzheimer.

Las interacciones sociales significativas mejoran nuestra función cognitiva

En el campo de las enfermedades neurodegenerativas, hay un hecho que sigue llamando la atención de los expertos. En los análisis postmortem de muchos adultos de edad avanzada se puede ver cómo el cerebro evidencia signos evidentes de alzhéimer. Hay marcadores de la enfermedad sin embargo, esta no se ha llegado a desarrollar. ¿Cuál puede ser la causa?

En realidad, aún no se han identificado todos los mecanismos que impiden que la enfermedad avance. Sin embargo, sabemos que factores como mantener una vida social activa y de calidad actúan de amortiguador. Gracias a este trabajo publicado en la revista JAMA Network Open, se ha visto que tener a alguien que te escuche favorece lo que se conoce como resiliencia cognitiva.

La resiliencia cognitiva y el apoyo emocional cotidiano

Tener muchos amigos, familia, pareja… puede ser o no ser gratificante. Todo depende de la calidad del vínculo, de la conexión emocional. A veces, personas con una gran red social sienten el peso insufrible de la soledad. En cambio, hay quien cuenta con dos o tres amistades y tiene con ellas un pilar tan enriquecedor como gratificante en todos los sentidos.

Tener a alguien que te escuche es disponer de una figura con quien compartir miedos, alegrías, necesidades, preocupaciones... Disponer de buenos soportes emocionales nos confiere calma mental y seguridad. El estrés se reduce, vemos esperanzas en días de tinieblas, se enciende la motivación y las ganas por seguir moviéndonos con el mundo…

Todo ello impulsa la resiliencia cognitiva, es decir, la capacidad de afrontar el envejecimiento con las funciones cerebrales en buen estado. Procesos como la memoria, la atención, la resolución de problemas, la reflexión o el razonamiento se conservan de manera positiva.

Tener a alguien que te escuche y ser un buen oyente para los demás, clave de salud

Tener a alguien que te escuche cada vez que lo necesites confiere alivio y satisfacción. Los buenos amigos, las parejas o los hermanos pueden ser nuestros aliados en el viaje de la vida. Sin embargo, no nos olvidemos de algo decisivo. También nosotros debemos convertirnos en buenos oyentes para los demás.

Escuchar con calma, abriéndonos a la realidad del otro y dejando a un lado la nuestra por un instante es algo necesario. Saber estar presentes emocionalmente, cercanos de manera empática y conectados desde la sinceridad y la autenticidad revierte en nuestro bienestar y en el de las personas que queremos. Un acto tan simple, vale mucho. 

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/tener-alguien-que-te-escuche-reduce-deterioro-cognitivo/

Las personas que tuvieron COVID-19 podrían presentar síntomas psiquiátricos incluso un año después. POR: MARTA FERNANDA ALONSO

Uno de cada tres sobrevivientes de COVID-19 fue diagnosticado con una afección neurológica o psiquiátrica dentro de los seis meses posteriores a la infección, siendo la ansiedad y los trastornos del estado de ánimo los más comunes (Taquet et al., 2021). Los hallazgos más recientes revelan que la depresión, el insomnio y los síntomas relacionados con el trauma sufridos por estas personas pueden empeorar con el paso del tiempo (Kyzar et al., 2021).

Qué metodología usaron

Para esta investigación longitudinal, se hizo un seguimiento aproximadamente de 6 meses a más de un año a una pequeña cohorte de personas que habían tenido COVID-19. El objetivo era detectar síntomas psiquiátricos duraderos y, consecuentemente, ser capaces de brindar atención de seguimiento más enfocada. 

El análisis incluyó a 52 personas que tenían una infección por COVID-19 confirmada y completaron encuestas de referencia y de seguimiento. Los participantes reclutados pertenecían al área metropolitana de la ciudad de Nueva York, entre el 15 de abril de 2020 y el 23 de febrero de 2021. Completaron cuestionarios médicos y psiquiátricos en línea y también visitaron un laboratorio para realizar exámenes físicos. También respondieron encuestas de seguimiento entre 24 y 60 semanas después de la inscripción inicial. 

Qué encontraron

En el estudio fueron halladas tasas relativamente altas de insomnio, síntomas depresivos y síntomas relacionados con el trauma en el seguimiento a largo plazo (al menos 24 semanas después de la infección inicial). “

Un dato que resaltan los investigadores es que las puntuaciones del cuestionario durante el seguimiento mostraron que los síntomas relacionados con el trauma y el TEPT parecían empeorar en comparación al momento inicial de inscripción para participar en el estudio.

Dentro de las limitaciones de la investigación se señala la carencia de un grupo de control, a la vez que no se controló algunos factores socioeconómicos importantes, por lo que no quedó claro si los cambios observados en los síntomas fueron el resultado de haber padecido COVID-19. Pero los hallazgos están en línea con un estudio similar, que examinó los síntomas relacionados con el trauma en sobrevivientes de COVID-19 en Wuhan, China, e incluyó un grupo de control (Tu et al., 2021).

Futuras investigaciones deberían abordar qué factores de riesgo pueden contribuir a la duración de los síntomas neuropsiquiátricos después de la infección por COVID-19, así como investigar los mecanismos neurobiológicos que podrían estar involucrados.

RECUPERADO DE: https://www.psyciencia.com/las-personas-que-tuvieron-covid-19-podrian-presentar-sintomas-psiquiatricos-incluso-un-ano-despues/

Misokinesia: qué es, características, síntomas, causas y cómo gestionarla. POR: Nahum Montagud Rubio

Eres de los que le molesta mucho tener sentado al lado a alguien que no para de mover las piernas? ¿Te pone nervioso el sonido que hace esa persona que no para de crujirse los dedos? ¿Y el tamborileo que hace con las manos? Esta sensación tiene nombre: misokinesia.

La misokinesia es un fenómeno psicológico que, si bien no se considera un trastorno mental ni mucho menos, es una condición bastante molesta, capaz incluso de alejarnos de alguien cuyo nerviosismo corporal se nos hace insoportable.

Este fenómeno psicológico se vive de muchas maneras y, aunque en principio no es preocupante, puede llegar a ser un obstáculo para nuestra vida social. Descubramos el porqué…

¿Qué es la misokinesia?

La misokinesia es una alteración psicológica que suele venir acompañada con malestar e incomodidad al ver y escuchar a alguien que no para de hacer pequeños movimientos corporales repetitivos.

Por ejemplo, una persona con esta condición psicológica se sentiría muy a disgusto al tener cerca a alguien que no para de hacer sonidos con los dedos, clica con el boli una y otra vez, hace temblar las piernas mientras está sentada o no para de balancearse en su silla.

Esta palabra es relativamente nueva, pero el fenómeno psicológico detrás de ella ya se sospechaba desde hacía un tiempo. Prueba de ello lo tenemos en una investigación neerlandesa del 2014, realizada por la Universidad de Ámsterdam en la que ya se anticipó la existencia de la misokinesia.

En su estudio, el grupo investigador de Arjan Schröder abordaba la misofonía, es decir, la irritabilidad de escuchar sonidos como el goteo de un grifo, oír a alguien masticar, el sonido de las notificaciones de un móvil.

Los investigadores vieron que buena parte de su muestra experimental no solo era propensa a sentirse incómoda ante ciertos sonidos, sino que además tenía otra reacción extrema: la incomodidad de ver y escuchar determinados movimientos corporales.

Fue justo a partir de este hallazgo que con el paso del tiempo otro grupo investigador, el de la científica Sumeet Jaswal (Universidad de la Columbia Británica) propondría el nombre de “misokinesia” del griego “miso”, que significa “odio”, y “kinesis”, que significa “movimiento”.

Tal y como la conceptualiza el grupo de Jaswal, la misokinesia se puede definir como una fuerte respuesta afectiva o emocional negativa ante la visión de movimientos corporales pequeños y repetitivos de los demás, como puede ser ver a alguien moviendo sin sentido una mano o un pie. A pesar de tratarse de movimientos nimios y que no suponen daño para el receptor, producen la angustia suficiente como para no querer estar cerca de quien los lleva a cabo.

Síntomas

La misokinesia no es un trastorno mental ni tampoco una condición lo suficientemente grave por sí sola como para requerir ayuda profesional urgente. Dado que su conceptualización es relativamente reciente, a día de hoy todavía se está estudiando y definiendo cuáles son los síntomas característicos de este fenómeno.

Prueba de ello es el estudio de Sumeet Jaswal que ha pretendido clarificar y entender con mayor profundidad este fenómeno. Su estudio afirma que este fenómeno puede llegar a afectar a cerca del 33% de la población, un porcentaje sumamente elevado. Algunos de los síntomas que puede manifestar una persona con misokinesia son:

  • Irritabilidad e incluso sensación de enfado cuando alguien hace movimientos corporales repetitivos.
  • Sentir ansiedad cuando alguien cierra y abre un bolígrafo, aprieta con la mano una pelota antiestrés, se cruje los dedos o los tamborilea sobre una superficie.
  • Alejarse de personas que hacen movimientos repetitivos.

Cabe decir que cada persona es diferente y también lo es la forma en cómo le afecta la misokinesia. Hay diferentes grados de esta condición, y también se manifiesta de formas muy variadas en cuanto al estímulo que le resulta molesto a quien tiene este síndrome. Lo que tienen en común la mayoría de las personas que tienen este peculiar fenómeno es que sienten ansiedad e incomodidad ante los movimientos ajenos, pudiendo soportarlos o no en mayor o menor medida.

Hay casos que son graves, en tanto que hay personas que son incapaces de trabajar o quedar con gente que sabe que es especialmente nerviosa o que mueve las piernas o las manos de forma compulsiva. Estar al lado de alguien con muchos tics nerviosos puede ser un calvario para una persona que tiene misokinesia, llegándola a distraer mucho cuando la persona en cuestión ejecuta movimientos repetitivos sin parar.

Cuál es su causa?

Dado que es un concepto relativamente reciente, todavía no se disponen de datos suficientes que apunten a cuál es la causa exacta detrás de la misokinesia. No obstante, dada su posible relación con la misofonía, condición de la que sí se sabe cuál es su causa. Se ha visto que la fobia a ciertos sonidos como, por ejemplo, escuchar a otros masticar o incluso respirar, tiene un origen cerebral.

Las investigaciones sobre la misofonía han detectado que las personas que sufren esta condición presentan una alteración en la corteza insular anterior, región que se hiperactiva cuando se exponen a determinados sonidos. Esta es una región que activa emociones intensas, como el miedo o la ira, además de estar asociada con la sensación de estrés, el incremento de la sudoración y la frecuencia del latido cardíaco. Dada la potencial relación entre misofonía y misokinesia, es esperable que esta misma región se hiperactive en personas con esta segunda condición.

Añadido a esto, se ha especulado que también podrían estar implicadas las neuronas espejo. Estas neuronas se activan cuando vemos a alguien hacer algo, replicándolo en nuestro cerebro e imaginándnonos que nosotros mismos también llevamos a cabo la misma acción. Con la misokinesia lo que sucedería es que, el simple hecho de ver a alguien con un tic nervioso, se nos activarían las neuronas espejo y viviríamos ese nerviosismo en nuestras propias carnes, solo que a niveles muy superiores.

¿Cómo gestionar este molesto fenómeno psicológico?

La misokinesia es un fenómeno que se ha descubierto hace poco, pero que se cree que tiene una gran incidencia en la población y por ello es cuestión de tiempo que se aborden en profundidad y se descubra cómo puede gestionarse este fenómeno psicológico. Como este problema afecta a cada persona de una manera diferente, cada una puede desarrollar y manejar estrategias muy distintas para enfrentarse (o evitar) las situaciones que hace que su misokinesia salga a la luz.

Como hemos comentado antes no se considera un trastorno mental ni algo lo suficientemente grave por sí solo como para necesitar ayuda profesional.

No obstante, si sentirse incómodo ante los movimientos repetitivos de otras personas supone un grado de afectación elevado en la vida social, laboral, académica y familiar sí que sería recomendable acudir a un psicólogo para aprender técnicas de gestión de la ansiedad y aprender a dejar de fijarse en los tics de los demás.

Igualmente, podemos poner en práctica técnicas de relajación y respiración profunda para reducir los síntomas de ansiedad. También se puede usar la técnica de la visualización, que consiste en crear una imagen mental alternativa mientras alguien en la vida real está ejecutando movimientos que nos resultan incómodos. Podemos intentar poner en práctica la asertividad, pidiéndole a aquella persona que hace los movimientos repetitivos que, por favor, los deje de hacer, aunque puede darse el caso de que no siempre sea posible…

RECUPERADO DE: https://psicologiaymente.com/clinica/misokinesia

Mitos sobre el suicidio que deberías conocer. POR: ELENA SANZ

Las cifras sobre suicidio son alarmantes. Cada año cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más tratan de hacerlo. Es la segunda causa de muerte entre la población joven y se estima que, cada 40 segundos, una persona en el mundo se suicida. Para poder combatir este grave problema de salud pública que devasta familias enteras, necesitamos información. Por ello, hoy desmontaremos algunos de los más frecuentes mitos sobre el suicidio.

Aún a día de hoy este tema se sigue considerando tabú y se encuentra rodeado de estigma. La ocultación que se produce hace que quienes se plantean quitarse la vida se encuentren aún más solos ante su terrible situación.

Además, el desconocimiento lleva a las personas a actuar de manera contraproducente, a pesar de su intención de ayudar. Por tanto, es hora de desmantelar las ideas erróneas que mantenemos sobre el suicidio.

Algunos mitos sobre el suicidio

Hablar sobre el suicido lo hace más probable

De manera contraria a lo que muchas personas piensan, hablar con una persona sobre sus intenciones suicidas no aumenta el riesgo de que cometa tal acción. Por el contrario, puede ayudar a tomar medidas preventivas.

Preguntar directamente facilita que el otro pueda compartir sus vivencias internas y se genera una catarsis que produce alivio. Al encontrar escucha, disminuye el sentimiento de soledad y aislamiento.

Por tanto, si tienes sospechas de que alguno de tus seres queridos se encuentra en esta circunstancia, no evadas el tema.

Quien de verdad va a suicidarse no habla de ello

Esta creencia es totalmente falsa. No es cierto que quien habla de suicidio realmente no piense en llevarlo a cabo, que lo haga no es necesariamente una medida instrumental para captar nuestra atención.

En realidad, de cada 10 personas que se suicidan, ocho hablan de sus intenciones. Por ello, hemos de tomarnos en serio las comunicaciones de esta índole.

La persona suicida tiene claro que quiere morir

Lo cierto es que la mayoría de ellas se encuentran indecisas entre vivir o morir. Es frecuente que dejen indicios sobre sus planes, colocando en otros la decisión final en función de si logran salvarlos.

Muchos de ellos dejan cartas o realizan otro tipo de conductas alarmantes como elaborar un testamento, vender sus pertenencias o “despedirse” de sus seres queridos.

Más mitos sobre el suicidio

Quien se intenta suicidar una vez, repetirá el intento hasta lograrlo

Esto no es cierto. Son muchos quienes, después de un intento frustrado, desean vivir. La ideación suicida no es permanente.

Cuando la persona empieza a mejorar, ya no hay riesgo

Paradójicamente una gran parte de los suicidios ocurren en los dos meses posteriores a “haber tocado fondo”, cuando incluso parece que la persona empieza a mejorar.

Esto es así porque en este momento la persona se encuentra con la energía que antes no poseía. Por ello es muy importante mantenernos alerta en lugar de bajar la guardia.

Todos los suicidas son enfermos mentales

Es cierto que la relación entre determinados trastornos psiquiátricos y el suicidio está bien establecida. Pero muchas otras veces el suicidio se produce de forma impulsiva tras un momento de crisis.

Cuando la persona se enfrenta a grandes problemas financieros, sentimentales, enfermedades graves o pérdidas de seres queridos, puede sentirse incapaz de hacer frente a la situación.

Se produce un desequilibrio entre la demanda del medio y los recursos personales de afrontamiento. Ante la incapacidad percibida, el suicidio parece la única salida. Entonces, eliminemos el estigma y hagámonos conscientes de que nadie está totalmente libre de riesgo.

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Ansiedad social: hojas de registro para consultantes. POR: DAVID APARICIO

El trastorno de ansiedad social, anteriormente conocido como fobia social, se caracteriza por una ansiedad abrumadora y una autoconciencia excesiva en situaciones sociales cotidianas. Las personas con trastorno de ansiedad social tienen un miedo persistente, intenso y crónico de ser observadas y juzgadas por otros y de sentirse avergonzadas o humilladas por sus propias acciones. Su miedo puede ser tan severo que interfiere con el trabajo, la escuela u otras actividades. Si bien muchas personas con trastorno de ansiedad social reconocen que su miedo a estar cerca de personas puede ser excesivo o irrazonable, no pueden superarlo. A menudo se preocupan durante días o semanas ante una situación temida. Además, a menudo experimentan baja autoestima y depresión. 

Para desarrollar un tratamiento exitoso y facilitar el trabajo de los psicoterapeutas hemos traducido y adaptado las hojas de trabajo para consultantes con ansiedad social desarrolladas por Debra A. Hope, Richard G. Heinberg y Cynthia L. Turk en el libro Managing Social Anxiety, Workbook: A Cognitive-Behavioral Therapy Approach (3 edn). Las hojas de trabajo están planeadas para que los consultantes diagnosticados con ansiedad social puedan poner en práctica los conceptos y principios aprendidos durante el proceso terapéutico. Por lo tanto, es importante que el terapeuta esté familiarizado con los principios de los tratamientos basados en evidencia para esta problemática y tenga una clara conceptualización del caso.

RECUPERADO DE: https://www.psyciencia.com/ansiedad-social-hojas-de-registro-para-consultantes/

Las 3 principales causas del desánimo profundo. POR: RUBEN CAMACHO

El desánimo forma parte de nosotros: todos los seres humanos lo hemos sentido alguna vez.

En septiembre, especialmente, se siente desánimo al regresar al trabajo o ante la paulatina falta de luz solar (en invierno nos desanimamos más). En muchas ocasiones, las personas no saben realmente si padecen un desánimo profundo o incluso un inicio de depresión.

Sentimos apatía, el único deseo de no hacer nada, de no querer relacionarnos, y a su vez ese mismo desánimo nos provoca preocupación y frustración.

¿De dónde vienen esas sensaciones? ¿Cuándo estamos hablando realmente de una depresión? ¿De qué forma gestionas y entiendes ese estado de ánimo?

¿Qué entendemos por desánimo?

El desánimo es una de las sensaciones más incapacitantes de nuestra vida. No es un estado de ánimo intenso, sino sutil, que va conquistando tus acciones, pensamientos, rutinas y día a día. El desánimo te lleva a cancelar planes, a querer iniciar proyectos pero finalmente vuelves al móvil o al sofá, te aísla y te protege en una burbuja invisible. Una burbuja protectora que, en realidad, te está impidiendo vivir tal y como quieres.

Sentir en ciertas ocasiones de nuestra vida varios días de desánimo o un desánimo profundo es una reacción natural ante estímulos estresantes o debido a un aprendizaje emocional. Sin embargo, hoy día es mucho más frecuente e incapacitante que antes.

Los motivos son claros: ni nuestro modo de vida está adaptado a nuestras necesidades (sino a necesidades económicas, industriales, laborales, etc.), ni nuestro mundo digital de la sobre información nos ayuda (nuestro reciente apego a la tecnología provoca desánimo al funcionar esta tecnología como un mecanismo adictivo… aquí entran tanto un móvil como las redes sociales, plataformas de streaming, etc.), y sobre todo, porque nuestra cultura nos hace ignorar el desánimo, taparlo, hasta que ya consideramos que la depresión nos atrapó.

En mi trabajo como psicólogo y coach acompañando a personas en sus procesos de cambio personal, cada vez son más quienes sienten un desánimo recurrente. Puede ser el primer problema que quieren cambiar, o a veces el desánimo acompaña a la ansiedad. Este aumento no debe relajarnos: debemos abordar el problema desde su raíz, no solo con parches. ¿Por qué nos desanimamos tanto? ¿Cómo gestionar esa sensación para que no sea tan intensa, frecuente y duradera?

Aquí voy a hablarte de las 3 causas principales del desánimo y sus soluciones según los casos reales de las personas que tenían este problema en los últimos años y a las que he acompañado en sus procesos para que lo solucionaran al 100%. Vamos a por ello.

Fuentes de desánimo

Las causas del desánimo profundo, y cómo os afectan

El desánimo es una sensación asociada con la tristeza, que incluye cansancio y la idea de que lo que hagamos no merecerá la pena. Pudiéramos entender el desánimo como una especie de tristeza de baja intensidad pero que se mantiene con los días o semanas, exactamente igual que la ansiedad es un miedo que se ha generalizado y nos acompaña cada día.

Sin embargo, el desánimo no tiene por qué ser necesariamente una depresión. La depresión es un estado de desánimo mayor cuyo diagnóstico requiere de varias condiciones, siendo algunas de ellas la sostenibilidad del tiempo (entre 3 y 6 meses) y ante todo que la sintomatología nos impida tener una vida funcional en algún aspecto (no poder ir al trabajo, rehuir relaciones, etc.).

En el caso del desánimo, sí podemos afrontar lo justo y necesario, pero lo vivimos sin ilusión ni motivación. Aquí llega la primera sorpresa: el desánimo, muy al contrario de lo que creemos, no es un problema primario, sino una consecuencia.

El ser humano no se desanima fácilmente porque no es funcional ni práctico desanimarse. El desánimo siempre es una consecuencia o resultado de un problema raíz que, sino solucionamos a tiempo, desencadena desánimo. Pueden existir tres causas para el desánimo.

1. Reacción ante sucesos externos

A lo largo de nuestra vida vivimos situaciones y experiencias difíciles, que no esperamos, nos someten a estrés y nos provocan desánimo. Puede tratarse de un suceso impactante e inesperado (una ruptura, problema de salud, fallecimiento de un ser querido) o por una acumulación de estrés con el paso del tiempo (cuando vivimos coartando nuestras ilusiones por factores personales, laborales, una relación donde dependemos demasiado del otro y te olvidas de tu bienestar, etc.).

En ocasiones, este desánimo puede también deberse a una forma disfuncional de relacionarte con tu propio bienestar. Por ejemplo: ante periodos prolongados de rutina con objetivos claros (terminar la carrera, afrontar una oposición, etc.) podemos sentir una especie de vacío que nos lleva al desánimo cuando ya hemos alcanzado ese objetivo.

Este factor de desánimo está provocado, ante todo, por haber construido una forma de motivación extrínseca: nos acostumbramos a recibir bienestar de factores externos que a largo plazo no podemos controlar.

Realmente, no podemos controlar estos factores externos. La solución está en aprender a construir bienestar desde tus propios medios, favoreciendo una forma de motivación intrínseca, que dependa más de ti.

2. Reacción ante la ansiedad

Esta es la causa más común de desánimo. ¿Y qué tienen que ver la ansiedad con el desánimo? La ansiedad es un estado de miedo que se ha generalizado, un estado intenso y agotador, mientras que el desánimo está asociado a la tristeza, la desmotivación y el cansancio.

Ahí precisamente está la relación, y este es el motivo de lo muy frecuente que es el diagnóstico del cuadro “ansioso-depresivo”.

La ansiedad es un estado de alerta, vivir condicionados por un miedo que no hemos sabido gestionar a tiempo. La ansiedad nace de nuestra forma de respirar (de ahí que se sienta principalmente en el pecho), contagia nuestros pensamientos, acciones, y resulta totalmente agotador. Por este motivo surge el desánimo: como resultado de la ansiedad.

Vivir condicionados por la ansiedad durante demasiado tiempo es un proceso tan agotador que nuestro organismo tiende al desánimo para poder reducir la activación. De la misma forma que un estallido de ira o una discusión de pareja nos deja agotados, la ansiedad nos lleva al desánimo sin remedio.

Sin embargo, tratar el desánimo (mucho más si es a través de químicos) sin trabajar con el problema principal, como es la ansiedad, nos lleva a largo plazo a resultados nada halagüeños: el desánimo se normaliza y no podemos hacer el aprendizaje por nosotros mismos.

Así, la ansiedad es probablemente la primera causa y la más importante del desánimo. Plantéate: ¿cuándo comenzó a surgir tu desánimo? ¿Qué situaciones, interpretaciones o experiencias te llevaron a ello a través de la ansiedad?

3. La forma en la que afrontas y gestionas el desánimo

Sentir desánimo en ciertos momentos de nuestra vida forma parte de nuestra naturaleza humana. Vivimos experiencias agradables pero también momentos difíciles que no sabemos afrontar. En ocasiones, una sucesión de esos momentos o la reacción a la ansiedad puede llevarnos al desánimo.

Otro factor fundamental es cómo gestionas el desánimo. En función de tu percepción, acciones y gestión de la emoción, el desánimo puede intensificarse, durar más o menos tiempo o aumentar o disminuir su frecuencia.

Es algo típico que una persona que sufre ansiedad, por ejemplo, y está superando el problema, entienda como una especie de fracaso vivir una tarde o noche de ansiedad. No lo es en absoluto, sino que forma parte de un proceso natural.

De la misma forma, cuando nos aferramos al desánimo y nuestras acciones se dejan llevar por ese estado de ánimo, será mucho más difícil gestionarlo. Gestionar el desánimo no quiere decir que lo haces desaparecer, sino que lo entiendes, lo aceptas, y tomas acciones diferentes destinadas a mejorar tu estado de ánimo.

Este es un aprendizaje que te sirve para toda tu vida, ya que te hace consciente de tus emociones y sobre todo de cómo gestionarlas para que estén a tu favor en lugar de en tu contra.

Importante: intenta detectar si en tu día a día recurres con frecuencia a un estímulo externo para conseguir sentirte bien, como el móvil (necesitar constantemente mirar el móvil, ver programas de televisión…), fumar, atracones de comida, etc.

En este caso, estás utilizando esos factores externos como mecanismo de satisfacción y ánimo, pero que a su vez provocan más ansiedad y el posterior desánimo. Para que tu proceso de cambio funcione es necesario detectar cómo gestionas ahora tu estado de ánimo para que dependa principalmente de ti y lo tengas a tu favor.

A modo de conclusión

Habrás descubierto que en las tres causas hay algo en común: ante todo hablamos de emociones. Tanto el ánimo como el desánimo, el miedo, la inseguridad, la ansiedad, la ira, la frustración, la culpa, incluso la motivación, son estados que dependen de emociones.

Somos seres emocionales, siempre estamos emocionados, y por lo tanto la emoción influye en todos nuestros procesos. Tu forma de motivarte, de pensar, de decidir, de interpretar, de relacionarte, de comunicarte y de actuar están influenciadas no por tus emociones, sino por tu forma de entender y gestionar esas emociones.

Este es el motivo por el cual cualquier proceso de cambio personal se quedará cojo si no trabajas con tu gestión de emociones.

RECUPERADO DE: https://psicologiaymente.com/psicologia/causas-desanimo-profundo

Violencia obstétrica: qué es, características y ejemplos. Por Nahum Montagud Rubio

El embarazo, el parto y el puerperio son procesos que, mal gestionados, pueden provocar secuelas físicas y psicológicas a la mujer, siendo esto el motivo por el que la atención ginecológica y obstétrica que reciba durante ellos debe ser cuidadosa, respetuosa y enfocada en su salud y al de su hijo.

Si bien los profesionales del parto tienen conocimientos y práctica para poder ejercer correctamente su profesión, a veces se cometen errores que pueden perjudicar la salud de las mujeres y estos puede incurrir en lo que se ha denominado como violencia obstétrica.

Este término tiene su historia, pero ha ido viralizándose estos últimos días a raíz de la nueva reforma de la Ley del Aborto y las ampollas que ha levantado. Abordemos en profundidad qué implica este tipo de violencia y por qué está generando tanto debate.

¿Qué es la violencia obstétrica?

La violencia obstétrica es el conjunto de prácticas y conductas realizadas por profesionales en el ámbito de la salud que atienden a mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, tanto en el ámbito público como en el privado, que por acción u omisión suponen algún grado de violencia hacia las usuarias.

Esta violencia puede ser física, en forma de actos no apropiados o no consensuados por la paciente, y psicológica, como por ejemplo tratar de forma paternalista y humillante a la usuaria.

De acuerdo con las asociaciones defensoras del término, la violencia obstétrica constituye una discriminación de género y supone la violación de los derechos humanos desde el enfoque de los derechos de la salud, sexuales y reproductivos de la mujer. Los comportamientos considerados como pertenecientes a este tipo de violencia se engloban dentro del trato deshumanizado, la medicalización injustificada y la patologización de los procesos naturales asociados al alumbramiento que pueden sufrir las mujeres en entornos hospitalarios.

El término “violencia obstétrica” ha ido convirtiéndose en un tema de mucha actualidad. El debate social en torno a este concepto y si se deben regular o no ciertos comportamientos en la atención clínica a las embarazadas como violencia obstétrica ha levantado ampollas tanto entre médicos como en asociaciones a favor de los derechos de la mujer y en contra de su discriminación.

Quienes defienden la existencia de la violencia obstétrica la clasifican como una violencia estructural e institucional que emana de una cultura patriarcal que afecta a diferentes ámbitos de la sociedad, incluyendo las ciencias médicas.

A pesar de que no se trata de una idea nueva, ha permanecido oculta e invisibilizada durante mucho tiempo y, a día de hoy, sigue siendo bastante desconocida, incluso por los propios profesionales de la salud, siendo todavía menos conocida dentro de las propias usuarias de los servicios de ginecología y obstetricia. Algunos estudios apuntan que más de la mitad de los y las profesionales de la salud no disponen de información suficiente sobre este tipo de comportamientos.

Un problema que no es nuevo, dirigido hacia embarazadas

A pesar de que el término se ha ido viralizando en los últimos días, este no es nada nuevo. De hecho, la primera vez que se usa el término “violencia obstétrica” apareció en el año 1827 en una publicación en inglés en “The Lancet” como crítica a las prácticas ampliamente extendidas de los paritorios de principios del siglo XIX. A medida que han ido pasando los años, cada vez más personas han ido tomando conciencia de la existencia de este tipo de violencia hasta el punto de realizarse investigaciones sobre el trato de las mujeres embarazadas en los servicios de salud.

Aunque con otros términos, este fenómeno ya fue denunciado durante la década de 1950 en los Estados Unidos y el Reino Unido y, en la de 1980, lo sería en Brasil bajo una perspectiva feminista. Ya entrando en el siglo XX, con la emergencia de nuevas asociaciones activistas como “El parto es nuestro” la idea ha empezado a ver luz y tomarse mayor concienciación sobre el problema. El activismo en contra de la violencia obstétrica está fuertemente motivado por el hecho de que experimentar un parto traumático es una experiencia que puede provocar secuelas físicas y psicológicas.

La Organización Mundial de la Salud emitió en el 2014 una declaración alertando sobre la falta de respeto que recibían muchas mujeres embarazadas en los centros de salud, siendo algo extendido a nivel mundial. Añadido a esto, insistía en la necesidad de erradicar estos comportamientos, que en la actualidad se considera una grave violación de los derechos de las mujeres, aun incluso cuando se da de forma totalmente inconsciente o la lleva a cabo una mujer ginecóloga. Todo esto motivó que, en el año 2019, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) calificara a la violencia obstétrica como un fenómeno generalizado.

En el año 2020, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW por sus siglas en inglés) condenó a España a indemnizar a una mujer que denunció haber sufrido este tipo de violencia. El comité consideró como procedimientos innecesarios la decena de tactos vaginales, la inducción con oxitocina (hormona para acelerar las contracciones del parto) y la episiotomía (incisión en el tejido entre el ano y la vagina) a los que fue sometida la usuaria sin su consentimiento explícito, propios de un caso de violencia obstétrica.

Las mujeres que aseguran haber sido víctimas de este tipo de violencia sienten como algunos profesionales médicos hacen con ellas lo que quieren, como si el cuerpo no les perteneciera. Denuncian que, desde que se quedan embarazadas, las mujeres pierden el derecho sobre su propio cuerpo y que se justifica el uso de cualquier práctica médica, por muy dolorosa y humillante que pueda ser, usándose como argumento que todo se vale por el simple hecho de salvar al “producto”, esto es, el feto. Además, critican que casi nadie les informe adecuadamente de los procedimientos y que se convierten en “úteros con patas”.

Ejemplos de violencia obstétrica

El activismo a favor de la eliminación de este tipo de violencia considera que la violencia obstétrica se da en forma de comportamientos generalizados en la atención de mujeres embarazadas, como los siguientes:

  • No atender eficazmente ni a tiempo las emergencias obstétricas.
  • Obligar a la mujer a parir en una posición incómoda habiendo otras alternativas.
  • Impedir el apego precoz del bebé con su madre cuando no hay causa justificada.
  • Negar cargar y amamantar al bebé recién nacido sin tener urgencia médica.
  • Usar técnicas de aceleración del parto sin el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo.
  • Practicar cesáreas sin consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Insistir en practicar una cesárea aun pudiendo practicarse un parto natural.
  • Dar a la usuaria un trato infantil, autoritario, paternalista, humillante, despectivo, con insultos verbales y vejaciones.

Algunos ejemplos usuales en la atención de las mujeres embarazadas que se pueden considerar como violencia obstétrica son:

  • Tactos vaginales realizados por más de una persona.
  • Episiotomía, uso de fórceps y maniobra de Kristeller como prácticas rutinarias.
  • Raspaje del útero sin anestesia.
  • Cesárea sin verdadera justificación médica.
  • Suministro de medicación abusiva e innecesaria para el parto en concreto.

¿Por qué se da y por qué no se conoce?

El activismo en contra de la violencia obstétrica insiste que su denuncia no debe verse como una movilización en contra de la práctica profesional de los sanitarios, sino como una acción para concienciar sobre una mala praxis muy extendida, tanto de forma accidental como voluntaria.

Este fenómeno es un problema que parece ser bastante común, habiendo voces que sostienen que entre el 30 y 50% de las mujeres del mundo han sufrido violencia obstétrica de una u otra manera, sintiéndose humilladas y vejadas en alguna ocasión cuando han visitado a su ginecólogo o durante el parto.

Hay quienes consideran que el motivo por el que se haya empezado a tomar conciencia hace tan poco es porque se trata de un tipo de violencia de carácter simbólico y normalizada incluso entre las mujeres embarazadas.

Hay mujeres que no se atreven a denunciarlo por miedo a que sean tildadas de exageradas o que se les diga que realmente quien habla son sus hormonas. Añadido a esto, pocas son las mujeres debidamente informadas sobre sus derechos reproductivos, creyendo muchas de ellas que es normal ser sometida a procedimientos médicos desagradables sin dar su consentimiento explícito.

En cuanto a la comunidad sanitaria, uno de los motivos que se ha usado para explicar por qué los profesionales del parto incurren en comportamientos propios de la violencia obstétrica tiene que ver con el síndrome de burnout o desgaste profesional. Estos mismos profesionales pueden tener unos niveles de estrés y cansancio muy altos, tanto que llegue un momento en el que se frustran con su trabajo, trabajan de forma más mecánica y deshumanizan a las pacientes, afectando a la relación médico-paciente.

Otra de las causas que explicaría por qué la comunidad sanitaria no parece ser consciente de este problema es que no recibe la debida formación e información sobre este tipo de comportamientos, además de no disponer de las herramientas necesarias para detectar ni gestionar las prácticas irrespetuosas para con las mujeres embarazadas, de parto y en el puerperio.

A pesar de no haber intención en cometer daño alguno hacia la mujer, el cansancio motiva querer usar técnicas que agilicen el alumbramiento y, aunque seguras, pueden suponer un gran malestar psicológico y físico a la mujer de parto.

El debate en España

El debate está muy activo en España en estos momentos, debido a que el Ministerio de Igualdad anunció su intención de incluir a la violencia obstétrica como delito en la reforma de la Ley del Aborto (modificación de la Ley Orgánica 2/2010), incluyéndola además como un subtipo de violencia machista. A pesar de las buenas intenciones detrás de la medida, esta es rechazada por ginecólogos, tanto hombres como mujeres, puesto que se teme que con ella se criminalice su profesión, además de que podría romper la relación médico-paciente y la confianza de las mujeres embarazadas en la ginecología y la obstetricia.

Los ginecólogos consideran que la mala praxis en los partos son negligencias más, que deben ser debidamente investigadas y penalizadas en caso de darse, al igual que con cualquier mala acción de un sanitario de cualquiera otra rama de las ciencias médicas. En este caso en concreto, la comunidad ginecológica considera que no se deben confundir con la violencia sexista las negligencias en el parto, tal y cómo lo expresó recientemente el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) o la Unión Profesional de Médicos de Ejercicio Libre (Unipromel).

Cabe mencionar que, aunque crítica con la idea de violencia obstétrica, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) considera fundamental escuchar a las mujeres y sus parejas, facilitarles su participación en las políticas de salud y reclamar los medios suficientes a la administración sanitaria para mejorar su trato. Además, valoran también la necesidad de denunciar las carencias del sistema que, una vez suplidas, facilitará proporcionar una atención respetuosa con la maternidad, enfocada en conseguir el nacimiento del bebé lo más sano posible y hacer que sea una experiencia positiva para la madre.

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