Misokinesia: qué es, características, síntomas, causas y cómo gestionarla. POR: Nahum Montagud Rubio

Eres de los que le molesta mucho tener sentado al lado a alguien que no para de mover las piernas? ¿Te pone nervioso el sonido que hace esa persona que no para de crujirse los dedos? ¿Y el tamborileo que hace con las manos? Esta sensación tiene nombre: misokinesia.

La misokinesia es un fenómeno psicológico que, si bien no se considera un trastorno mental ni mucho menos, es una condición bastante molesta, capaz incluso de alejarnos de alguien cuyo nerviosismo corporal se nos hace insoportable.

Este fenómeno psicológico se vive de muchas maneras y, aunque en principio no es preocupante, puede llegar a ser un obstáculo para nuestra vida social. Descubramos el porqué…

¿Qué es la misokinesia?

La misokinesia es una alteración psicológica que suele venir acompañada con malestar e incomodidad al ver y escuchar a alguien que no para de hacer pequeños movimientos corporales repetitivos.

Por ejemplo, una persona con esta condición psicológica se sentiría muy a disgusto al tener cerca a alguien que no para de hacer sonidos con los dedos, clica con el boli una y otra vez, hace temblar las piernas mientras está sentada o no para de balancearse en su silla.

Esta palabra es relativamente nueva, pero el fenómeno psicológico detrás de ella ya se sospechaba desde hacía un tiempo. Prueba de ello lo tenemos en una investigación neerlandesa del 2014, realizada por la Universidad de Ámsterdam en la que ya se anticipó la existencia de la misokinesia.

En su estudio, el grupo investigador de Arjan Schröder abordaba la misofonía, es decir, la irritabilidad de escuchar sonidos como el goteo de un grifo, oír a alguien masticar, el sonido de las notificaciones de un móvil.

Los investigadores vieron que buena parte de su muestra experimental no solo era propensa a sentirse incómoda ante ciertos sonidos, sino que además tenía otra reacción extrema: la incomodidad de ver y escuchar determinados movimientos corporales.

Fue justo a partir de este hallazgo que con el paso del tiempo otro grupo investigador, el de la científica Sumeet Jaswal (Universidad de la Columbia Británica) propondría el nombre de “misokinesia” del griego “miso”, que significa “odio”, y “kinesis”, que significa “movimiento”.

Tal y como la conceptualiza el grupo de Jaswal, la misokinesia se puede definir como una fuerte respuesta afectiva o emocional negativa ante la visión de movimientos corporales pequeños y repetitivos de los demás, como puede ser ver a alguien moviendo sin sentido una mano o un pie. A pesar de tratarse de movimientos nimios y que no suponen daño para el receptor, producen la angustia suficiente como para no querer estar cerca de quien los lleva a cabo.

Síntomas

La misokinesia no es un trastorno mental ni tampoco una condición lo suficientemente grave por sí sola como para requerir ayuda profesional urgente. Dado que su conceptualización es relativamente reciente, a día de hoy todavía se está estudiando y definiendo cuáles son los síntomas característicos de este fenómeno.

Prueba de ello es el estudio de Sumeet Jaswal que ha pretendido clarificar y entender con mayor profundidad este fenómeno. Su estudio afirma que este fenómeno puede llegar a afectar a cerca del 33% de la población, un porcentaje sumamente elevado. Algunos de los síntomas que puede manifestar una persona con misokinesia son:

  • Irritabilidad e incluso sensación de enfado cuando alguien hace movimientos corporales repetitivos.
  • Sentir ansiedad cuando alguien cierra y abre un bolígrafo, aprieta con la mano una pelota antiestrés, se cruje los dedos o los tamborilea sobre una superficie.
  • Alejarse de personas que hacen movimientos repetitivos.

Cabe decir que cada persona es diferente y también lo es la forma en cómo le afecta la misokinesia. Hay diferentes grados de esta condición, y también se manifiesta de formas muy variadas en cuanto al estímulo que le resulta molesto a quien tiene este síndrome. Lo que tienen en común la mayoría de las personas que tienen este peculiar fenómeno es que sienten ansiedad e incomodidad ante los movimientos ajenos, pudiendo soportarlos o no en mayor o menor medida.

Hay casos que son graves, en tanto que hay personas que son incapaces de trabajar o quedar con gente que sabe que es especialmente nerviosa o que mueve las piernas o las manos de forma compulsiva. Estar al lado de alguien con muchos tics nerviosos puede ser un calvario para una persona que tiene misokinesia, llegándola a distraer mucho cuando la persona en cuestión ejecuta movimientos repetitivos sin parar.

Cuál es su causa?

Dado que es un concepto relativamente reciente, todavía no se disponen de datos suficientes que apunten a cuál es la causa exacta detrás de la misokinesia. No obstante, dada su posible relación con la misofonía, condición de la que sí se sabe cuál es su causa. Se ha visto que la fobia a ciertos sonidos como, por ejemplo, escuchar a otros masticar o incluso respirar, tiene un origen cerebral.

Las investigaciones sobre la misofonía han detectado que las personas que sufren esta condición presentan una alteración en la corteza insular anterior, región que se hiperactiva cuando se exponen a determinados sonidos. Esta es una región que activa emociones intensas, como el miedo o la ira, además de estar asociada con la sensación de estrés, el incremento de la sudoración y la frecuencia del latido cardíaco. Dada la potencial relación entre misofonía y misokinesia, es esperable que esta misma región se hiperactive en personas con esta segunda condición.

Añadido a esto, se ha especulado que también podrían estar implicadas las neuronas espejo. Estas neuronas se activan cuando vemos a alguien hacer algo, replicándolo en nuestro cerebro e imaginándnonos que nosotros mismos también llevamos a cabo la misma acción. Con la misokinesia lo que sucedería es que, el simple hecho de ver a alguien con un tic nervioso, se nos activarían las neuronas espejo y viviríamos ese nerviosismo en nuestras propias carnes, solo que a niveles muy superiores.

¿Cómo gestionar este molesto fenómeno psicológico?

La misokinesia es un fenómeno que se ha descubierto hace poco, pero que se cree que tiene una gran incidencia en la población y por ello es cuestión de tiempo que se aborden en profundidad y se descubra cómo puede gestionarse este fenómeno psicológico. Como este problema afecta a cada persona de una manera diferente, cada una puede desarrollar y manejar estrategias muy distintas para enfrentarse (o evitar) las situaciones que hace que su misokinesia salga a la luz.

Como hemos comentado antes no se considera un trastorno mental ni algo lo suficientemente grave por sí solo como para necesitar ayuda profesional.

No obstante, si sentirse incómodo ante los movimientos repetitivos de otras personas supone un grado de afectación elevado en la vida social, laboral, académica y familiar sí que sería recomendable acudir a un psicólogo para aprender técnicas de gestión de la ansiedad y aprender a dejar de fijarse en los tics de los demás.

Igualmente, podemos poner en práctica técnicas de relajación y respiración profunda para reducir los síntomas de ansiedad. También se puede usar la técnica de la visualización, que consiste en crear una imagen mental alternativa mientras alguien en la vida real está ejecutando movimientos que nos resultan incómodos. Podemos intentar poner en práctica la asertividad, pidiéndole a aquella persona que hace los movimientos repetitivos que, por favor, los deje de hacer, aunque puede darse el caso de que no siempre sea posible…

RECUPERADO DE: https://psicologiaymente.com/clinica/misokinesia

Mitos sobre el suicidio que deberías conocer. POR: ELENA SANZ

Las cifras sobre suicidio son alarmantes. Cada año cerca de 800.000 personas se quitan la vida y muchas más tratan de hacerlo. Es la segunda causa de muerte entre la población joven y se estima que, cada 40 segundos, una persona en el mundo se suicida. Para poder combatir este grave problema de salud pública que devasta familias enteras, necesitamos información. Por ello, hoy desmontaremos algunos de los más frecuentes mitos sobre el suicidio.

Aún a día de hoy este tema se sigue considerando tabú y se encuentra rodeado de estigma. La ocultación que se produce hace que quienes se plantean quitarse la vida se encuentren aún más solos ante su terrible situación.

Además, el desconocimiento lleva a las personas a actuar de manera contraproducente, a pesar de su intención de ayudar. Por tanto, es hora de desmantelar las ideas erróneas que mantenemos sobre el suicidio.

Algunos mitos sobre el suicidio

Hablar sobre el suicido lo hace más probable

De manera contraria a lo que muchas personas piensan, hablar con una persona sobre sus intenciones suicidas no aumenta el riesgo de que cometa tal acción. Por el contrario, puede ayudar a tomar medidas preventivas.

Preguntar directamente facilita que el otro pueda compartir sus vivencias internas y se genera una catarsis que produce alivio. Al encontrar escucha, disminuye el sentimiento de soledad y aislamiento.

Por tanto, si tienes sospechas de que alguno de tus seres queridos se encuentra en esta circunstancia, no evadas el tema.

Quien de verdad va a suicidarse no habla de ello

Esta creencia es totalmente falsa. No es cierto que quien habla de suicidio realmente no piense en llevarlo a cabo, que lo haga no es necesariamente una medida instrumental para captar nuestra atención.

En realidad, de cada 10 personas que se suicidan, ocho hablan de sus intenciones. Por ello, hemos de tomarnos en serio las comunicaciones de esta índole.

La persona suicida tiene claro que quiere morir

Lo cierto es que la mayoría de ellas se encuentran indecisas entre vivir o morir. Es frecuente que dejen indicios sobre sus planes, colocando en otros la decisión final en función de si logran salvarlos.

Muchos de ellos dejan cartas o realizan otro tipo de conductas alarmantes como elaborar un testamento, vender sus pertenencias o “despedirse” de sus seres queridos.

Más mitos sobre el suicidio

Quien se intenta suicidar una vez, repetirá el intento hasta lograrlo

Esto no es cierto. Son muchos quienes, después de un intento frustrado, desean vivir. La ideación suicida no es permanente.

Cuando la persona empieza a mejorar, ya no hay riesgo

Paradójicamente una gran parte de los suicidios ocurren en los dos meses posteriores a “haber tocado fondo”, cuando incluso parece que la persona empieza a mejorar.

Esto es así porque en este momento la persona se encuentra con la energía que antes no poseía. Por ello es muy importante mantenernos alerta en lugar de bajar la guardia.

Todos los suicidas son enfermos mentales

Es cierto que la relación entre determinados trastornos psiquiátricos y el suicidio está bien establecida. Pero muchas otras veces el suicidio se produce de forma impulsiva tras un momento de crisis.

Cuando la persona se enfrenta a grandes problemas financieros, sentimentales, enfermedades graves o pérdidas de seres queridos, puede sentirse incapaz de hacer frente a la situación.

Se produce un desequilibrio entre la demanda del medio y los recursos personales de afrontamiento. Ante la incapacidad percibida, el suicidio parece la única salida. Entonces, eliminemos el estigma y hagámonos conscientes de que nadie está totalmente libre de riesgo.

RECUPERADO DE: https://lamenteesmaravillosa.com/mitos-sobre-el-suicidio-que-deberias-conocer/?fbclid=IwAR3bNNeo2ccIFGs_7m4ImF_78gXG0J-RZUxnJhfvCDe86EM3jNUTY_DdmTI

Ansiedad social: hojas de registro para consultantes. POR: DAVID APARICIO

El trastorno de ansiedad social, anteriormente conocido como fobia social, se caracteriza por una ansiedad abrumadora y una autoconciencia excesiva en situaciones sociales cotidianas. Las personas con trastorno de ansiedad social tienen un miedo persistente, intenso y crónico de ser observadas y juzgadas por otros y de sentirse avergonzadas o humilladas por sus propias acciones. Su miedo puede ser tan severo que interfiere con el trabajo, la escuela u otras actividades. Si bien muchas personas con trastorno de ansiedad social reconocen que su miedo a estar cerca de personas puede ser excesivo o irrazonable, no pueden superarlo. A menudo se preocupan durante días o semanas ante una situación temida. Además, a menudo experimentan baja autoestima y depresión. 

Para desarrollar un tratamiento exitoso y facilitar el trabajo de los psicoterapeutas hemos traducido y adaptado las hojas de trabajo para consultantes con ansiedad social desarrolladas por Debra A. Hope, Richard G. Heinberg y Cynthia L. Turk en el libro Managing Social Anxiety, Workbook: A Cognitive-Behavioral Therapy Approach (3 edn). Las hojas de trabajo están planeadas para que los consultantes diagnosticados con ansiedad social puedan poner en práctica los conceptos y principios aprendidos durante el proceso terapéutico. Por lo tanto, es importante que el terapeuta esté familiarizado con los principios de los tratamientos basados en evidencia para esta problemática y tenga una clara conceptualización del caso.

RECUPERADO DE: https://www.psyciencia.com/ansiedad-social-hojas-de-registro-para-consultantes/

Las 3 principales causas del desánimo profundo. POR: RUBEN CAMACHO

El desánimo forma parte de nosotros: todos los seres humanos lo hemos sentido alguna vez.

En septiembre, especialmente, se siente desánimo al regresar al trabajo o ante la paulatina falta de luz solar (en invierno nos desanimamos más). En muchas ocasiones, las personas no saben realmente si padecen un desánimo profundo o incluso un inicio de depresión.

Sentimos apatía, el único deseo de no hacer nada, de no querer relacionarnos, y a su vez ese mismo desánimo nos provoca preocupación y frustración.

¿De dónde vienen esas sensaciones? ¿Cuándo estamos hablando realmente de una depresión? ¿De qué forma gestionas y entiendes ese estado de ánimo?

¿Qué entendemos por desánimo?

El desánimo es una de las sensaciones más incapacitantes de nuestra vida. No es un estado de ánimo intenso, sino sutil, que va conquistando tus acciones, pensamientos, rutinas y día a día. El desánimo te lleva a cancelar planes, a querer iniciar proyectos pero finalmente vuelves al móvil o al sofá, te aísla y te protege en una burbuja invisible. Una burbuja protectora que, en realidad, te está impidiendo vivir tal y como quieres.

Sentir en ciertas ocasiones de nuestra vida varios días de desánimo o un desánimo profundo es una reacción natural ante estímulos estresantes o debido a un aprendizaje emocional. Sin embargo, hoy día es mucho más frecuente e incapacitante que antes.

Los motivos son claros: ni nuestro modo de vida está adaptado a nuestras necesidades (sino a necesidades económicas, industriales, laborales, etc.), ni nuestro mundo digital de la sobre información nos ayuda (nuestro reciente apego a la tecnología provoca desánimo al funcionar esta tecnología como un mecanismo adictivo… aquí entran tanto un móvil como las redes sociales, plataformas de streaming, etc.), y sobre todo, porque nuestra cultura nos hace ignorar el desánimo, taparlo, hasta que ya consideramos que la depresión nos atrapó.

En mi trabajo como psicólogo y coach acompañando a personas en sus procesos de cambio personal, cada vez son más quienes sienten un desánimo recurrente. Puede ser el primer problema que quieren cambiar, o a veces el desánimo acompaña a la ansiedad. Este aumento no debe relajarnos: debemos abordar el problema desde su raíz, no solo con parches. ¿Por qué nos desanimamos tanto? ¿Cómo gestionar esa sensación para que no sea tan intensa, frecuente y duradera?

Aquí voy a hablarte de las 3 causas principales del desánimo y sus soluciones según los casos reales de las personas que tenían este problema en los últimos años y a las que he acompañado en sus procesos para que lo solucionaran al 100%. Vamos a por ello.

Fuentes de desánimo

Las causas del desánimo profundo, y cómo os afectan

El desánimo es una sensación asociada con la tristeza, que incluye cansancio y la idea de que lo que hagamos no merecerá la pena. Pudiéramos entender el desánimo como una especie de tristeza de baja intensidad pero que se mantiene con los días o semanas, exactamente igual que la ansiedad es un miedo que se ha generalizado y nos acompaña cada día.

Sin embargo, el desánimo no tiene por qué ser necesariamente una depresión. La depresión es un estado de desánimo mayor cuyo diagnóstico requiere de varias condiciones, siendo algunas de ellas la sostenibilidad del tiempo (entre 3 y 6 meses) y ante todo que la sintomatología nos impida tener una vida funcional en algún aspecto (no poder ir al trabajo, rehuir relaciones, etc.).

En el caso del desánimo, sí podemos afrontar lo justo y necesario, pero lo vivimos sin ilusión ni motivación. Aquí llega la primera sorpresa: el desánimo, muy al contrario de lo que creemos, no es un problema primario, sino una consecuencia.

El ser humano no se desanima fácilmente porque no es funcional ni práctico desanimarse. El desánimo siempre es una consecuencia o resultado de un problema raíz que, sino solucionamos a tiempo, desencadena desánimo. Pueden existir tres causas para el desánimo.

1. Reacción ante sucesos externos

A lo largo de nuestra vida vivimos situaciones y experiencias difíciles, que no esperamos, nos someten a estrés y nos provocan desánimo. Puede tratarse de un suceso impactante e inesperado (una ruptura, problema de salud, fallecimiento de un ser querido) o por una acumulación de estrés con el paso del tiempo (cuando vivimos coartando nuestras ilusiones por factores personales, laborales, una relación donde dependemos demasiado del otro y te olvidas de tu bienestar, etc.).

En ocasiones, este desánimo puede también deberse a una forma disfuncional de relacionarte con tu propio bienestar. Por ejemplo: ante periodos prolongados de rutina con objetivos claros (terminar la carrera, afrontar una oposición, etc.) podemos sentir una especie de vacío que nos lleva al desánimo cuando ya hemos alcanzado ese objetivo.

Este factor de desánimo está provocado, ante todo, por haber construido una forma de motivación extrínseca: nos acostumbramos a recibir bienestar de factores externos que a largo plazo no podemos controlar.

Realmente, no podemos controlar estos factores externos. La solución está en aprender a construir bienestar desde tus propios medios, favoreciendo una forma de motivación intrínseca, que dependa más de ti.

2. Reacción ante la ansiedad

Esta es la causa más común de desánimo. ¿Y qué tienen que ver la ansiedad con el desánimo? La ansiedad es un estado de miedo que se ha generalizado, un estado intenso y agotador, mientras que el desánimo está asociado a la tristeza, la desmotivación y el cansancio.

Ahí precisamente está la relación, y este es el motivo de lo muy frecuente que es el diagnóstico del cuadro “ansioso-depresivo”.

La ansiedad es un estado de alerta, vivir condicionados por un miedo que no hemos sabido gestionar a tiempo. La ansiedad nace de nuestra forma de respirar (de ahí que se sienta principalmente en el pecho), contagia nuestros pensamientos, acciones, y resulta totalmente agotador. Por este motivo surge el desánimo: como resultado de la ansiedad.

Vivir condicionados por la ansiedad durante demasiado tiempo es un proceso tan agotador que nuestro organismo tiende al desánimo para poder reducir la activación. De la misma forma que un estallido de ira o una discusión de pareja nos deja agotados, la ansiedad nos lleva al desánimo sin remedio.

Sin embargo, tratar el desánimo (mucho más si es a través de químicos) sin trabajar con el problema principal, como es la ansiedad, nos lleva a largo plazo a resultados nada halagüeños: el desánimo se normaliza y no podemos hacer el aprendizaje por nosotros mismos.

Así, la ansiedad es probablemente la primera causa y la más importante del desánimo. Plantéate: ¿cuándo comenzó a surgir tu desánimo? ¿Qué situaciones, interpretaciones o experiencias te llevaron a ello a través de la ansiedad?

3. La forma en la que afrontas y gestionas el desánimo

Sentir desánimo en ciertos momentos de nuestra vida forma parte de nuestra naturaleza humana. Vivimos experiencias agradables pero también momentos difíciles que no sabemos afrontar. En ocasiones, una sucesión de esos momentos o la reacción a la ansiedad puede llevarnos al desánimo.

Otro factor fundamental es cómo gestionas el desánimo. En función de tu percepción, acciones y gestión de la emoción, el desánimo puede intensificarse, durar más o menos tiempo o aumentar o disminuir su frecuencia.

Es algo típico que una persona que sufre ansiedad, por ejemplo, y está superando el problema, entienda como una especie de fracaso vivir una tarde o noche de ansiedad. No lo es en absoluto, sino que forma parte de un proceso natural.

De la misma forma, cuando nos aferramos al desánimo y nuestras acciones se dejan llevar por ese estado de ánimo, será mucho más difícil gestionarlo. Gestionar el desánimo no quiere decir que lo haces desaparecer, sino que lo entiendes, lo aceptas, y tomas acciones diferentes destinadas a mejorar tu estado de ánimo.

Este es un aprendizaje que te sirve para toda tu vida, ya que te hace consciente de tus emociones y sobre todo de cómo gestionarlas para que estén a tu favor en lugar de en tu contra.

Importante: intenta detectar si en tu día a día recurres con frecuencia a un estímulo externo para conseguir sentirte bien, como el móvil (necesitar constantemente mirar el móvil, ver programas de televisión…), fumar, atracones de comida, etc.

En este caso, estás utilizando esos factores externos como mecanismo de satisfacción y ánimo, pero que a su vez provocan más ansiedad y el posterior desánimo. Para que tu proceso de cambio funcione es necesario detectar cómo gestionas ahora tu estado de ánimo para que dependa principalmente de ti y lo tengas a tu favor.

A modo de conclusión

Habrás descubierto que en las tres causas hay algo en común: ante todo hablamos de emociones. Tanto el ánimo como el desánimo, el miedo, la inseguridad, la ansiedad, la ira, la frustración, la culpa, incluso la motivación, son estados que dependen de emociones.

Somos seres emocionales, siempre estamos emocionados, y por lo tanto la emoción influye en todos nuestros procesos. Tu forma de motivarte, de pensar, de decidir, de interpretar, de relacionarte, de comunicarte y de actuar están influenciadas no por tus emociones, sino por tu forma de entender y gestionar esas emociones.

Este es el motivo por el cual cualquier proceso de cambio personal se quedará cojo si no trabajas con tu gestión de emociones.

RECUPERADO DE: https://psicologiaymente.com/psicologia/causas-desanimo-profundo

Violencia obstétrica: qué es, características y ejemplos. Por Nahum Montagud Rubio

El embarazo, el parto y el puerperio son procesos que, mal gestionados, pueden provocar secuelas físicas y psicológicas a la mujer, siendo esto el motivo por el que la atención ginecológica y obstétrica que reciba durante ellos debe ser cuidadosa, respetuosa y enfocada en su salud y al de su hijo.

Si bien los profesionales del parto tienen conocimientos y práctica para poder ejercer correctamente su profesión, a veces se cometen errores que pueden perjudicar la salud de las mujeres y estos puede incurrir en lo que se ha denominado como violencia obstétrica.

Este término tiene su historia, pero ha ido viralizándose estos últimos días a raíz de la nueva reforma de la Ley del Aborto y las ampollas que ha levantado. Abordemos en profundidad qué implica este tipo de violencia y por qué está generando tanto debate.

¿Qué es la violencia obstétrica?

La violencia obstétrica es el conjunto de prácticas y conductas realizadas por profesionales en el ámbito de la salud que atienden a mujeres durante el embarazo, el parto y el puerperio, tanto en el ámbito público como en el privado, que por acción u omisión suponen algún grado de violencia hacia las usuarias.

Esta violencia puede ser física, en forma de actos no apropiados o no consensuados por la paciente, y psicológica, como por ejemplo tratar de forma paternalista y humillante a la usuaria.

De acuerdo con las asociaciones defensoras del término, la violencia obstétrica constituye una discriminación de género y supone la violación de los derechos humanos desde el enfoque de los derechos de la salud, sexuales y reproductivos de la mujer. Los comportamientos considerados como pertenecientes a este tipo de violencia se engloban dentro del trato deshumanizado, la medicalización injustificada y la patologización de los procesos naturales asociados al alumbramiento que pueden sufrir las mujeres en entornos hospitalarios.

El término “violencia obstétrica” ha ido convirtiéndose en un tema de mucha actualidad. El debate social en torno a este concepto y si se deben regular o no ciertos comportamientos en la atención clínica a las embarazadas como violencia obstétrica ha levantado ampollas tanto entre médicos como en asociaciones a favor de los derechos de la mujer y en contra de su discriminación.

Quienes defienden la existencia de la violencia obstétrica la clasifican como una violencia estructural e institucional que emana de una cultura patriarcal que afecta a diferentes ámbitos de la sociedad, incluyendo las ciencias médicas.

A pesar de que no se trata de una idea nueva, ha permanecido oculta e invisibilizada durante mucho tiempo y, a día de hoy, sigue siendo bastante desconocida, incluso por los propios profesionales de la salud, siendo todavía menos conocida dentro de las propias usuarias de los servicios de ginecología y obstetricia. Algunos estudios apuntan que más de la mitad de los y las profesionales de la salud no disponen de información suficiente sobre este tipo de comportamientos.

Un problema que no es nuevo, dirigido hacia embarazadas

A pesar de que el término se ha ido viralizando en los últimos días, este no es nada nuevo. De hecho, la primera vez que se usa el término “violencia obstétrica” apareció en el año 1827 en una publicación en inglés en “The Lancet” como crítica a las prácticas ampliamente extendidas de los paritorios de principios del siglo XIX. A medida que han ido pasando los años, cada vez más personas han ido tomando conciencia de la existencia de este tipo de violencia hasta el punto de realizarse investigaciones sobre el trato de las mujeres embarazadas en los servicios de salud.

Aunque con otros términos, este fenómeno ya fue denunciado durante la década de 1950 en los Estados Unidos y el Reino Unido y, en la de 1980, lo sería en Brasil bajo una perspectiva feminista. Ya entrando en el siglo XX, con la emergencia de nuevas asociaciones activistas como “El parto es nuestro” la idea ha empezado a ver luz y tomarse mayor concienciación sobre el problema. El activismo en contra de la violencia obstétrica está fuertemente motivado por el hecho de que experimentar un parto traumático es una experiencia que puede provocar secuelas físicas y psicológicas.

La Organización Mundial de la Salud emitió en el 2014 una declaración alertando sobre la falta de respeto que recibían muchas mujeres embarazadas en los centros de salud, siendo algo extendido a nivel mundial. Añadido a esto, insistía en la necesidad de erradicar estos comportamientos, que en la actualidad se considera una grave violación de los derechos de las mujeres, aun incluso cuando se da de forma totalmente inconsciente o la lleva a cabo una mujer ginecóloga. Todo esto motivó que, en el año 2019, la Organización de las Naciones Unidas (ONU) calificara a la violencia obstétrica como un fenómeno generalizado.

En el año 2020, el Comité para la Eliminación de la Discriminación Contra la Mujer de Naciones Unidas (CEDAW por sus siglas en inglés) condenó a España a indemnizar a una mujer que denunció haber sufrido este tipo de violencia. El comité consideró como procedimientos innecesarios la decena de tactos vaginales, la inducción con oxitocina (hormona para acelerar las contracciones del parto) y la episiotomía (incisión en el tejido entre el ano y la vagina) a los que fue sometida la usuaria sin su consentimiento explícito, propios de un caso de violencia obstétrica.

Las mujeres que aseguran haber sido víctimas de este tipo de violencia sienten como algunos profesionales médicos hacen con ellas lo que quieren, como si el cuerpo no les perteneciera. Denuncian que, desde que se quedan embarazadas, las mujeres pierden el derecho sobre su propio cuerpo y que se justifica el uso de cualquier práctica médica, por muy dolorosa y humillante que pueda ser, usándose como argumento que todo se vale por el simple hecho de salvar al “producto”, esto es, el feto. Además, critican que casi nadie les informe adecuadamente de los procedimientos y que se convierten en “úteros con patas”.

Ejemplos de violencia obstétrica

El activismo a favor de la eliminación de este tipo de violencia considera que la violencia obstétrica se da en forma de comportamientos generalizados en la atención de mujeres embarazadas, como los siguientes:

  • No atender eficazmente ni a tiempo las emergencias obstétricas.
  • Obligar a la mujer a parir en una posición incómoda habiendo otras alternativas.
  • Impedir el apego precoz del bebé con su madre cuando no hay causa justificada.
  • Negar cargar y amamantar al bebé recién nacido sin tener urgencia médica.
  • Usar técnicas de aceleración del parto sin el consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Alterar el proceso natural del parto de bajo riesgo.
  • Practicar cesáreas sin consentimiento voluntario, expreso e informado de la mujer.
  • Insistir en practicar una cesárea aun pudiendo practicarse un parto natural.
  • Dar a la usuaria un trato infantil, autoritario, paternalista, humillante, despectivo, con insultos verbales y vejaciones.

Algunos ejemplos usuales en la atención de las mujeres embarazadas que se pueden considerar como violencia obstétrica son:

  • Tactos vaginales realizados por más de una persona.
  • Episiotomía, uso de fórceps y maniobra de Kristeller como prácticas rutinarias.
  • Raspaje del útero sin anestesia.
  • Cesárea sin verdadera justificación médica.
  • Suministro de medicación abusiva e innecesaria para el parto en concreto.

¿Por qué se da y por qué no se conoce?

El activismo en contra de la violencia obstétrica insiste que su denuncia no debe verse como una movilización en contra de la práctica profesional de los sanitarios, sino como una acción para concienciar sobre una mala praxis muy extendida, tanto de forma accidental como voluntaria.

Este fenómeno es un problema que parece ser bastante común, habiendo voces que sostienen que entre el 30 y 50% de las mujeres del mundo han sufrido violencia obstétrica de una u otra manera, sintiéndose humilladas y vejadas en alguna ocasión cuando han visitado a su ginecólogo o durante el parto.

Hay quienes consideran que el motivo por el que se haya empezado a tomar conciencia hace tan poco es porque se trata de un tipo de violencia de carácter simbólico y normalizada incluso entre las mujeres embarazadas.

Hay mujeres que no se atreven a denunciarlo por miedo a que sean tildadas de exageradas o que se les diga que realmente quien habla son sus hormonas. Añadido a esto, pocas son las mujeres debidamente informadas sobre sus derechos reproductivos, creyendo muchas de ellas que es normal ser sometida a procedimientos médicos desagradables sin dar su consentimiento explícito.

En cuanto a la comunidad sanitaria, uno de los motivos que se ha usado para explicar por qué los profesionales del parto incurren en comportamientos propios de la violencia obstétrica tiene que ver con el síndrome de burnout o desgaste profesional. Estos mismos profesionales pueden tener unos niveles de estrés y cansancio muy altos, tanto que llegue un momento en el que se frustran con su trabajo, trabajan de forma más mecánica y deshumanizan a las pacientes, afectando a la relación médico-paciente.

Otra de las causas que explicaría por qué la comunidad sanitaria no parece ser consciente de este problema es que no recibe la debida formación e información sobre este tipo de comportamientos, además de no disponer de las herramientas necesarias para detectar ni gestionar las prácticas irrespetuosas para con las mujeres embarazadas, de parto y en el puerperio.

A pesar de no haber intención en cometer daño alguno hacia la mujer, el cansancio motiva querer usar técnicas que agilicen el alumbramiento y, aunque seguras, pueden suponer un gran malestar psicológico y físico a la mujer de parto.

El debate en España

El debate está muy activo en España en estos momentos, debido a que el Ministerio de Igualdad anunció su intención de incluir a la violencia obstétrica como delito en la reforma de la Ley del Aborto (modificación de la Ley Orgánica 2/2010), incluyéndola además como un subtipo de violencia machista. A pesar de las buenas intenciones detrás de la medida, esta es rechazada por ginecólogos, tanto hombres como mujeres, puesto que se teme que con ella se criminalice su profesión, además de que podría romper la relación médico-paciente y la confianza de las mujeres embarazadas en la ginecología y la obstetricia.

Los ginecólogos consideran que la mala praxis en los partos son negligencias más, que deben ser debidamente investigadas y penalizadas en caso de darse, al igual que con cualquier mala acción de un sanitario de cualquiera otra rama de las ciencias médicas. En este caso en concreto, la comunidad ginecológica considera que no se deben confundir con la violencia sexista las negligencias en el parto, tal y cómo lo expresó recientemente el Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) o la Unión Profesional de Médicos de Ejercicio Libre (Unipromel).

Cabe mencionar que, aunque crítica con la idea de violencia obstétrica, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO) considera fundamental escuchar a las mujeres y sus parejas, facilitarles su participación en las políticas de salud y reclamar los medios suficientes a la administración sanitaria para mejorar su trato. Además, valoran también la necesidad de denunciar las carencias del sistema que, una vez suplidas, facilitará proporcionar una atención respetuosa con la maternidad, enfocada en conseguir el nacimiento del bebé lo más sano posible y hacer que sea una experiencia positiva para la madre.

TOMADO DE: https://psicologiaymente.com/social/violencia-obstetrica

¿Cómo cambiar nuestra creencias? Por Sandra Montejano

Para finalizar esta serie de artículos sobre los modelos de realidad, hablaremos del proceso de cambio de creencias, de cambio de esos modelos de realidad, para hacerlos más eficaces y que nos permitan sentirnos mejor e interactuar de forma efectiva con las situaciones.

A modo recordatorio, hagamos un somero repaso a los cuatro anteriores artículos: 

En el primer artículo de esta serie definíamos los modelos de realidadcomo el estado de la mente en el que una persona supone verdadero el conocimiento o la experiencia que tiene acerca de un suceso o cosa, o lo que es lo mismo, el conocimiento personal que cada uno de nosotros tenemos sobre los demás, sobre el futuro, sobre nosotros mismos y sobre el mundo y la mejor manera de interactuar con nuestro entorno y lo que hay en el.

En el segundo artículo de la serie exponíamos como vamos creando modelos de realidad a lo largo de toda nuestra vida a través de las conclusiones que extraemos de nuestras propias experiencias y de otras informaciones de las que extraemos conclusiones, ya sean cosas que nos han contado, lo que hemos observado en otros, o el aprendizaje social.

En el tercer artículo hablábamos de las hipótesis y como las elaboramos para pasar en el siguiente artículo a exponer los problemas de los modelos de realidad y como estos nos dificultan interactuar de forma eficaz con las situaciones a las que tenemos que hacer frente.

Cambiar las creencias.

Cambiar las creencias que tenemos sobre el mundo, sobre nosotros mismos y sobre los demás no es una tarea fácil, fundamentalmente porque no somos conscientes de cuales son esas creencias que tenemos que determinan nuestra manera de interactuar con el entorno. Pero lo que si sabemos es que cuando nos sentimos mal, sentimos que algo nos hace daño o que sufrimos en alguna situación entonces es muy posible que las creencias por las cuales interpretamos esa situación sean disfuncionales. 

Es en esos casos en los que podemos poner en marcha el cambio de creencias.

Para ello podremos seguir los siguientes pasos.

Apertura mental.

Por lo que la primera acción que debemos emprender para el cambio, es estar abierto a reescribir nuestros libros de instrucciones dándole otro significado a las cosas que se explican en ellos. Para ello es importante entender e interiorizar que los libros de instrucciones que usamos para explicarnos lo que ocurre a nuestro alrededor son hipótesis que estamos considerando válidas, pero que son sólo eso hipótesis y que por tanto no son leyes escritas en piedra.

Cuando asumimos que nuestra manera de ver las cosas, de sentirlas e interpretarlas son posibles explicaciones que aunque para nosotros tengan sentido no tienen porque ser ciertas y verdaderas es cuando nos abrimos al cambio de creencias.

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Búsqueda de  nuevas hipótesis.

Cuando estamos abiertos al cambio y hemos interiorizado que nuestra manera de entender las cosas no tiene porque ser infalible, es el momento de buscar otras hipótesis que también nos expliquen las cosas que sentimos, que percibimos o que pensamos. Para ello una buena pregunta que nos podemos hacer es ¿hay otras posibles explicaciones para lo que está pasando?, ¿si alguien estuviera en la misma situación que yo llegaría a las mismas conclusiones?. Incluso podemos preguntar a personas de nuestra confianza como interpretarían las cosas y a que conclusiones llegarían en la misma situación.

Validación de nuevas hipótesis. 

Cuando tenemos nuevas hipótesis, el trabajo a realizar será el verificar su veracidad. Es decir, buscar pruebas que validen la nueva hipótesis para que sustituya a la anterior. Para ello podemos apoyarnos en las siguientes estrategias:

Analizar los resultados obtenidos por las personas que se rigen por la hipótesis que quieres validar.Por ejemplo, si tu hipótesis de partida es que “si te niegas a hacer cualquier cosa que te piden los demás se enfadarán contigo y dejarán de apreciarte” y quieres cambiar tu creencia a “si te niegas a hacer las cosas que te piden los demás no se enfadarán y yo viviré menos presionado”, sería conveniente buscar personas que se den el derecho a “decir no” y ver como esto afecta a sus relaciones. Seguramente compruebes que se sienten mejor consigo mismos y sus relaciones personales siguen siendo igualmente satisfactorias.
Experimentar la nueva hipótesis.La estrategia más potente para cambiar creencias es la experimentación personal de la nueva hipótesis. Podemos hablar de “experiencias emocionales correctivas” cuando experimentamos en primera persona las nuevas hipótesis, lo cual hace que nuestro modelo de realidad cambie mucho más rápido.Por ejemplo para poder asimilar de forma rápida la nueva creencia “si te niegas a hacer las cosas que te piden los demás no se enfadarán y yo viviré menos presionado”, ponla a prueba, si alguien te pide algo que no te apetece hacer o no puedes hacer, comunícaselo asertivamente y comprueba los resultados. Te darás cuenta de que tu nueva hipótesis es válida y que los resultados son positivos.

Conclusiones.

Los modelos de realidad son marcos que determinan nuestras actuaciones e interacciones con el mundo que nos rodea y nuestra manera de sentirnos respecto a él. 

Cuando nos sentimos ansiosos, deprimidos, frustrados, iracundos, etc de forma generalizada hay algo en nuestro modelo de realidad que es disfuncional. Cambiarlo nos permite sentirnos mejor y desarrollar estrategias eficaces para conseguir nuestros objetivos. 

Recuperado de: https://www.psicoglobal.com/blog/como-cambiar-nuestras-creencias

Ataque de Pánico [parte 2] Por Sandra Montejano

El trastorno de pánico, se caracteriza por la aparición de ataques de ansiedad o crisis de pánico, en las que se experimenta una sensación de terror con la sensación de una muerte inminente.

¿Cómo trata un psicólogo el trastorno de pánico?.

Hay diferentes estrategias para tratar el trastorno de angustia, dependiendo de la orientación que tenga el profesional. Ahora bien, el tratamiento más eficaz desde el punto de vista psicológico es el cognitivo conductual.

Desde este marco terapéutico, En PsicoGlobal establecemos diferentes objetivos a alcanzar a través de los cuales diseñamos la terapia.

Primer objetivo: Psicoeducación.

En esta fase buscamos que la persona entienda cual es su situación, que conozca el trastorno, porqué se da, qué circunstancias hace que se mantenga. Además trabajamos para que se familiarice con diferentes términos que utilizaremos a lo largo de la terapia y se responden y disipan todas las dudas que tenga la persona respecto al problema.

Segundo objetivo: Relajación.

Todos los trastornos de ansiedad conllevan una alta activación corporal, taquicardias, opresión en el pecho, dificultad respiratoria etc. Pero en el trastornos de pánico esta activación es extrema. De ahí que entrenar en relajación como respuesta opuesta a la ansiedad ayuda al control de estos síntomas. Las técnicas de respiración profunda o de relajación física progresivas son las más eficaces a la hora de controlar la activación fisiológica.

Tercer objetivo: Reestructuración.

Cuando una persona padece pánico, tiene pensamientos catastrofistas sobre lo que esta ocurriendo. Interpreta sus signos de ansiedad, como una verdadera amenaza a su vida, piensa que efectivamente va a morir o que lo que le está pasando es muy grave. Nada más lejos de la realidad, la ansiedad es muy incómoda y molesta pero no es peligrosa. Por tanto enseñar a hacer una correcta atribución de los síntomas de ansiedad, reencuadrarlos y gestionar los pensamientos catastróficos que aparecen antes y durante de un ataque de ansiedad, es fundamental para el control de la misma y por tanto una pieza fundamental de la terapia.

Cuarto objetivo: Exposición.

Para la persona que sufre pánico, los estímulos que activan la ansiedad son estímulos internos. Centra su atención en su corazón, en su respiración, en su tensión corporal, son conscientes de la reacciones de su cuerpo, que como decíamos antes, atribuyen a una causa peligrosa con consecuencias catastróficas.

La exposición a estos estímulos internos pretende por un lado darnos el control sobre nuestras propias reacciones corporales y por otro, habituarnos a los estímulos sin que se desate el ataque de pánico.

Una vez conseguidos estos objetivos y conseguido el control del pánico, las siguientes sesiones se centrarán en la prevención de recaídas, dando por finalizada la terapia.

Recuperado de: https://www.psicoglobal.com/blog/ataque-panico-parte2

Ataque de pánico [parte 1] Por Sandra Montejano

La ansiedad es uno de los trastornos psicológicos más extendidos hoy en día. Se estima que hasta un 20% de la población española puede padecer alguno de los trastornos de ansiedad a lo largo de su vida en cualquiera de sus manifestaciones: ansiedad generalizadapánicofobiastrastorno obsesivo compulsivoagorafobia o estrés postraumático.

 En cuanto al trastorno de pánico se estima que un 1% de la población española lo padece, aunque estudios revelan que este trastorno puede estar subdiagnosticado, por lo que podrían ser muchos más casos.

Se estima que un 20% de la población española padecerá un trastorno de ansiedad a lo largo de su vida, de los que un 1% padecerá el trastorno de pánico.

Ataque de Pánico

El trastorno de pánico, se caracteriza por la aparición de ataques de ansiedad o crisis de pánico, en las que se experimenta una sensación de terror con la sensación de una muerte inminente.

Padecer estas sensaciones es desagradable en extremo por lo que la persona que lo sufre, tiende a evitar aquellas situaciones susceptibles de propiciar un nuevo ataque, esta evitación es lo que llamamos agorafobia.

Así, la persona va a reduciendo sus actividades, deja de hacer deporte, deja de ir a lugares donde se siente atrapado… llegando incluso a recluirse en casa, único lugar donde se siente seguro. Al fin y al cabo se busca la protección y la seguridad, evitando estas situaciones, se evita el miedo a volver a padecer miedo.

 ¿Cuándo acudir al psicólogo en busca de ayuda?.

Si padeces ataques de ansiedad y tienes persistente preocupación por tener nuevos ataques o estás preocupado/a por las implicaciones de los ataques o por sus consecuencias como perder el control, sufrir un ataque al corazón, “perder la cabeza”, quizás sea el momento adecuado para pedir ayuda profesional para que valore tu situación.

En muchas ocasiones nos encontramos en la consulta, personas que tienen un trastorno de pánico de larga duración, llevan muchos años padeciéndolos y lo han “normalizado” dentro de su rutina habitual. Cuando se da esta situación el tratamiento es más complicado y lento ya que el proceso está muy instaurado como patrón de conducta.

Por el contrario, hay personas que acuden cuando el trastorno es incipiente, pues han padecido pocos ataques de ansiedad, por lo que normalmente el tratamiento es mucho más rápido y eficaz. En este contexto se necesitan menos sesiones para la total recuperación y el índice de recaídas es menor.

Recuperado de: https://www.psicoglobal.com/blog/ataque-panico-parte1

¿Puede afectar la autoestima a la adicción?

Tal vez te hayas preguntado alguna vez si, en realidad, cómo te ves a ti mismo puede influir de alguna forma en la posibilidad de desarrollar una adicción, ya sea a una sustancia o a un comportamiento. De eso es de lo que vamos a hablar en este artículo.

Es necesario señalar, aunque es algo que ya hemos indicado en otros artículos anteriores, que en el desarrollo de una dependencia puede haber una gran cantidad de factores que influyen en ello, y sí, la autoestima, la forma en la que nos percibimos nosotros mismos, es uno de esos factores determinantes. Así pues, veamos cómo interactúan las adicciones y la autoestima.

¿Por qué es tan importante la autoestima como factor en el desarrollo de las adicciones?

Podemos decir que la autoestima es la percepción que tiene el individuo de su propio valor. Se ha descrito como una”evaluación emocional y cognitiva de uno mismo como ser humano”. Este elemento es fundamental, porque directamente influye en cómo se sienten y se perciben a sí mismas las personas, pero también influye en cómo actúan con los demás.

Es más fácil que las personas que tienen un nivel aceptable de autoestimas se sientan mucho mejor en todos los ámbitos de su vida. También es importante indicar que la estima que alguien tenga de sí mismo tiene mucho que con sus experiencias y sus vivencias, y a que no es lo mismo haber pasado por situaciones negativas que no haberlo hecho. Esto puede ocasionar culpa y otros sentimientos que puede hacer autopercibirte de una manera que no es real y que puede acabar lastimándote.

Lo realmente negativo de todo esto es que, si esa mala autoestima se prolonga demasiado, puede llevar al desarrollo de una adicción que te haga sentir mejor.

Autoestima y trastornos adictivos

La autoestima es algo fundamental

El no percibirnos positivamente influye en todos los ámbitos de nuestra vida. Todo lo que hacemos, pensamos y decimos está mal, nada puede ir bien porque no podemos hacer nada bien. No lo podemos evitar, es como nos sentimos, y por lo tanto, actuamos en consecuencia.

Por poner un ejemplo, en el caso de que un chico vive en un entorno en el que siempre, por mucho que se esfuerce, se le dice que no hace nada bien, durante muchos años va a escucharlo. Ese bombardeo continuo hará que tarde o temprano acabe interiorizando la idea de que es verdad, que no hace nada bien, y poco a poco y sin él mismo quererlo, va adaptando su comportamiento a esa creencia que, para él, es un absoluto.

Adicciones y autoestima: ¿cuál es la relación?

La autoestima se puede lograr a corto plazo a través de la validación externa, lo que puede resultar en una falta de motivación y una menor autoestima. Por otro lado, otros creen que una alta autoestima conduce a la independencia y la confianza que son necesarias para una salud mental positiva.

Es importante notar que no siempre podemos controlar cómo nuestras acciones impactan en nuestro sentido de la identidad. La relación entre adicciones o comportamientos negativos como el abuso de sustancias y la baja autoestima se ha estudiado durante mucho tiempo, y hay, como hemos dicho antes, muchos factores involucrados en esta relación, como el entorno, la genética, las experiencias pasadas, los entornos sociales… Parece plausible que estos factores puedan contribuir a que algunas personas desarrollen adicciones.

Realmente, esta es la pescadilla que se muerde la cola, un círculo vicioso en el que un aspecto se alimenta del otro: cuando no te valoras a ti mismo, buscas una manera de aliviar todo el malestar que te genera. Eso lo haces con el alcohol, las drogas o cualquier otro objeto adictivo, pero, por otro lado, cuando consumes, te sientes mal porque lo estás haciendo, y de nuevo, estás en el punto de partida.

Cómo una adicción puede afectar la mente y el cuerpo

La adicción es un término que se refiere a cualquier tipo de comportamiento o sustancia que un individuo usa para satisfacer una necesidad psicológica o fisiológica. Aunque no siempre conduce a la adicción física, puede causar dependencia mental y emocional de la sustancia o comportamiento adicto, lo que lleva a consecuencias para la salud a largo plazo.

El cerebro se ve afectado por la adicción de muchas formas diferentes, lo que puede provocar problemas de salud, como ansiedad, depresión e incluso intentos de suicidio.

Fromm Bienestar es un centro de salud ubicado en Mairena del Aljarafe (Sevilla) y especializado en los procesos de desintoxicación y tratamiento de adicciones, así como en la atención psicológica a pacientes y familias. En sus instalaciones trabaja un equipo de profesionales del ámbito de la psicología y las actividades físicas que permite mejorar en un entorno tranquilo y en el que resulta fácil expresarse.

Recuperado de: https://psicologiaymente.com/drogas/puede-afectar-autoestima-adiccion

Cómo se manifiesta la ansiedad en el cuerpo. Por: Raque Rodriguez

La ansiedad es algo que sufren personas alrededor de todo el mundo. En España, la prevalencia de este trastorno es elevada, ya que 9 de cada 10 personas manifiestan haber sufrido estrés alguna vez y 4 de cada 10 lo ha sentido de manera frecuente (Infocop, 2018). Unas cifras que, sin lugar a duda, son bastante elevadas.

Para poder ser diagnosticada de manera correcta es importante que la población conozca qué es la ansiedad, cómo se manifiesta en el cuerpo, en qué trastornos se producen estos síntomas físicos y qué tipos de tratamiento existen.

¿Qué es la ansiedad?

Como ya hemos comentado en otros artículos dedicados a la ansiedad, la ansiedad es una reacción que se produce en el ser humano y que todo el mundo experimenta. Cuando hay un peligro o una amenaza nuestro cuerpo se prepara para dar respuesta. Esta respuesta es fruto de la ansiedad por lo que podríamos decir que, en ocasiones, es un mecanismo de protección.

Sin embargo, a veces nos activamos o preparamos para dar respuesta sin que exista un estímulo o una amenaza o nos activamos mucho más de lo que corresponde. En estos casos estaríamos hablando de una ansiedad patológica porque no es funcional. Al activarnos sin motivo o al activarnos en exceso nos generamos angustia y otro tipo de reacciones desfavorables e inoportunas.

La ansiedad en estos casos puede provocar diferentes tipos de reacciones: fisiológicas, cognitivo emocionales o conductuales. En el artículo de hoy nos vamos a centrar en las primeras, en las fisiológicas o las que se manifiestan en el cuerpo.

¿Cuáles son los síntomas físicos de la ansiedad?

Es importante tener en cuenta que para poder reconocer la ansiedad es importante conocer cómo se manifiesta en nuestro cuerpo. Según la Asociación Americana de Psiquiatría (APA, 2013) las manifestaciones corporales podrían ser las siguientes:

  • Aumento de los latidos del corazón
  • Sudores
  • Temblores u hormigueos
  • Sensación de que nos falta el aire o ahogo
  • Dolor en el pecho o tórax
  • Malestar en el estómago o abdomen
  • Mareos o inestabilidad
  • Escalofríos

Además, otras investigaciones también añaden a estos síntomas los siguientes: agitacióntensión en diferentes músculos del cuerpo, cansanciodolores de cabeza y/o problemas al orinar (dolor o aumento de la frecuencia).

¿En qué trastornos se producen con más frecuencia los síntomas físicos?

Lo cierto es que los síntomas físicos pueden producirse en cualquiera de los trastornos de ansiedad. Sin embargo, pueden ser más frecuentes o cobrar más importancia en los siguientes:

  • Fobias específicas. En este las reacciones del cuerpo hacen que la persona pueda incluso llegar a marearse ante, por ejemplo, la presencia de una aguja.
  • Trastorno de ansiedad social. Uno de los síntomas de este trastorno es que las personas afectadas tienen miedo a que el resto de personas puedan ver que manifiestan síntomas. Estos síntomas suelen ser: temblores, sudores, rubor facial, etc. En otras palabras, los síntomas corporales.
  • Trastorno de pánico. La mayoría de los síntomas del trastorno de pánico suelen ser físicos. Como, por ejemplo: palpitaciones, sensación de que falta el aire, dolor de estómago, inestabilidad o incluso mareos que pueden derivar en un mareo con pérdida de conocimiento.

Además de en estos trastornos de ansiedad, también pueden estar presentes en otros trastornos como: trastorno de síntomas somáticos, trastorno de ansiedad por enfermedad, trastorno obsesivo compulsivo (TOC), etc.

Tratamientos para la ansiedad

Existen diferentes tratamientos para los síntomas físicos de la ansiedad. Se debe tener en cuenta que, en muchos casos, los síntomas físicos vienen después de los cognitivos o emocionales. Por ello, es importante realizar un abordaje completo.

Los más eficaces, según diferentes guías clínicas, son los siguientes:

Tratamiento farmacológico

Los medicamentos más utilizados suelen ser los siguientes:

  • Antidepresivos de tipo ISRS (inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina) como: Paroxetina, Sertralina, Escitalopram o similares.
  • Benzodiacepinas de acción corta (Alprazolam, Clotiazepam, Lorazepam, Lormetazepam, Triazolam, Zolpidem y Zopiclona) o acción larga (Bronacepam, Clorazepato dipotásico, Diazepam, Flunitrazepam, Flurazepam y Halazepam).

Tal y como comenta de la Mata (2005) el uso excesivo de estos medicamentos puede hacer que se medique en exceso a personas que no lo necesitan. Además, en muchos casos, si no se siguen las pautas indicadas las benzodiacepinas pueden tener efectos adversos como: dependencia al fármaco, deterioro cognitivo, etc. (Markota, Rummans, Bostwick y Lapid, 2016).

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Tratamiento en terapia psicológica

Dentro de la terapia psicológica la que más respaldo tiene y más eficaz ha demostrado ser es la Terapia Cognitivo Conductual (TCC). Las técnicas más utilizadas y eficaces son las que explicamos en este apartado:

  • Psicoeducación. Es importante conocer qué es la ansiedad, cómo se manifiesta, qué mecanismos la operan y mantienen, cuáles son los tratamientos, etc. para poder hacerle frente.
  • Relajación. La Relajación Progresiva Muscular de Jacobson es muy conocida y, si se practica de manera constante, puede ser muy eficaz.
  • Respiración. Llevar un correcto control de la respiración es esencial para que el cuerpo reciba el oxígeno necesario para funcionar de manera correcta. Las respiraciones son muy útiles porque rebajan los síntomas físicos, pero al tener que llevar el control de las veces que se respira puede hacer que la gente se abstraiga dejando de lado también los síntomas psicológicos. Existen diferentes tipos de respiración: profunda, contada, intercostal, abdominal, alternada, etc.
  • Meditación. En los últimos tiempos han aparecido diferentes programas de meditación. Como en el caso de la respiración o la relajación, lo que se pretende es relajar el cuerpo a nivel físico y controlar el pensamiento.
  • Reestructuración cognitiva. Con el objetivo de modificar los pensamientos que nos hacen daño y pueden dar lugar a los síntomas físicos de la ansiedad, también se puede utilizar la reestructuración cognitiva para generar pensamientos alternativos más funcionales y saludables.

Aunque las anteriores son las más conocidas, tal y como vimos en el artículo sobre técnicas de relajación para el control de los ataques de pánico hay muchas más: yoga, relajación diferencial, imaginación de escenas relajantes, etc.

Es importante tener en cuenta también que, en muchas ocasiones, la TCC y la terapia farmacológica se utilizan de manera conjunta. Todo ello dependerá de cada caso.

En el caso de que estés teniendo ansiedad y no puedas controlarla te recomendamos que realices terapia online, ya que tiene muchas ventajas y puede ayudarte a llevar una vida más relajada.

Conclusiones

La ansiedad es algo que está presente en la vida de muchas personas.Por eso, es importante saber lo que es y ver cómo se manifiesta en nuestro cuerpo para poder identificarla y ponerle solución. Algunos de los síntomas físicos más comunes son: temblores, mareos, problemas estomacales, sudores, etc. y están presente en muchos trastornos mentales. Para poder mitigarlos existen diferentes tipos de terapia siendo las más usadas la farmacológica y la Terapia Cognitivo Conductual (TCC).